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Ciudadano Cane
Por Miguel Cane
Escritor. Narrador. Periodista. Crítico de cine para Milenio Diario. En 15 años de carrera inin... Escritor. Narrador. Periodista. Crítico de cine para Milenio Diario. En 15 años de carrera ininterrumpida ha entrevistado a numerosas personalidades del mundo del cine. Desde niño ha hecho radio, cine y TV. Autor de la novela \\\"Todas las Fiestas de Mañana\\\". A partir de 2007 reside en Gijón, Asturias. Lector voraz, cinéfilo devoto, excéntrico de tiempo completo. En twitter: @AliasCane (Leer más)
Cuestión de escrúpulos
Por Miguel Cane
7 de octubre, 2011
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Hace algunos años, antes de este autoexilio en el norte, cuando aún vivía entre millones en el De Efe, un día cualquiera me invitaron a Televisa para participar en una junta creativa (también llamada “lluvia de ideas”) para crear un nuevo “concepto” en reality shows. La idea de invitarme fue de una chica que trabajó conmigo en la era cuando fuimos reporteros de TV y que me había visto por esas fechas haciendo desfiguros en tele por cable donde yo solía recomendar películas y escandalizar a la conductora del programa con mis excentricidades.

Mi antigua compañera, a quien para proteger su anonimato llamaré Kuki, me llamó por teléfono y me dijo “ven a verme, tengo un proyecto que te va a interesar” y así pues, acudí a la cita pensando que no perdía nada más que mi tiempo, que podría perder de todos modos.

La idea de los productores con quienes trabajaba Kuki (hoy Reyes Midas del género, no diré quiénes son, pero ustedes saben de quién se trata) era crear un programa que fuera una especie de reality de concurso. Se tomaría a un matrimonio promedio de entre un público de incautos en el estudio, se le llevaría a un set y se invitaría a la familia del marido y de la esposa. Luego, la idea sería hacerlos pasar por procesos indiscretos, comprometidos y (desde luego) humillantes, para ver qué tan mal se llevaban en realidad y entonces ponerlos ante dos opciones; o terapia de parejas o divorcio. Al mismo tiempo, ganando miles de pesos en premios, como viajes, autos o visitas a spas… (aunque yo los mandaría al hospital psiquiátrico por atreverse a entrar a concursos semejantes).

Yo no daba crédito, mientras transcurría la junta (me inhibía estar en Televisa después de tantos años; salí de ahí jurando no volver y ser libre y mira, cae más pronto un hablador que un cojo) y oía la sarta de pendejadas que ponían sobre la mesa los presuntos “creativos” convocados por la dupla de siniestros productores. Entonces, me pregunta Kuki, ¿qué opinas Miguelón, qué se te ocurre?

Y que me gana el sarcasmo.

“Creo que deberían de hacer un cuestonario, ¿qué tanto conoces a tu pareja? Algo que sea muy, muy puntilloso. Les preguntas por separado para que te den sus respuestas sin que el o la cónyuge sepa lo que han contestado. Luego, los pones en una silla y a ellos les pones electrodos ocultos en el area del escroto y a ellas en el area del recto. Ellos no lo sabrán, hasta que esté en operación el cuestionamiento. Cada vez que cometan un error, reciben una descarga en sus partes.

Por ejemplo: “La película favorita de mi esposa es…”

“Este, no sé.”

¡AY! Directito en la ñonga ¡bumba!

O bien: “El equipo del que mi marido es aficionado es”

“Eh… ¡El Santos!”

“No. El Cruz Azul”

¡AY! ¡AY!

Terminé de hacer la exposición con todo y los grititos y ojos pelados. Esperaba que con esto dieran por terminada mi participación mirándome como si estuviera loco.

Lo que no esperaba era que Kuki y los otros me miraran y dijeran… “¡Wow! ¡se oye muy bien! ¿qué más?”

¿Qué más? Se me ocurrieron más pendejadas descabelladas, cada una más salvaje que la anterior: Pues pueden tener una confrontación en la que se revela un secreto muy sucio del cónyuge, o mejor todavía de ambos, (hablaba en ese momento con la soltura que el sarcasmo y la desvergüenza me dan. Total, la exageración hará que me saquen lo más pronto posible de aquí y c’est tout) y entonces ellos tienen acceso a un “botón de castigo” y deciden si perdonan o castigan a la pareja.

Ejemplo: “A ver, Fulanita… tu marido Zutano tuvo un colchonazo con una tentadora rubia de la oficina y nunca te lo dijo.”

Fulanita tiene en sus manos el control remoto. Ella decide si le suelta un shock a los huevos al marido o si lo perdona. Pero primero, él tiene que explicar su canallada.

O bien:

“Mira, Zutano… Fulana recibe a hombres en casa cuando no estás y hacen videos porno y les cobra por cojérselos.”

Y lo mismo. Él decide si la electrocuta hasta dejarla hecha una planta o si la perdona y si comparten las ganancias de su lucrativa carrera como puta.

Pero además, agregué con una sonrisa sádica y mi mejor dicción de Amparo Rivelles (sólo me faltaban tres hilos de perlas en torno al cuello, para retorcerlas mientras hablaba), uno de los dos sucios secretos con que los confrontaremos es verdad y el otro es una vil mentira. “La cosa es probar qué tanto conoce y confía en su pareja el o la otra. Si no le cree, no hará falta que se confronten. Si le cree, pues ¡AY! y a ver de qué cuero salen más correas. Sembraremos la discordia entre ambos hasta que acaben de la greña.”

Terminé mi speech y esperaba que me mostrasen la puerta, que me dijeran que ESO no se puede transmitir por televisión al fin y al cabo, Televisa e famosa por ser pacata cuando le conviene)… y de pronto me dijo uno de los codiciosos jefes de Kuki: ¡Sí! ¡Sí! ¡Es lo que estamos buscando! ¡Qué maravilla! y comenzaron en seguida a planear otros delirantes castigos y confrontaciones… cosas brutales y humillantes, como el obligar al marido al que no le gustara bailar, a hacerlo con la esposa, aunque hiciera el ridículo y pronto entraron al territorio bizantino de la tortura con picanas y decidieron que, que para que el programa fuese familiar, involucrarían a los niños.

Si el padre o la madre erraban un cuestionamiento, el niño recibirá un castigo, pero ¿de qué índole? No se lo podía golpear ni dar shocks en la genitalia… “¡Ya sé!” exclamó uno de los productores “¡Primero se le da una tonelada de juguetes al niño y por cada error que cometan los padres, se le van quitando juguetes. Entre más se equivoquen, menos juguetes tendrá… si el niño llora o le reclama a sus padres, será un éxito!” (ante esto último sentí ganas de vomitar)

La junta concluyó, me estrecharon la mano, me dieron palmadas en la espalda, me dicen que soy brillante, que soy un genio. Kuki me mira orgullosa, con cara de éste es mi gallo. Dice que me llamará y me ofrecerá un contrato por proyecto; un dineral. ¡Es sólo el comienzo, amiguito!

Salí pálido y trastabillando del edificio de producción. Me encontré afuera de un foro con una amiga actriz que lleva todos los años del mundo en este negocio, y nota que estoy agobiado. Me pregunta a qué fui a San Angel y qué tenía. Le conté que fui a hacer un “brainstorming” para un reality nuevo y que los productores tomaron las chingaderas propositivamente absurdas que dije, como buenas y ciertas.  Ella me miró con algo parecido a la ternura y me preguntó qué quería hacer.

No lo pensé, sólo respondí que quería mandar a la mierda mi propuesta y que ojalá no lo hubiera dicho. Pero el hubiera no existe, recalca mi amiga y me sugirió que hiciera lo que en mi interior sentía como correcto. “Tú sabrás lo que quieres hacer”

La dejé en el foro y salí de las instalaciones, donde los vigilantes me miraban como si fuera yo un especimen subhumano, sólo porque no llevo gafete, sino que soy “Visitante”.

Al llegar a casa, llamé a Kuki y le dije que gracias, no. No estaba interesado y que, en honor a la verdad, todo lo que sugerí era una burla y que si de verdad pensaban hacerlo, entonces sus jefes eran una punta de sádicos retorcidos, enfermos mentales sin alma. No le di tiempo de decir ni pio. Colgué.

Me quedé en silencio por un instante. Adiós, dineral.

Pero mi estómago me dijo, como Pedro Vargas, muy agradecido, muy agradecido y muy agradecido.

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