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Ciudad Posible
Por Onésimo Flores
Fundador de Jetty, la plataforma de transporte colectivo privado en la CDMX. Maestro en Política... Fundador de Jetty, la plataforma de transporte colectivo privado en la CDMX. Maestro en Políticas Públicas y Doctor en Planificación y Estudios Urbanos. (Leer más)
Radiografía de un ayuntamiento cualquiera
Nuestros ediles están colocados en el frente de batalla, rodeados, sin refuerzos y sin parque. Todos los días reciben reclamos urgentes a problemas enormes. No tienen tiempo, ni recursos, ni respaldo técnico de calidad para impulsar soluciones óptimas. Son bomberos que gobiernan -y hacen carrera- apagando incendios y poniendo parches.
Por Onésimo Flores
12 de febrero, 2015
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Un candidato gana. Entusiasmado toma posesión, recluta a su equipo y agradece a los electores. Ninguno de los proyectos de su antecesor le llenan el ojo. Habla de sus proyectos estratégicos y de su visión para la ciudad. Hace promesas. Muchas. Pasan meses sin que el alcalde logre entender que ya no es candidato, sino gobernante. Poco a poco, la crítica ácida suplanta al aplauso. Al ciudadano todo le urge -el drenaje, el agua, el transporte- y ningún problema tiene respuesta sencilla. Las ideas de campaña tardan en convertirse en acciones, y el alcalde se torna voluble. Durante el primer año de gobierno, todos sus subalternos reciben algún regaño.

Mientras la administración aprende a gestionar recursos y a programar el gasto, el alcalde intenta atemperar las expectativas -tanto las propias como las del público. Habla de condiciones adversas, de la desaceleración de la economía y de las injusticias de nuestro federalismo fiscal. El segundo año se distingue por el arranque de una obrota que absorbe todo el presupuesto, o de una multitud de obritas que lo diluyen hasta la intrascendencia. De una forma u otra, parece que la administración por fin camina. Tras bambalinas los funcionarios saltan todas las esquinas para mantener la ilusión y regalarle triunfos políticos a su jefe. ¿El estudio de factibilidad, o el plan de manejo ambiental? Como el resto del expediente, elaborados al vapor y a modo.

Todo burócrata sabe que existe competencia entre los diversos departamentos del Ayuntamiento. La policía, servicios primarios, transporte, obras, planeación… todos compiten por atención y recursos escasos. En el mundo ideal, cada quien pondría su parte para avanzar una agenda común -el proyecto para la ciudad a 10, 20, 50 años. En la práctica, no existe tal plan que integre los esfuerzos de todos, y cada funcionario hace lo que puede para jalar la atención del alcalde hacia los temas y proyectos de sus respectivos despachos. Si alguien encuentra un fondo federal para construir canchas, nuestro alcalde será el alcalde del deporte. Si alguien gestiona un donativo para construir un teatro, será el alcalde de la cultura. Llegado el tercer año, el alcalde asume el corte de listón como indicador de su efectividad como gobernante.

Los medios frecuentemente refuerzan esta intuición. Aún los más críticos centran su atención en el retraso de la obra, en la identidad de los proveedores o en la calidad de los materiales. Rara vez cuestionan si ese puente, tren, o calle realmente contribuye a tener la ciudad limpia, prospera y competitiva que prometió el alcalde en campaña. Si la obra no cuadra con los lineamientos del plan maestro de la ciudad, la administración ajusta el plan maestro. Ocasionalmente habrá algún foro para ponerle palomita al requisito de participación ciudadana, pero casi siempre el cambio se da en una obscura reunión de Cabildo que nadie reporta. El tiempo corre, y nadie es más pragmático que un político con prisa.

Seis meses antes de terminar el gobierno, el Ayuntamiento queda hueco. Justo cuando los funcionarios clave comenzaban a ser expertos en su oficio, renuncian para buscar acomodo en una nueva campaña. A veces el primero en abrir la puerta es el alcalde, quien pide licencia para postularse para diputado o gobernador. Nuevamente, regresa el calor de las campañas, y una nueva camada de candidatos prometen lograr lo que la administración saliente no pudo. Nos dicen que ellos sí tienen un proyecto para la ciudad. Que ellos sí miran a futuro. Que ellos harán las cosas de forma distinta. Y la historia comienza de nuevo.

Muchas veces he escuchado decir que los funcionarios municipales en México son notoriamente corruptos e ineptos. No dudo que existan muchos malos gobernantes que califican con creces para una o ambas categorías. Sin embargo ambos calificativos nos eximen de considerar una problemática más compleja. Las limitaciones de nuestros Ayuntamientos reflejan en buena medida los incentivos de quienes ahí trabajan. Nuestros ediles están colocados en el frente de batalla, rodeados, sin refuerzos y sin parque. Todos los días reciben reclamos urgentes a problemas enormes. No tienen tiempo, ni recursos, ni respaldo técnico de calidad para impulsar soluciones óptimas. Son bomberos que gobiernan -y hacen carrera- apagando incendios y poniendo parches.

Lo que voy a decir puede sonar raro, particularmente en una época de tanta desconfianza hacia el sector público. Nuestras ciudades mejorarían mucho si los Ayuntamientos tuvieran más tiempo para planear, evaluar y desarrollar sus proyectos, y más recursos para contratar y retener talento.

 

@oneflores

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