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Ciudad Posible
Por Onésimo Flores
Fundador de Jetty, la plataforma de transporte colectivo privado en la CDMX. Maestro en Política... Fundador de Jetty, la plataforma de transporte colectivo privado en la CDMX. Maestro en Políticas Públicas y Doctor en Planificación y Estudios Urbanos. (Leer más)
Soñar la ciudad
Para muchos habitantes de esta ciudad imaginaria, vivir lejos dejó de tener sentido. Seguramente ayudaron los 400 kilómetros de líneas de Metrobús y las 20,000 bicicletas públicas distribuidas en las 1,500 estaciones Ecobici que existen en mi sueño.
Por Onésimo Flores
17 de octubre, 2013
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Soñé que aquel proyecto de recuperar el Río La Piedad en la Ciudad de México sucedía de verdad. En lugar del Viaducto Miguel Alemán amanecíamos con un parque. El agua regresaba a su cauce, y en las orillas circulaban bicicletas y autobuses. Miles de niños jugaban en las fuentes, sin miedo a ser atropellados. Los oficinistas de la zona hacían picnics en el parque y las familias caminaban. En este sueño el cierre del Viaducto no colapsa la ciudad. De hecho, los miles de autos que circulaban por esta avenida se evaporan: sus conductores escogen otra ruta, u otro destino, u otro medio de transporte. Quizá simplemente deciden mudarse a sitios más céntricos y mejor conectados. Se adaptan. Por primera vez en décadas, el crecimiento de población es más acelerado en las delegaciones centrales que en los lejanos suburbios. En este sueño la gente desea vivir la ciudad en lugar de escapar de ella.

Foto: Suzuki, Hiroaki, Robert Cervero, and Kanako Iuchi. 2013. Transforming Cities with Transit. Washington, D.C.: The World Bank

Foto: Suzuki, Hiroaki, Robert Cervero, and Kanako Iuchi. 2013. Transforming Cities with Transit. Washington, D.C.: The World Bank

La congestión paradójicamente convence a miles a regresar al corazón de la ciudad. Para muchos habitantes de esta ciudad imaginaria, vivir lejos dejó de tener sentido. Seguramente ayudaron los 400 kilómetros de líneas de Metrobús y las 20,000 bicicletas públicas distribuidas en las 1,500 estaciones Ecobici que existen en mi sueño. La gran mayoría de la población vive y trabaja a menos de 500 metros de una estación del sistema de transporte masivo. Los micros todavía existen, pero han cambiado. Las unidades son nuevas, y los operadores no necesitan jugar carreras para mantener su negocio. La red de rutas está coordinada con el Metrobús y con el metro, de tal forma que estos sistemas se complementan en lugar de competir. Un ingenioso sistema de prioridades -semáforos sincronizados, carriles exclusivos, horas “sólo-bus”- hace que los vehículos de transporte público escapen de los embotellamientos. Gracias a esto las frecuencias y los tiempos de viaje son predecibles. Basta mirar el celular para saber cuál es la combinación de rutas que puede llevarme a mi destino, la ubicación de la parada más cercana y la hora precisa en la que pasará la siguiente unidad. El costo del pasaje depende de la cantidad de viajes. Entre más usas el transporte público, más barato resulta.

Algo similar, pero en sentido inverso, sucede con el automóvil. La tenencia ha desaparecido, pero en su lugar existe un impuesto por vehículo-kilómetro, además de infinidad de parquímetros. Además, el acceso en auto a algunas áreas de la ciudad o a algunas avenidas está tarificado. Esto no quiere decir que el auto desaparece. Simplemente la gente es mucho más selectiva respecto a las ocasiones y circunstancias que ameritan el uso de este medio de transporte. Cientos de estacionamientos privados dejan de tener sentido, y poco a poco son reorientados hacia mejores usos. Los grandes corporativos se dan cuenta del potencial de sus activos ociosos, y pronto le dan a escoger a sus empleados: estacionamiento asegurado o un bono mensual de mil pesos. La eliminación de cientos de cajones de estacionamiento libera grandes extensiones de terreno en las zonas más caras de la ciudad, que pronto son desarrollados como parques, comercios y viviendas. Obviamente, los sitios más deseables son aquellos que están más cerca del transporte masivo. De hecho, en este sueño el Metro no requiere de subsidios para mantener su operación, pues el sistema cubre su déficit con las rentas que recibe como desarrollador de los inmuebles que rodean las estaciones más importantes.

Las banquetas también han cambiado. Son más anchas y bonitas. Tienen árboles, y bancas, y músicos en las esquinas. Están iluminadas, y son bastante seguras -no tanto por los rondines de policías, sino por la presencia de los vecinos. Los padres llevan a sus hijos a la escuela -o a la parada del camión escolar- caminando o en bicicleta. Los niños se acostumbran a vivir su barrio, afuera de los muros. A los diez años, todos los niños de la ciudad han abordado un microbús, saben andar en bicicleta, y pueden ubicarse en las principales estaciones del metro. La nueva generación no aspira a tener un automóvil.

Un sueño, nada más, obviamente. Sin embargo todos sus elementos ya existen en alguna parte del mundo. En Seúl recuperaron un río sin colapsar el tráfico. En Hong Kong el metro es rentable. En Curitiba y Portland el transporte público es más conveniente que el auto. En París las bicicletas públicas llegan hasta los suburbios. En Friburgo el peatón es rey. En Santiago el metro y los micros son parte del mismo sistema, y todas las autopistas urbanas cobran cuota. En Estocolmo la mayoría de los empleos y residencias están a unos pasos del transporte masivo. En Londres, Milán y Singapur los automovilistas pagan por el privilegio de circular por el centro de la ciudad. Los sueños pueden ser utopía, pero también posibilidad.

@oneflores

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