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Ciudad Posible
Por Onésimo Flores
Fundador de Jetty, la plataforma de transporte colectivo privado en la CDMX. Maestro en Política... Fundador de Jetty, la plataforma de transporte colectivo privado en la CDMX. Maestro en Políticas Públicas y Doctor en Planificación y Estudios Urbanos. (Leer más)
Postal de Bangkok
El altar de Erawan, uno de los altares hinduístas más visitados de Bangkok, es parte de una propiedad ocupada por el Hotel Park Hyatt, donde pocos en Tailandia pueden hospedarse y donde cada centímetro de banqueta se pelea a muerte. Colocar este altar en México sería similar a edificar una capilla a San Judas Tadeo, patrono de las causas difíciles, en la puerta principal de Antara Polanco en el DF. ¿Qué habrá llevado a los inversionistas de este hotel a dedicar la parte más valiosa de su terreno para una actividad que no deja utilidades directas, y que compromete el carácter “exclusivo” del hotel?
Por Onésimo Flores
15 de enero, 2015
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El espacio público cuenta historias. Aquí va una: Uno de los altares hinduistas más visitados de Bangkok está ubicado en la esquina de Ratchadamri y Ratchaprasong, rodeado de lujosos hoteles y modernos centros comerciales. El Altar de Erawan consiste en una pequeña estatua dedicada a Brahma ubicada en el centro de una plazoleta de aproximadamente treinta metros cuadrados. Todos los días, a todas horas, miles de personas se acercan a colocar flores amarillas, prender varitas de incienso y ofrecer alguna oración. En el fondo de la plazoleta hay una fila de personas, frecuentemente larga, esperando turno para agradecer algún milagro. Al llegar al frente de la fila, el oferente se hinca frente a Brahma, la música comienza, y ocho o nueve jóvenes bailan acompañando sus plegarias. Por supuesto no todos los tailandeses son hinduistas, pero el espacio está vivo, mucho más vivo que las entradas a cualquiera de los edificios vecinos.

Foto: Onésimo Flores.

Foto: Onésimo Flores.

Foto: Onésimo Flores.

Foto: Onésimo Flores.

En Tailandia hay miles de altares callejeros. Muchos están más ricamente decorados, son más antiguos o más grandes que el de Erawan. Sin embargo, este altar tiene una historia especial. No fue construido por los gobernantes de la milenaria ciudad de Ayutthaya en el siglo XIV o XV, sino por inversionistas contemporáneos que se asociaron con el gobierno local para edificar un lujoso hotel. Resulta que el Altar de Erawan, sitio donde hoy el pueblo llega a pedir milagros, es parte de una propiedad ocupada por el Hotel Park Hyatt, donde pocos en Tailandia pueden hospedarse. Como en México, los espacios públicos escasean en Bangkok, y cada centímetro de banqueta se pelea a muerte. Colocar este altar sería similar a edificar una capilla a San Judas Tadeo, patrono de las causas difíciles, en la puerta principal de Antara Polanco en la Ciudad de México. ¿Qué habrá llevado a los inversionistas de este hotel a dedicar la parte más valiosa de su terreno para una actividad que no deja utilidades directas, y que compromete el carácter “exclusivo” del hotel?

Resulta que la construcción del hotel enfrentó múltiples problemas. Según cuentan, varios trabajadores perdieron la vida durante la obra y un buque cargado de mármol italiano destinado para decorar el edificio se perdió en el mar. Un sacerdote hinduista sugirió que las calamidades tenían su origen en que la construcción había iniciado en una fecha “poco propicia”. Los rumores corrieron rápido: el proyecto de hotel estaba tocado con mal karma. Los problemas continuaron hasta que un funcionario sugirió construir el altar en la esquina del terreno para calmar a los dioses. La decisión no tenía ninguna lógica inmobiliaria, pero finalmente fue adoptada por los inversionistas. Los percances cesaron, y hoy el altar y el hotel coexisten como un espacio público dentro de una propiedad privada, y como una notable excepción en una zona dominada por enormes edificios rodeados de angostas banquetas.

Foto: Onésimo Flores.

Foto: Onésimo Flores.

Dicen que Bangkok es la ciudad capital con menos espacio público per cápita. No se si el dato sea correcto, pero más allá del Parque Lumphini -un espacio similar a nuestro Chapultepec- es casi imposible encontrar espacios abiertos. El resultado refleja una terrible contradicción: el desarrollo urbano convertido en herramienta para profundizar la exclusión social. Mientras las minorías pudientes “escapan” del caos urbano pagando acceso a clubes deportivos, escuelas, residencias y servicios de gran calidad, la mayoría restante tiene que escapar a la periferia o apropiarse ilegalmente de los pocos espacios que sobran. Por ello la banqueta, cuando existe, sirve para trasladar, cocinar, descansar, jugar, convivir, y rezar. El Altar de Erawan representa una pequeña pero ilustrativa excepción, que demuestra que es posible lograr que los desarrolladores privados acepten argumentos no económicos que justifican ajustes al diseño de sus proyectos.

Me pregunto si el funcionario que sugirió construir el Altar de Erawan era un piadoso hombre religioso, o simplemente un planificador urbano pragmático. Imagino infructuosos intentos previos por lograr que los inversionistas redujeran el área destinada para el lujoso lobby o para el amplio estacionamiento. No me considero un hombre religioso, pero puedo apreciar la forma en que la cosmología hindú salvó un rincón de ciudad para el disfrute de muchas generaciones en el futuro. Lo excepcional del Altar de Erawan pone en evidencia una oportunidad perdida en cada nuevo edificio. Si cada nueva obra viniese acompañada de mejores áreas públicas, las ciudades sería mucho más democráticas y disfrutables. Tanto en México como en Tailandia necesitamos ser más fundamentalistas en temas relacionados al espacio público, y dejar de depender del karma de los desarrolladores para mejorar nuestras ciudades.

 

@oneflores

 

 

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