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Ciudadano Cane
Por Miguel Cane
Escritor. Narrador. Periodista. Crítico de cine para Milenio Diario. En 15 años de carrera inin... Escritor. Narrador. Periodista. Crítico de cine para Milenio Diario. En 15 años de carrera ininterrumpida ha entrevistado a numerosas personalidades del mundo del cine. Desde niño ha hecho radio, cine y TV. Autor de la novela \\\"Todas las Fiestas de Mañana\\\". A partir de 2007 reside en Gijón, Asturias. Lector voraz, cinéfilo devoto, excéntrico de tiempo completo. En twitter: @AliasCane (Leer más)
¡Lea el libro! ¡Vea la cinta!
Por Miguel Cane
15 de julio, 2011
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¡Lea el libro! ¡Vea la cinta!

 

Para Gabriela Warkentin, que inspiró una versión primigenia de este texto.

Para Alberto Chimal y Paloma Zubieta López, que dieron pie a esta.

 

 

Partamos, usted y yo, de dos supuestos.

 

A) “Siempre es mejor el libro que la película”

 

y/o

 

B) “¿Para qué voy a leer el libro si ya vi la película?”

 

Es el eterno dipso-duo sobre los libros y su adaptación al cine. ¿Qué es mejor? ¿Y cómo? ¿La calidad tiene que ver con la trama o con su translación al celuloide, la encarnación de los personajes? ¿Con el guión? ¿Con el elenco o director? ¿Con la fuente original?

 

En un mundo donde hay cada vez (de manera alarmante) menos personas con el hábito de la lectura, el cine se ha convertido en la nueva manera de acercar al espectador al libro. Sin embargo, esto no siempre funciona. Donde, desde los primeros años del medio ha existido el interés por adaptar – véase la más bien insulsa Anna Karenina de Clarence Brown, que se mantiene a flote gracias al carisma de Greta Garbo, pero que no tiene nada de los matices de Tolstoi – grandes novelas a la pantalla: Lo que el viento se llevó suele ser el ejemplo por antonomasia de lo que digo (si bien, su tumultuosa y accidentada producción es tan o más interesante que la novela de Margaret Mitchell en sí). Esto a veces funciona, y a veces, no. Se han visto grandes adaptaciones que son o fieles a la fuente (como la Expiación de Joe Wright sobre la regia novela de Ian McEwan), o liberales pero efectivas (Los Pájaros, de Hitchcock, no tiene absolutamente nada qué ver con el inquietante relato de Lady Daphne du Maurier, sin embargo, ambos funcionan muy bien partiendo de una misma idea y creando atmósferas opresivas y alucinantes muy distintas).

 

También existen las adaptaciones que son “esclavas” de los libros y sus legiones de lectores, como es el caso a mano de Harry Potter y Lord of the Rings. Si las películas se atrevieran a diferir en exceso de los libros, millones de fans no lo perdonarían jamás, de ahí que Miss Codicia, er, Miss Jo Rowling sea una de las productoras asociadas de las adaptaciones de sus libros. Otras adaptaciones tratan de seguir el molde, pero fallan por otras cuestiones (véase La Brújula Dorada, que toma un excelente libro de Philip Pullman, con un notable reparto , pero al caer en manos de un director mediocre, no tuvo el éxito deseado (amén de que se sanitizó la obra para quitarle todos los elementos controversiales y hacerla más accesible al público masivo, lo que la arruina).

 

Decir cuáles son las mejores adaptaciones del libro al cine es muy difícil, en el más obvio de los sentidos: todo es subejtivo y en gustos no hay nada escrito. No obstante, en esta columna voy a compartir con ustedes, si me lo permiten, una lista de las que considero las mejores (para mi gusto muy personal) y la razón del por qué este amor por la cinta (si bien a veces no se comparte con el libro). No seguiré, después de la primera, ningún orden en particular. Algunas son recientes, otras no. Algunas son famosas, otras no. Pero espero que sean de su agrado.

 

¿Están listos niños? Entonces comenzaré…

 

 

1) El Bebé de Rosemary (1968)

Dirigida por Roman Polanski, basada en una novela de Ira Levin

 

Siempre he considerado que ésta es la adaptación más fiel que ha hecho Hollywood de un libro. En parte, esto obedece a que era la primera vez que Polanski trabajaba con material ajeno. Su trabajo es tan fiel, que los diálogos en su totalidad, así como los esquemas de color, las locaciones y hasta el vestuario, provienen directamente de la novela de Levin, un entretenimiento de calidad que logró trascender la etiqueta de “novela popular” para asentarse como pieza clave de la literatura de género del siglo XX.  Mia Farrow (como la frágil y vulnerable Rosemary Woodhouse, dulce y sensible) y Ruth Gordon (como la campechana y adorable Minnie Castevet, bruja maldita)  están inolvidables en sus roles como dos amas de casa neoyorquinas (en un Manhattan de cuento de hadas que ya no existe), involucradas en una conspiración diabólica que culmina con un alumbramiento infernal… o tal vez no.

Espléndida, hermosamente realizada, la cinta es un clásico indiscutible del cinema moderno.

 

2) Las Horas (2002)

Dirigida por Stephen Daldry, basada en una novela de Michael Cunningham

La novela de Cunningham (aparecida en 1998), es un hermoso ejercicio en narrativa confesional, metaficción y monólogos internos. Esto hacía que fuera muy arriesgado filmarla, amén de que es desoladora y el público habitualmente va al cine a “divertirse, no a pensar y mucho menos a sufrir”.  David Hare hace un espléndido trabajo de hilar las tres historias y sus actrices (Kidman, Moore y Santa Meryl) se lucen de manera extraordinaria. El espectador, como el lector, no queda indiferente.

 

 

3) The Innocents (1961)

Dirigida por Jack Clayton, basada en una novela de Henry James

Adaptación singular (a manos de Truman Capote, nada menos) de Otra vuelta de tuerca, de James. Cuento de fantasmas gótico en la reprimida Inglaterra victoriana, con un trabajo exquisito de Deborah Kerr (que uno supone, era exquisita en todo); sin embargo, Clayton establece muy bien el clima amenazador y de soterrado erotismo subversivo que Capote explora en el texto. Es quizá la más brillante adaptación que se haya hecho de esta novela y el filme es una maravilla en CinemaScope a blanco y negro, con una persistente sensación de angustia desde el primer encuadre hasta el final sin piedad.

 

 

4) American Psycho (2000)

Dirigida por Mary Harron, basada en una novela de Bret Easton Ellis

Que una mujer se decidiera a filmar la versión de una de las novelas más polémicas de los 90, acusada de ser un manual de técnicas misóginas para torturar, fue toda una càuse-celébre. Sin embargo, el guión elaborado por Harron y la guionista/actriz Guinevere Turner (que es adecuadamente convertida en pita-fajita por el inefable Patrick Bateman) retiene los elementos delirantes y satíricos de la obra de Ellis, revistiendo sus monólogos monocordes de cosas, lugares y gente, con un humor retorcido, bilioso y mordaz, que es el acompañamiento ideal para los baños de sangre (reales o imaginarios, eso lo decide usted) en los que Christian Bale se revuelca, divirtiéndose de lo lindo (y se nota). En su momento, dije que Kubrick hubiera disfrutado mucho de esta comedia de los horrores materiales. Y lo sigo pensando.

 

5) Picnic en Hanging Rock (1975)

Dirigida por Peter Weir, basada en una novela de Joan Lindsay

Esta película, la primera que lanzó a Weir al mundo, es como su fuente original, un objeto de culto. Lady Joan Lindsay nunca se imaginó que al narrar lo que le ocurre a un grupo de colegialas bonitas y bien educadas en una excursión campestre a la formación rocosa de Hanging Rock, causaría tan obsesiva y fervorosa respuesta. La cinta, que ha sido despreciada por algunos por “ser lenta” e “inconclusiva”, captura la atmósfera onírica e intangible de la novela y la traduce en imágenes. Weir, que es un gran cineasta (aún pese a los yugos de los estudios), plasma un sueño dentro de un sueño con una sencillez de recursos que pone a Christopher Nolan en evidencia. Lo suyo no es “apantallar”, si no mostrar estas imágenes para que el espectador trabaje con ellas. Por desgracia, ahora rige una generación que está acostumbrada a los giros vertiginosos de cámara y edición (gracias, Taradino) y menosprecia aquello que no llena los requisitos de sus gustos. Y es una lástima, porque esta es una gran cinta, que una vez vista, para bien o para mal, no se olvida.

 

6) Jules et Jim (1962)

Dirigida por François Truffaut, basada en una novela de Henri-Pierre Roché

La novela semiautobiográfica de Roché da pie a uno de los trabajos más exquisitos de Truffaut, si bien el producto terminado no se parece demasiado al libro. Y no importa. Ambos pueden existir perfectamente como complementos el uno del otro. Jeanne Moreau se parece tanto al amor en su interpretación de una mujer cuya felicidad no está completa sin la presencia de dos hombres en su vida. Aunque es un amor hermoso que eventualmente, como fuerza de la naturaleza, se torna destructivo. Truffaut convierte cada plano de la cinta en una maravilla que nunca envejece.

 

7) Fight Club (1999)

Dirigida por David Fincher, basada en una novela de Chuck Palahniuk

Cuando se estrenó, antes de convertirse en una cinta de culto (y un calamitoso fracaso de taquilla, porque “no les gustó” a las fans juveniles de Brad Pitt), parecía un plan muy arriesgado: la novela de Palahniuk era virtualmente infilmable. No obstante, Fincher le entró al toro por los cuernos (y llevó a la 20th Century Fox al borde del colapso mental) al crear una deslumbrante fábula, visual y vital, sobre el degenere, el nihilismo de fin de siglo, la violencia pasivo-agresiva, los vagos sin oficio, la subversión y las personalidades múltiples. Ed Norton y Homewrecker Bonham-Carter están a la altura de las circunstancias y la cinta logra hermanarse a la novela. Sí, es infilmable… pero funciona.

 

8 ) The Talented Mr. Ripley (1999)

Dirigida por Anthony Minghella, basada en una novela de Patricia Highsmith

Minghella logra algo que muchos cineastas no se atreven, al fungir como adaptadores de una obra considerada icónica. Le da la vuelta y la abre para que funcione para sus propios fines cinematográficos: de este modo, la novela negra de Patricia Highsmith (aunque no era ajena al cine, ya existía la estupenda Plein soleil) se va al otro lado del espejo y explora terrenos que, aunque aludidos ambiguamente en el texto, florecen bajo su mirada. El personaje de Meredith Logue (Cate Blanchett) es una mera invención de Minghella, y sin embargo, se entrelaza perfectamente con los personajes originales, por lo que el guión es tan fascinante como la novela, aún si son dos cosas distintas.

 

9) Kramer vs. Kramer (1979)

Dirigida por Robert Benton, basada en una novela de Avery Corman

Esta es una gran adaptación, básicamente por una razón: Benton (ayudado ampliamente por Dustin Hoffman) toma una novela baratona y mediocre, muy complaciente y sensiblera, y la dota de algo que no tenía: un alma. De este modo, Ted Kramer pasa de ser un pobre hombre agobiado por el divorcio, a ser un padre tridimensional, con tantos defectos como virtudes, y el personaje de Joanna Kramer (Meryl Streep, muy joven en el rol que definió la primera etapa de su carrera) pasa de ser una diletante volátil y con mala leche a ser una mujer en conflicto que toma la decisión más dura: abandonar a su hijo . Benton realiza uno de los filmes más significativos de su época, y si se toma en cuenta su origen, es mayor el mérito.

 

10) El Mensajero (1971)

Dirigida por Joseph Losey, basada en una novela de L.P. Hartley

Filme memorable donde los hay: hermoso, deslumbrante, melancólico, exquisito. Partiendo de la frase iniciática ‘The Past is a Foreign Country. They do things differently there’ (“El pasado es un país extranjero, ahí las cosas se hacen de otra manera”), Harold Pinter adapta la hermosa novela de Hartley para contar, a tiempos fragmentados, el canto de inocencia de Leo en su infancia, cuando opera como cupido entre su anfitriona, Marian (la celestial Julie Christie) y el granjero Ted Burgess (Alan Bates), en contraposición al otoño de su vida, cuando regresa a ese mundo para comprender que sus tiernas acciones tendrían ramificaciones insospechadas. La novela se presta a las manos de artista de Pinter y éste realiza una de las adaptaciones más bellas que se hayan hecho al séptimo arte. Un filme que rompe el alma… pero no deja de dar siempre lo mejor de sí, mejorando en cada visionado, con una mezcla magnífica de escenarios, música (enorme Michel Legrand) y actuaciones. Naturalmente, Hartley estaba orgulloso.

 

Y así como éstas, hay aún más adaptaciones literarias al cine de inmensa calidad. No acabaría nunca de recomendarlas… pero el punto aquí es, que hay más en el mundo del cine y la literatura que Harry o Coprósculo. Y si usted  descubre o vuelve a esos mundos, entonces tiene un tesoro a su disposición, tanto en libros, como en películas.

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