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Ciudad Posible
Por Onésimo Flores
Fundador de Jetty, la plataforma de transporte colectivo privado en la CDMX. Maestro en Política... Fundador de Jetty, la plataforma de transporte colectivo privado en la CDMX. Maestro en Políticas Públicas y Doctor en Planificación y Estudios Urbanos. (Leer más)
Las manos en los bolsillos
Por Onésimo Flores
12 de enero, 2012
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En los últimos meses los medios ventilaron sonados casos de corrupción. El Gobernador de Illinois fue a la cárcel por intentar vender el escaño que Barak Obama dejó vacante en el Senado. El ex Presidente francés Jacques Chirac fue sentenciado a dos años de prisión por autorizar pagos a 21 aviadores que hacían trabajo partidista. El Rey de España utilizó su tradicional mensaje navideño para deslindarse del tráfico de influencias de su yerno. Y en Brasil, la Presidenta Rousseff destituyó a 6 ministros del gabinete por escándalos que van desde cobrar “comisiones” para obtener contratos, hasta utilizar viáticos para enviar a familiares a Europa.

La corrupción existe en todos lados. Lo que varía es la tolerancia ante la deshonestidad, quizá infinitamente superior en México. Comparado con lo sucedido en Coahuila, por ejemplo, los $3 millones de dólares que se embolsó el yerno del Rey de España parecen minucias y los 21 aviadores que ponen en tela de juicio el legado del Presidente Francés dan ternura. ¿Cuántos aviadores había en la nómina gubernamental, si hoy algunas dependencias operan sin problema a pesar de sufrir recortes mayores al 50% de su presupuesto? ¿Cuánto dinero malgastó o distrajo la administración anterior en el Mega-distribuidor Vial “El Sarape” de Saltillo, si costó casi lo mismo que el “El Baluarte”, el puente atirantado más alto del mundo?  ¿Cuántos ministros del nuevo Gobierno de Coahuila serían destituidos en lugar de ser ratificados si el gobernador entrante utilizara los estándares de Dilma Rousseff?

El análisis sobre la deuda de Coahuila se ha concentrado fundamentalmente en la manera en que fueron contratados los créditos. Mucho hay que decir al respecto, pero ese asunto representa solo la punta del iceberg. Más que el origen de la deuda, preocupa su destino. Hay miles de millones de pesos ejercidos sin justificación, y sin embargo el Secretario de Finanzas fue ratificado y el entonces Contralor continúa en la nómina. El titular del SATEC, presunto arquitecto del fraude, escapó gracias a una fianza de risa impuesta por el sistema de justicia local, ¡llevándose un bono de marcha por buen desempeño! ¡Y nadie ha llamado a cuentas al ex Gobernador Humberto Moreira! Seamos claros: Sin una investigación clara, transparente e independiente, crecerán las sospechas de que el dinero de la deuda financió a la maquinaria electoral que arrasó en las elecciones.

Hace días platiqué con uno de los más grandes periodistas que ha dado Coahuila. Discutimos sobre las balaceras, sobre el desfalco a las finanzas de Coahuila y sobre el asombroso control político que concentra una familia en nuestro Estado. Yo atacaba con argumentos técnicos, y el defendía utilizando el corazón. Yo describía hechos, el recordaba anécdotas. Acordamos un empate. Su amistad personal con los protagonistas de esta historia, producto de una prolífica y respetable carrera, lo ha blindado frente críticas como la mía. Ningún argumento podría convencerlo de variar su posición (resumida aquí y aquí).

Sin embargo, retumba en mi mente una frase utilizada por el periodista durante nuestra conversación. En su profunda erudición, rescató un comentario del ex Presidente Adolfo López Mateos, que pretende describir a los mexicanos:

“En México todos tenemos la mano metida en el bolsillo de otro mexicano, ¡y hay de aquel que rompa esta cadena!”.

La primera parte de esta frase es difícil de cuestionar. En una sociedad donde reina la mordida, el cochupo y el chayote, todos nos beneficiamos, y todos tenemos parte de la culpa. Pero al asumir que la corrupción es parte inherente de nuestra identidad, debilitamos nuestra capacidad de prevenir y corregir errores. Roban un poco, nadie dice nada, y entonces roban más. Tal circulo vicioso explica lo que ocurrió en Coahuila.

En cambio en España, Francia, Estados Unidos y Brasil, la menor provocación es suficiente para desatar las tormentas previstas por López Mateos. Ni la popularidad, ni los vínculos familiares ni el peso político son argumentos para dejar de investigar a quien abusa del presupuesto público. Las autoridades prefieren proteger el prestigio de las instituciones y se deslindan de correligionarios y subalternos, pues como bien advertía Don Miguel de Unamuno,

“A veces, quedarse callado equivale a mentir, porque el silencio puede ser interpretado como aquiescencia”.

¿Se pueden imaginar al Rey de España premiando a su yerno? ¿Se imaginan a la Presidenta de Brasil impulsando a alguno de sus ministros acusado de corrupción para el cargo de Senador? Es cierto que hay importantes diferencias de contexto, ¿pero por qué lo que allá sería inaudito acá es aceptable? (cof, cof…)

Quizá indignarse frente a la corrupción sea una tarea reservada para ingenuos e idealistas. Pero lo que queda claro, a la luz de lo observado en Coahuila, es que cuando todos tenemos las manos metidas en los bolsillos ajenos, nadie puede amortiguar el golpe cuando juntos caemos de hocico.

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