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Ciudad Posible
Por Onésimo Flores
Fundador de Jetty, la plataforma de transporte colectivo privado en la CDMX. Maestro en Política... Fundador de Jetty, la plataforma de transporte colectivo privado en la CDMX. Maestro en Políticas Públicas y Doctor en Planificación y Estudios Urbanos. (Leer más)
Pensando en el tráfico
Por Onésimo Flores
15 de noviembre, 2011
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Ciudad congestión, ciudad contaminación, ciudad ruido. Aglomeración de prisas, concentración de frustraciones, amalgama de decepciones. Los rostros en los embotellamientos hablan con el entrecejo. Voy tarde, parece que ya llegué tarde, que remedio ya voy tarde.  Quítate, ¿que no ves que voy tarde? El entorno te contagia. Tu sonrisa parece tan impropia como sonreír en un funeral. Aquí todos debemos tener cara de serios, de ausentes, de resignados. Estamos en un embotellamiento, estamos en la ciudad.


Pretendemos aprovechar el tiempo muerto. Ellas se colocan el maquillaje, ellos escuchan la radio, todos hablan por celular. Pero la actividad se agota pronto, y seguimos varados. Volteas de reojo y ves a tu vecina también sin quehacer. Igual podrías conversar, pero te separan unos vidrios, unos fierros y algunos centímetros de asfalto. En un embotellamiento miles de desconocidos comparten un viaje solitario. Miras nuevamente a la conductora de al lado, pues posiblemente no la volverás a ver nunca. Fantaseas hasta que un claxon te despierta. “Acelera pendejo, ¿que no ves que estás parando el tráfico?”

Lo malo no es solo la hora de ida y la hora de vuelta, sino la pesadumbre que acumulan. Poco a poco aprendes a medir la distancia en tiempo. Pasas frente al edificio verde. Solo te quedan 45 minutos. Pasas frente a la estatua en la glorieta. Ya solo te faltan quince. No llegas al trabajo y ya estás harto, no llegas a tu casa y ya estás dormido. Mañana será igual, salvo que sea quincena o llueva, en cuyo caso tus trayectos serán doblemente miserables.

Te has convencido de que caminar es imposible, de que pedalear es peligroso y de que subirte al camión es impensable. Real o imaginaria tu falta de alternativas, el caso es que hace tiempo tu coche dejó de ser un indicador de lo exitosa que es tu vida. El aire acondicionado y los asientos de piel ayudan, pero no cambian fundamentalmente las cosas.  Estas igual de jodido que tu vecino del vochito. En la ciudad de los embotellamientos el coche es un artículo de supervivencia, y tu hábitat es una jungla de concreto. Aceleras, frenas. Aceleras, frenas. Aceleras, frenas. La vida se te escapa en un par de semáforos. A veces sueñas con tener un helicóptero (o un hummer como el del video), pero no te das cuenta de que lo que realmente deseas es vivir en una ciudad distinta.


Las normas de urbanidad cambian en una urbe sobre-congestionada. Por supuesto que voy a pasarme ese semáforo en rojo, si van tres verdes y no he podido avanzar. Por supuesto que voy a estacionarme en doble fila, si llevo 40 minutos buscando una alternativa. Por supuesto que voy a aventar lámina, si en esta ciudad quien es cortés tarda el triple. ¿Chingas tú o chingo yo? El que agandalla no batalla. Voy derecho y no me quito. Las reglas de la calle se aprenden rápido, y quizá incluso determinan nuestra forma de ser fuera del coche.

Cuando la congestión se convierte en parte integral de tu vida, es difícil pensar sobre la ciudad sin incluirla. Aquellas postales idílicas, llenas de palacios o de instantes son solo para los turistas. Para ti la ciudad es el tráfico. La ciudad es el embotellamiento. La ciudad es el ruido, y el smog, y las mentadas de madre. Maldices al embotellamiento, pero culpas a la ciudad completa.

Todos los políticos reconocen el problema. Todos prometen arreglarlo. Con cada elección viene una nueva bala de plata. Ahí les va el segundo piso. Ahí les va el distribuidor vial. Ahí les va la línea de metro y el suburbano. La ciudad se desquicia con tantas obras, pero casi ni se nota, pues hace tiempo que vive permanentemente desquiciada. Las inauguraciones siempre vienen con mariachis y fanfarrias, y con un breve periodo de relajamiento vial. Pero pronto los embotellamientos regresan, frecuentemente con ánimo de revancha. Hay tantos nuevos coches exigiendo su derecho a circular sin sobresaltos que ninguna obra es suficiente.

Quizá deberíamos limitar el número de coches, o cobrar mucho más por permitir su uso. Quizá deberíamos premiar a quienes usan el camión con trayectos más rápidos y convenientes y seguros y dignos. Quizá deberíamos promover las bicicletas e invertir mucho más en mejorar nuestras banquetas. Quizá deberíamos entender que la congestión somos todos y que no es solo con nuevas obras sino también con nuevos hábitos como podemos enfrentarla.

Twitter: @oneflores

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