Ríe, payaso - Animal Político
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Ciudad Posible
Por Onésimo Flores
Fundador de Jetty, la plataforma de transporte colectivo privado en la CDMX. Maestro en Política... Fundador de Jetty, la plataforma de transporte colectivo privado en la CDMX. Maestro en Políticas Públicas y Doctor en Planificación y Estudios Urbanos. (Leer más)
Ríe, payaso
Por Onésimo Flores
29 de diciembre, 2011
Comparte


La sonrisa es una expresión multifacética. Sonreír comunica alegría y optimismo, pero también podría proyectar tristeza, o fastidio, o nervios, o incredulidad. Podemos sonreír para expresar satisfacción. Sonreímos al terminar una jornada exitosa, al culminar una prueba difícil, al celebrar un acontecimiento. Pero también es posible sonreír por resignación, cuando concluimos que el pasado era mejor que el presente o que el destino se nos escapa de las manos.

Cuando te hacen una pregunta incómoda, sonríes. Cuando buscas ponerle buena cara a una situación insostenible, sonríes. Cuando te presentan a un desconocido, sonríes. Por lo mismo, decir “aquí se sonríe” es tan vago como decir “aquí se camina”. Una sonrisa no necesariamente implica felicidad, como caminar no implica avanzar hacia adelante.

Sonreír por sonreír sucede solo ocasionalmente. Más frecuentemente, sonreímos para comunicar sentimientos diversos, incluso contradictorios. “Aquí se sonríe” puede significar que “aquí somos felices” o que “aquí no tenemos opciones”.  Es cierto que los cínicos pueden sonreír junto a los ingenuos, pero por motivos distintos. Por ejemplo, quien anuncia que “quien ríe al último ríe mejor”, no muestra alegría sino coraje, y no promete solidaridad sino venganza. Cuando reina la impunidad, el delincuente, las víctimas y la policía sonríen. Unos por malos, otros buscando confortarse ante el dolor, otros por impotencia.

Sí, aquí en Coahuila sonreímos, pero no solo por felicidad u optimismo. Sonríen quienes se creen invulnerables y por encima de la ley, como también sonríen quienes se sienten irremediablemente acorralados. Y estos dos grupos, con todo y sus sonrisas, parecen crecer exponencialmente. Ríen los delincuentes, ríen los funcionarios que lucraron con el presupuesto, ríen quienes encuentran en sus cargos públicos una red de protección. Sonríen los ciudadanos, por miedo, por hastío, por incredulidad. Apretar la quijada y cerrar los puños ante las circunstancias no es aceptable según la propaganda oficial. Aquí se sonríe, por lo que sea, pero aquí se sonríe.

Sin duda el intento propagandístico tiene mérito, como tenían mérito aquellos esfuerzos del Gobierno Federal por convencernos de que “las buenas noticias también son noticia”. Pero no nos confundamos. La felicidad no puede decretarse. No es lo mismo celebrar las sonrisas que nos regalan los niños que juegan en las calles, que pedirle a los niños que sonrían, a pesar de no poder permitirles que jueguen en las calles.

Las sonrisas por decreto son, en el mejor de los casos, máscaras. Ya lo decía el poeta Juan de Dios Peza,

 ¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora!

¡Nadie en lo alegre de la risa fíe,

porque en los seres que el dolor devora

el alma llora cuando el rostro ríe!

Y efectivamente, esta Navidad muchos saltillenses reímos de tristeza. El día 24 por la tarde hubo balaceras en la ciudad, en dos zonas de gran movimiento comercial. Las compras de pánico se transformaron en pánico en las compras. Hubo tres muertos y muchos corazones heridos. Aquí pueden ver el video. Preocupados, guardamos la pirotecnia, para que ni los malos ni los buenos se confundieran con nuestras luces de bengala. Este año limitamos el peregrinar de una casa a otra. No cantamos villancicos en el trayecto. Aceleramos, mirando con cuidado en las entrecalles, procurando no detenernos. Celebramos, y disfrutamos a nuestras familias, y desde luego sonreímos por el gusto de estar juntos. Pero sonreímos también por miedo, y por incredulidad, y por desesperación y por profunda molestia con nuestros gobiernos. Amaneció lindo el 25, hasta que la Fiscalía de Coahuila hizo público que en una nueva balacera, un comando de delincuentes atacó un vehículo del Gobernador. Ya no hay respeto. Quizá solo quedan sonrisas.

Nos han robado la tranquilidad, como a Pierrot le robaron a Colombina. Ante esto, el gobierno pide sonreír. Sus spots promocionales son contundentes: “contagiémonos de felicidad y pongamos buena cara a un futuro lleno de esperanza”. Las voces de Javier Sicilia y Alejandro Martí y Benjamín Le Baron son disonantes en Coahuila, pues “aquí se sonríe”. Supongo que quien no lo haga será un aguafiestas, un actor que se retira a la mitad del espectáculo. El mensaje implícito en la propaganda gubernamental es que los ciudadanos debemos ponernos nuestro disfraz, pintarnos las mejillas, y reír a carcajadas. La sugerencia es tan trágica como la ofrecida en la ópera Pagliacci, de Leoncavallo:

“¡Ríe, payaso, sobre tu amor despedazado!”

Habrá que intentarlo, aunque sea solo con fines terapéuticos. Durante la próxima balacera, tírese al piso, cierre los ojos y recuerde, ¡aquí se sonríe!

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.