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Ciudad Posible
Por Onésimo Flores
Fundador de Jetty, la plataforma de transporte colectivo privado en la CDMX. Maestro en Política... Fundador de Jetty, la plataforma de transporte colectivo privado en la CDMX. Maestro en Políticas Públicas y Doctor en Planificación y Estudios Urbanos. (Leer más)
¿Mejor para quién?
Por Onésimo Flores
23 de junio, 2011
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Hace varios años que te están robando. De a poco, de a mucho, unas veces guardando las formas y otras no tanto. Ocasionalmente te regresan algo de lo que es tuyo, y lo agradeces con gusto. Lo agradeces tanto, que de pronto te acostumbras a aplaudir y te olvidas de hacer cuentas. “Antes no nos regresaban nada”, afirmas resignado. “Al menos ahora no se llevan todo”, contesta tu vecino. Pero te siguen robando, incluso mientras los miras a los ojos y les dices gracias. Uno para ti, uno para mí. Uno para ti, dos para mí. Y agarran confianza. Uno para ti, tres para nosotros. Total, nadie dice nada. Total, los demás aplauden y sonríen.

¿Cuánto han invertido en esta obra? “Mucho”. Sí, ¿pero cuánto? “Mucho”. ¿Quién recibió los beneficios de aquel programa? “Miles”. Sí, ¿pero quiénes? “Miles”. ¿A quién asignaron el contrato? “Al mejor”. Sí, ¿pero a quién y por qué? “Al mejor porque es el mejor”. Hasta ahí llegan las respuestas. Prendes la televisión y los datos coinciden. “Se invirtió mucho en obra”, “miles se beneficiaron”, “lo hizo el mejor”. Revisas los periódicos y parece competencia de trompetas. Los detalles se obvian, las preguntas se archivan. Creer se convierte en un estilo de vida. Cuestionar al gobernante es herejía, una actividad reservada para “intereses perversos”. ¿Y por qué pensar mal, si quienes toman las decisiones son ellos, quienes te miran a los ojos?

Platicas primero con los convencidos. Con quienes aplauden y sonríen más que tú. Con los que nunca preguntan. Quizá aplauden porque son de los muchos a quienes no solamente les regalaron algo, sino que además les prometieron todo. Quizá sonríen porque simplemente son buenas personas, demasiado ocupadas como para jugar a ser activistas, o demasiado crédulas como para cuestionar lo que ellos nos dicen.

También platicas con los pragmáticos. Con aquellos que tienen la malicia suficiente para darse cuenta de lo que pasa, pero que tras contar sus canicas prefieren callar. Quizá creen que su carrera o patrimonio depende de ello. Quizá no tengan alma de Quijote. Quizá están, según ellos, librando la batalla desde adentro.

Tanto convencidos como pragmáticos transpiran tanta confianza que te hacen dudar. Los primeros están seguros de que todo se ha hecho absolutamente bien, que nadie ha robado nada, y que sólo ellos pueden darnos más. Los segundos dejan hacer y dejan pasar, explicando que los errores y excesos son minúsculos comparados con los resultados. Aceptan que nos roben, siempre y cuando no se manchen. Su discurso converge. “¿Qué no entiendes que con nuestro dinero hicieron mucho por miles? Mira a toda esa gente, mira cómo aplaude y sonríe, mira cómo se vuelca en apoyo”. Con esa facilidad transforman el síntoma del engaño en su principal argumento.

Caminas pensativo. Haces cuentas. Lo que ingresa menos lo que se gasta. No te cuadra. Lo que ingresa más lo que oficialmente debemos menos lo que se gasta. Tampoco te cuadra. Lo que cuesta cumplir con lo que han prometido contra los recursos previsibles en el futuro. Tampoco te cuadra. O el dinero viene de lugares extraños o mucho de lo que presumen es insostenible. Y sin embargo ahí están tantos otros, tan felices con el rumbo de las cosas. No encuentras energía para discutir. Y además, a juzgar por como aplauden y sonríen los demás, tus cálculos podrían estar equivocados.

Decides callar. Abstraerte. Flotar. Decides sonreír y aplaudir, como tantos, pues finalmente es más cómodo y efectivo. Piensas que más vale malo por conocido que bueno por conocer. Ya nada te huele mal, porque has perdido el sentido del olfato.


Pero los rumores continúan. Primero como leyendas urbanas, después como denuncias concretas. Dicen que ellos se están enriqueciendo. Hablan de casas en el extranjero, de negocios multimillonarios, de grandes propiedades. Te muestran las fotos, los expedientes. Hablan no de uno, sino de varios prestanombres que disfrutan una inexplicable prosperidad. Quizá estas denuncias sean parte de la guerra sucia, pero nadie de ellos ha podido negar contundentemente los hechos. Y notas que, curiosamente, ya no te miran a los ojos.

Uno para ti, uno para mí. Uno para ti, dos para mí. No puedes sacar el sonsonete de tu cabeza. Prendes el radio y alcanzas a escuchar una pegajosa melodía. Es de ellos, buscando de nuevo tus aplausos y sonrisas. Escuchas con atención, pues quizá prometan cambios o den explicaciones. Nada de eso, sólo afirman que el futuro

“es lo mismo y es también más mejor” (min 0:41).

¿Mejor para quién?, te preguntas. Y sientes un escalofrío.

Twitter: @oneflores

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