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Ciudad Posible
Por Onésimo Flores
Fundador de Jetty, la plataforma de transporte colectivo privado en la CDMX. Maestro en Política... Fundador de Jetty, la plataforma de transporte colectivo privado en la CDMX. Maestro en Políticas Públicas y Doctor en Planificación y Estudios Urbanos. (Leer más)
¿Moreira III?
El sistema de pesos y contrapesos ha sido socavado a tal grado en Coahuila, que ni la falta de presupuesto para obras ni los impunes escándalos de corrupción han hecho mella en la “gubernatura imperial”. Una explicación plausible es que las opciones que tiene el electorado son tan pobres, que los ciudadanos se han dado por vencidos. ¿Cómo salir de este ciclo?
Por Onésimo Flores
26 de febrero, 2015
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Cuando el PRI perdió la Presidencia de la República en el 2000, muchos gobernadores priistas se sacaron la lotería. Sin un jefe político nacional que los limitara, asumieron control de su partido a nivel local y repartieron candidaturas a su antojo. Con control absoluto sobre el presupuesto, fondearon campañas políticas con recursos públicos y desarticularon a la oposición partidista. Su dominio sobre la clase política local les permitió convertir al poder legislativo en mera oficialía de partes, y al poder judicial en herramienta mercenaria. Los organismos autónomos, tales como los Institutos Electorales y los Institutos de Acceso a la Información, fueron domados hasta transformarse en caricaturas de lo que fueron (o de lo que pudieron ser). En pocos años, una camada de  gobernadores sometió a los alcaldes, compró a los medios, y cooptó a los grupos con representación social. La foto está mas o menos clara. En muchos estados, el gobernador se transformó en rey.

Mi estado, Coahuila, es un buen ejemplo de todo lo anterior. El Gobernador Humberto Moreira dispuso del presupuesto publico a su antojo, dio la bienvenida al crimen organizado, y sentó bases para que un pequeño grupo de sus incondicionales amasara fortunas. A pesar de ello –o más bien, precisamente por ello- no tuvo problemas para dejar a su hermano como sucesor en el trono, con cómoda mayoría en el Congreso. Lo paradójico es que a la mitad del gobierno de Moreira II, el desorden y la corrupción del gobierno de Moreira I ya eran de dominio público. Los coahuilenses conocíamos el monto de la deuda multimillonaria contratada sin autorización del Congreso y ejercida sin rendición de cuentas. Conocíamos las leoninas condiciones de pago acordadas con los bancos. Sabíamos que los principales colaboradores del ex gobernador tenían decenas de propiedades en Texas y cuentas multimillonarias en el Caribe. Y sabíamos que el gobierno de Moreira II estaba (y está) comprometida con darle carpetazo al asunto. A pesar de toda esta información, ¡el PRI volvió a arrasar en las elecciones locales! El sistema de pesos y contrapesos ha sido socavado a tal grado en Coahuila, que ni la falta de presupuesto para obras ni los impunes escándalos de corrupción han hecho mella en la “gubernatura imperial”.

Una explicación plausible es que las opciones que tiene el electorado en un estado como Coahuila son tan pobres, que los ciudadanos se han dado por vencidos. Los candidatos y sus ideas generan tan poco entusiasmo, que la gente prefiere quedarse en casa que salir a votar. Llegado el día de la elección, la maquinaria priísta encuentra el camino despejado. ¿Cómo salir de este ciclo?

Ya es legalmente posible postularse a un cargo como la gubernatura sin la bendición de ningún partido, pero las reglas de las candidaturas ciudadanas están diseñadas para que todo aquel que lo intente fracase. Impulsar una transición desde las entrañas del mismo PRI también parece imposible en las condiciones actuales. Al menos hasta ahora, los priistas que han pretendido construir una alternativa a los Moreira en Coahuila han terminado exiliados del estado. Siguen ahí, a la espera de que un Presidente que luce cada vez más débil intervenga en su favor. Quizá ese momento nunca llegue.

Mientras tanto, los partidos nacionales de izquierda continúan siendo minúsculos en Coahuila. El Partido Verde, un poco más grande, es realmente un satélite del PRI. Hay un partido local -la UDC- que gana elecciones en algunos municipios, pero que carece de presencia territorial para ser competitivo en el estado. El resto de los mini-partidos locales comen de la mano del gobernador, y captan menos votos que una sociedad de alumnos. No soy panista, pero me atrevo a decir que bajo las condiciones actuales, solo el Partido Acción Nacional podría darle fin al moreirato en Coahuila.

Lamentablemente, este partido parece decidido a sabotear sus propias posibilidades. Me pregunto si la experiencia en otros estados será similar. Cada vez que se aproxima una elección, los líderes de ese partido gastan tinta y energía descalificándose entre sí. En lugar de disputarle al poder estatal la mejor silla del banquete -la de gobernador-, se patean abajo la mesa para repartirse las migajas -algunas regidurías y diputaciones plurinominales. En lugar de abrirse a la sociedad, se cierran en su exclusivo club de socios.

Las elecciones para reemplazar a Moreira II son en el 2017. Si los coahuilenses no construimos pronto una alternativa más sólida que las que hoy existen, podría gobernarnos Moreira III.

 

@oneflores

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