Los otros Alexis - Animal Político
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Ciudadano Cane
Por Miguel Cane
Escritor. Narrador. Periodista. Crítico de cine para Milenio Diario. En 15 años de carrera inin... Escritor. Narrador. Periodista. Crítico de cine para Milenio Diario. En 15 años de carrera ininterrumpida ha entrevistado a numerosas personalidades del mundo del cine. Desde niño ha hecho radio, cine y TV. Autor de la novela \\\"Todas las Fiestas de Mañana\\\". A partir de 2007 reside en Gijón, Asturias. Lector voraz, cinéfilo devoto, excéntrico de tiempo completo. En twitter: @AliasCane (Leer más)
Los otros Alexis
Por Miguel Cane
6 de febrero, 2012
Comparte

“Inútil combate traicionarnos, rechazarnos, darnos la vuelta; existe solo un mandamiento: sé tú mismo. Lo demás vendrá solo.”

Este podría ser el mensaje entre líneas que habita las páginas (no son muchas, menos de 200) de esta pequeña, esbelta y certera novela, escrita con la precisión de un arma, que es mucho más que un libro: también se trata de una llave para encontrar la libertad.

El relato formal es a todas luces una larga epístola que Alexis, el narrador, un músico profesional consumido por su angustia interior, dirige a su cándida esposa, una comprensiva joven llamada Mónica; así desmenuzando dolorosamente el inútil combate (ergo el título) entre sus inclinaciones homosexuales y su vida conyugal. A lo largo de los años transcurridos desde su publicación, el Alexis ha adquirido una serie de matices que conforman parte de su influencia, aún si no todos son compatibles: primeramente y para muchos críticos y estudiosos, constituye un relato revelador y cautivante, de modesta elegancia narrativa (una de las características principales de Yourcenar en todo su cánon) que sirve para introducir al lector no sólo en uno de los mundos narrativos más lúcidos de la literatura francesa contemporánea, sino también en algo igualmente abstracto, pero quizás de mayor trascendencia – ahora bien esto depende del cristal con que se mire-:  la lucha por una libre búsqueda de la propia sexualidad, un tema que sin lugar a dudas es una de las preocupaciones constantes de la Yourcenar a lo largo de su obra, tema aquí tratado de una manera valiente y profunda como nadie se había atrevido a hacerlo antes.

Alexis o el tratado del inútil combate se publicó por primera vez en París en el otoño de 1929 y Marguerite Yourcenar, en el prefacio escrito especialmente para la reedición hecha por Gallimard en 1963, confesó que estuvo a punto de caer en la tentación de retocar algunos momentos del texto original, “para así hacer el balance de un mundo transformado”… acercar a los personajes a los primeros niveles de la revolución sexual de los 60, que vino a redefinir los roles de género, y a terminar de desmitificar el tema tabú que había tocado como pionera: ya para esas fechas se habían publicado obras como La Ciudad y el Pilar de Sal de Gore Vidal, o Confesiones de una Máscara de Yukio Mishima, que habían hablado con más honestidad de situaciones afines y habían alcanzado los niveles de escándalo y prohibición que al Alexis pasaron de largo.

No obstante a los cambios de época, en el mismo texto,  la autora señala por qué decidió evitar estas correcciones: “…viendo las reacciones que aún hoy provoca, este relato parece haber conservado su actualidad e incluso ser de utilidad para algunos”. Lo cual resulta material para constante elucubración histórica: ¿Acaso si Oscar Wilde hubiera leído el Alexis, tal vez no se habría casado con la pobre Constance Lloyd? Tal vez Virginia Stephen jamás se habría convertido entonces, en la señora de Leonard Woolf.

Más allá de cualquier especulación, Alexis es la muestra de las trampas en las que la convención coloca al ser humano, cómodas aunque asfixiantes celdas matrimoniales de donde todos poseen la llave, aún si no lo saben: por otra parte, es también un magistral “retrato de una voz”, como lo han señalado catedráticos literarios desde su publicación, y también se trata de una de las más brillantes exposiciones escritas del tema de la homosexualidad del que pocos se atrevían a hablar con franqueza y sin escarnio en 1927 – año en que lo escribió.

En el Alexis, la trama es engañosamente simple, y su mecanismo comienza a trabajar desde el primer párrafo, salpicado de desesperanza, pero a la larga, emerge de las palabras, revelándose como un texto poseedor de extraño optimismo y elación conforme se acerca al desenlace que no resulta inesperado: situado en un país hoy desaparecido, durante un momento en que las circunstancias históricas transformaron el rostro de toda Europa, finalizando con un mundo y una manera de vivir, Alexis (personaje de enorme sensibilidad, misma que para bien o para mal ha estado expuesta al mundo desde sus primeros años) se detiene a contemplar el mundo en que ahora deberá vivir y así rinde cuenta de esas mismas transformaciones que experimenta en carne propia; de este modo busca la manera menos dolorosa que hay para finalizar con un engaño y para intentar iniciar un nuevo modo de vida entre millones de seres que, a su manera, también lo inician. Llega a un momento de su vida en que decide confesar a Mónica sus inclinaciones sexuales. Esto implica un recorrido preciso y poético por su entorno familiar, dentro y fuera del cerco protector y del influjo de las mujeres de la casa, en una Europa casi Proustiana (la influencia es innegable) que nunca más ha vuelto a existir. La Yourcenar rescata con esta obra un género básico de la literatura decimonónica, la novela epistolar permeándola ahora con un matiz casi religioso: la confesión.

En la vida real, hacer esto supone un proceso mucho más complicado, catártico y naturalmente doloroso: muchos son los otros Alexis, no sólo los personajes históricos como Wilde, Woolf, Vita Sackville-West o André Gide, todos ellos unidos a una pareja, por una multitud de lazos, aunque ninguno realmente basado en la pasión o la libertad. El caso del caballero del clavel verde quizá sea un ejemplo más claro: Wilde se casó con la trágica Miss Lloyd simplemente porque no estaba del todo consciente de su condición, pensaba que era lo más ordinario contraer matrimonio (y en el siglo XIX esto era verdad como un templo), de hecho, su primera relación homosexual con Robert Ross, fue cuando ya estaba casado, después, su amor por Sir Alfred “Bosie” Douglas vendría a ser la ruina de su vida familiar y posteriormente, de su propia carrera y vida.

Sin embargo, más allá de estos casos celebres, hay muchos más, hombres y mujeres ordinarios, muchos de ellos no necesariamente homosexuales, que arrastrados por la convención incurren en la institución matrimonial como un falso recurso, un paliativo, una tienda de campaña en medio de una tormenta de arena, sin comprender que la tormenta la tienen por dentro. He ahí los casos de las parejas unidas por embarazos no planeados, por rutinas acomodaticias, por interés económico; cada una de ellas se verá lastrada por piedras que se van acumulando y arrastran a los implicados a un ahogamiento gradual, que muchas veces culmina infelizmente en escenas de la descomposición de un matrimonio.

Leer el libro por primera vez, y posteriormente releerlo, permite gradualmente un entendimiento por parte del espectador, de lo que la autora ha intentado decirle sin sutileza alguna mediante las palabras y meditaciones de Alexis tal y como se muestra, desnudo en el papel: finalmente quien tú eres irá contigo a todas partes, la negación no es una opción. La libertad sexual que ahora se ha hecho manifiesta, no es gratuita: se ha pagado con los sacrificios de muchas generaciones que nos antecedieron. Al leer, uno no puede evitar preguntarse si acaso realmente es la manera de  romper de golpe con los formulismos convencionales. La conclusión aquí podría ser ambigua: la larga carta que Alexis escribe a Mónica es, por momentos, como un susurro, una voz que comienza a adquirir características individuales para convertirse por sí misma una presencia y no sólo apariencia o descripción, permitiéndonos buscar a través de esa libertad sensual su propio idioma, su propia libertad de expresión, algo que no todos los otros Alexis han conseguido al paso de estos setenta y cinco años, mismos que han visto el tema cambiar ante los ojos de la sociedad, pasando de ser “el amor que no se atreve a decir su nombre” (Wilde dixit) a convertirse en un tópico de actualidad, por lo tanto, los otros Alexis siguen vigentes en estos tiempos, quizás sólo esperando encontrar en sus manos esa llave que los lleve primeramente a sincerarse consigo mismos y con el mundo que los rodea, y después, al trayecto – uno supone largo y difícil- hacia su libertad, como se deja ver en estos párrafos casi al cierre del libro:

“El sufrimiento es uno. Se habla de sufrimiento como se habla del placer, pero se habla de ellos cuando ya nos dominan. Cada vez que entran en nosotros, nos sorprenden como una sensación nueva y tenemos que reconocer que los habíamos olvidado. Son diferentes porque nosotros también lo somos: les entregamos cada vez un alma y un cuerpo modificados por la vida. Y sin embargo, el sufrimiento no es más que uno. No conoceremos de él, como no conoceremos del placer, más que algunas formas, siempre las mismas, de las que estamos presos. Habría que explicar esto: nuestra alma, supongo, no tiene más que un teclado restringido y aunque la vida se empeñe en hacerlo sonar, sólo podrá obtener dos o tres pobres notas.”

 

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.