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Por Onésimo Flores
Fundador de Jetty, la plataforma de transporte colectivo privado en la CDMX. Maestro en Política... Fundador de Jetty, la plataforma de transporte colectivo privado en la CDMX. Maestro en Políticas Públicas y Doctor en Planificación y Estudios Urbanos. (Leer más)
Un SNTE sin Elba
Cualquier maestro sabe que un trabajo sindical honesto no paga lo necesario para costear casas en California, frecuentes cirugías, o compras multimillonarias en Neiman Marcus. ¿Cuántos compartirán lo dicho en el escueto comunicado que circularon sus dirigentes?
Por Onésimo Flores
28 de febrero, 2013
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Repasemos el contexto. En México los maestros quedan afiliados al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) en cuanto reciben su plaza. El proceso es automático: Quien no quiere afiliarse no puede ser maestro. La relación de dependencia y de subordinación que vincula al maestro con sus representantes sindicales se profundiza una vez que el maestro ingresa al sistema. Dadas las reglas del juego vigentes, las autoridades educativas están obligadas a acordar cualquier ascenso, promoción o incentivo con el Sindicato. La autoridad ni siquiera puede despedir a los malos maestros sin autorización del SNTE.

Igualmente, el dinero llega a las arcas del sindicato de manera automática. La Secretaría de Educación Pública descuenta un porcentaje del sueldo de todos los maestros, y deposita el dinero en las cuentas del SNTE. Los maestros ya ni se dan cuenta. Una vez depositado, el dinero entra a una especie de caja negra, cuyo funcionamiento pocos conocen.

En otras palabras, el sindicato domina al sindicalizado. Así ha funcionado el sistema por décadas, incluidos los doce años de gobiernos panistas. Este esquema facilita el control corporativo del sindicato -herramienta útil para gobernar el país o para ganar elecciones- a costa de la calidad de la educación. Los incentivos existentes envían un mensaje claro a los maestros de todo México: El éxito profesional depende más de tener contentos a sus líderes, que de desempeñarse bien en las aulas.

Dada esta estructura de incentivos, no sorprende la aparente pasividad de muchos maestros ante la detención de Elba Esther. Así como en la Cuba de Castro o en la Legión de Maciel, es natural que exista reticencia a mirar objetivamente la evidencia presentada contra el líder caído, o miedo a hacer comentarios que puedan caer mal dentro de la organización. Sin embargo, todo México ha podido constatar en las últimas horas la forma en que el SNTE fue traicionado, ultrajado y desprestigiado por sus propios líderes. Todos los sectores de la sociedad mexicana han externado alguna opinión al respecto, y el cauteloso silencio de los maestros comienza a notarse.

Supongo que ellos también vieron la conferencia de prensa del Procurador General de la República. Tras esos 18 minutos plagados de nombres, números de cuenta, cantidades y fechas, dudo que exista un solo maestro en México que no quiera -cuando menos- una explicación puntual de sus dirigentes. Muchos estarán justamente ofendidos y decepcionados. Por supuesto que los dichos del Procurador en contra de Elba Esther Gordillo tendrán que demostrarse en tribunales, pero sin duda parecen razonables. Cualquier maestro sabe que un trabajo sindical honesto no paga lo necesario para costear casas en California, frecuentes cirugías, o compras multimillonarias en Neiman Marcus.  ¿Cuántos compartirán lo dicho en el escueto comunicado que circularon sus dirigentes? ¿Quién podría reiterarle “lealtad, cariño y solidaridad” a Elba Esther después de leer sobre sus cuentas en Liechtenstein o sobre sus inmuebles en Estados Unidos?

Ojala que esta crisis sirva para que los maestros de México le pierdan el miedo a sus dirigentes. Es importante recordarle al país que los maestros no son Elba Esther, que el SNTE no es Elba Esther y que el sindicalismo no es Elba Esther. Muchos analistas han comparado la detención de la Maestra Gordillo con el “Quinazo” de Salinas. Efectivamente, la defenestración de ambos dirigentes sindicales se parece, pues ambos casos resultaron de un cálculo político diseñado para ampliar el margen de maniobra de un Presidente recién llegado. Sin embargo, en el caso de aquel sindicato petrolero, la salida de “La Quina” no trajo ni democracia sindical, ni transparencia, ni rendición de cuentas. El inevitable cambio de dirigente del SNTE significará poco si se mantienen las prácticas y los estilos de siempre. Este es el momento indicado para que los maestros se apliquen y se decidan a transformar las reglas que gobiernan a su organización. México necesita de un sindicalismo honesto, alejado del chantaje político y comprometido con la calidad de la educación.

 

Postdata. Aprovecho este espacio para enviar un mensaje solidario al personal que labora en El Siglo de Torreón. La violencia que enfrentan al hacer su trabajo nos duele, y el compromiso que demuestran al continuar informando nos inspira. No están solos.

 

 

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