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Ciudad Posible
Por Onésimo Flores
Fundador de Jetty, la plataforma de transporte colectivo privado en la CDMX. Maestro en Política... Fundador de Jetty, la plataforma de transporte colectivo privado en la CDMX. Maestro en Políticas Públicas y Doctor en Planificación y Estudios Urbanos. (Leer más)
Sobre el bombazo en Boston
A medida en que conozco más detalles del atentado, descubro la extensión de la crueldad de los responsables. Las bombas fueron ubicadas cerca de la meta y no de la salida, donde creo que habrían cobrado un número más elevado de vidas. Es decir, además de sangre de las víctimas, sospecho que los terroristas buscaban privar a los atletas de la posibilidad de culminar la carrera, a pesar del esfuerzo invertido.
Por Onésimo Flores
16 de abril, 2013
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Abro las ventanas y entran sonidos de helicópteros y ambulancias. Twitter me informa en minutos que dos dispositivos explotaron en la línea de meta del Maratón de Boston. Dos muertos, veintidós heridos. No tardo en recibir llamadas y mensajes de amigos y familiares, preguntando si estamos bien. Sí, afortunadamente.

Apenas unas horas antes estuve en el sitio del atentado. Junto con un contingente de más de mil ciclistas, recorrimos los 42 kilómetros en bicicleta (el evento se llama Midnight Marathon) Salimos del poblado de Hopkinton a las 12 de la noche. Pasamos las ciudades de Ashland, Framingham, Natick, Wellseley y Newton. Pedaleando bajo las estrellas, pudimos observar como los vecinos se preparan para una celebración que se repite cada año. A lo largo de toda la ruta, vimos globos y mantas listas para animar a los competidores. La tremenda “colina rompe-corazones”, en el tramo más demandante de la carrera, se hizo más sencilla por las cartulinas con mensajes de ánimo que alguien engrapó en los árboles.  Incluso a la mitad de la noche, horas antes del inicio de la carrera oficial, encontramos sendos grupos de vecinos que aplaudían y gritaban a nuestro paso.

La sensación de entrar a Boston tras recorrer toda esa distancia es indescriptible. El evento oficial atrae aproximadamente a medio millón de espectadores, cuyas porras obligan a los corredores a mantener el paso y a acelerar los últimos kilómetros. A nosotros nos recibió un silencio igual de electrificante. No sé como describirlo, pero la ciudad encontró maneras de suplir a las multitudes.

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En la Calle de Beacon nos recibió un grupo de trenes de la línea verde, estacionados y listos para iniciar la jornada. Pasamos frente al famoso letrero de Citgo y del Estadio de Fenway, casa de los Medias Rojas. Al cortar por Commonwealth, observamos los árboles de cereza, que comenzaron a florear justo esta semana. Y finalmente, doblamos hacia la Calle de Boylston, donde los gritos de una multitud imaginaria llenaron las gradas que enmarcan la recta final de la carrera.

Yo crucé la meta a las 2:03 am, empatando el récord establecido en el 2011 por el keniano Geoffrey Mutai. Por supuesto la diferencia es que el campeón hizo la ruta a pie, y yo en bicicleta. A mí me acompañaron ciclistas aficionados, mientras que Mutai hizo la carrera junto con los mejores atletas del mundo. Nosotros nos tomamos nuestras propias fotos, mientras que centenares de medios de comunicación capturan la llegada de los corredores del Maratón de Boston. Y aún así, el evento fue para mi tan mágico y apasionante, que me fui a dormir con una sonrisa de campeón maratonista.

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A medida en que conozco más detalles del atentado, descubro la extensión de la crueldad de los responsables. Las bombas fueron ubicadas cerca de la meta y no de la salida, donde creo que habrían cobrado un número más elevado de vidas. Es decir, además de sangre de las víctimas, sospecho que los terroristas buscaban privar a los atletas de la posibilidad de culminar la carrera, a pesar del esfuerzo invertido. Los terroristas interrumpieron la carrera cuando miles de atletas todavía estaban aproximándose a la meta. A pesar de la tenacidad individual de estos competidores, y de la energía positiva que podría estarles inyectando una comunidad entera, fueron los terroristas y no los participantes los que se colgaron la medalla.

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Lo anterior puede parecer banal pero no lo es. Al final del día, el maratón es una prueba en la que los participantes luchan en grupo contra los límites que detienen a cada uno. No es una competencia como tal, en la que un equipo, o un país, buscan prevalecer frente a otro. Es habitual encontrar a un corredor animar al vecino, o ver como los espectadores aplauden el esfuerzo de desconocidos. En otras palabras, el maratón es una celebración colectiva a una humanidad que entiende por fin que el triunfo de todos no depende de la derrota de algunos.

Los eventos en Boston aún están desarrollándose. El Gobernador de Massachusetts está pidiendo a la gente que se quede en casa. Veo que mi escuela canceló un par de eventos importantes, y que el juego de los Celtics programado para este martes no se llevará a cabo. Las autoridades hacen su trabajo investigando y siendo cautas, mientras que la ciudadanía sigue aterrorizada, mortificada y tremendamente molesta. Las calles de Boston están vacías, tan vacías como las que me recibieron mientras pedaleaba a la mitad de la noche. No he tenido tiempo para procesar cuidadosamente estos sucesos, ni para analizar sus implicaciones. Sin embargo, no tengo duda en que el maratón, la Ciudad de Boston, y la humanidad entera encontrarán maneras para que su mensaje de amor, paz y solidaridad prevalezcan.

*El autor es estudiante en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).

 

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