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Ciudadano Cane
Por Miguel Cane
Escritor. Narrador. Periodista. Crítico de cine para Milenio Diario. En 15 años de carrera inin... Escritor. Narrador. Periodista. Crítico de cine para Milenio Diario. En 15 años de carrera ininterrumpida ha entrevistado a numerosas personalidades del mundo del cine. Desde niño ha hecho radio, cine y TV. Autor de la novela \\\"Todas las Fiestas de Mañana\\\". A partir de 2007 reside en Gijón, Asturias. Lector voraz, cinéfilo devoto, excéntrico de tiempo completo. En twitter: @AliasCane (Leer más)
¡Tengo traumas!
Por Miguel Cane
16 de junio, 2011
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¡Sí! ¿Y qué?
¡Todo el mundo tiene traumas! ¿Yo por qué no?

Si ustedes no quieren enterarse de mis traumas, mismos que ahora procederé a airear sin pudor alguno, les sugiero que, entonces, aquí la corten y vengan la próxima semana.

Pero si ustedes también tienen traumas y a veces se preguntan ay, ¿cómo le haré con mis traumas? A lo mejor la entrega de hoy les sirve de algo. Y si no, da lo mismo, porque al final de cuentas, son muy mis traumas y hoy siento la imperiosa necesidad de ponerlos en perspectiva, así que con permisito…

El otro día hablaba con Viviana Calleja, una amiga mía que es rutilante estrella en estos asuntos de tratar los nervios (yo sé muy poco de gente enferma, pero estoy convencido de que mi amiga es sabia) y le dije ¡TENGO TRAUMAS! (así, en mayúsculas) y ella me dijo que bienvenido al club.

Luego, me ayudó a hacer esta lista de mis traumas, para hacerlos menos temibles de lo que me parecían sin exhibir, como si sólo fueran sucios secretitos.

*A veces tengo la impresión de que a la gente le da vergüenza ser vista conmigo. Yo sé que es ridículo, pero me mortifica que otros se sientan mortificados — y claro, es una cadena de mortificaciones como si fuera el Rosario de Amozoc.

*También hay ocasiones en las que siento que la gente se ríe de mí a mis espaldas. Eso se me quedó desde niño muy grabado. Si miras por encima del hombro, las risitas subceden, o peor, los burlones hacen como que la virgen les habla. No sé qué es más irritante.

*No soporto la palabra inútil. “Ay, niño, es que eres tan inútil… yo no sé de dónde habrás salido tan inútil… ay pero es increíble lo inútil que eres…” Trato de que no me importe… ¡pero es inútil!

*Desde niño siento repentinamente que se me quiere menos. Es decir, muchas veces he sentido que no se me quiere de manera exactamente igual. Cuando se hacen diferencias, aún cuando no las hagan conmigo, no lo soporto.

*Le tengo miedo irracional a un montón de cosas irracionales. Entre ellas, a los robots y autómatas. Me provocan angustia mal plan.

*También tengo fobia paralizante a las gallinas, guajolotes y toda ave de pico afilado.

*Por no dejar, confesaré que tengo un miedo pavoroso a la Revolución Francesa. Sí, ya sé que fue hace mucho, pero eso no quiere decir que no pueda volver a ocurrir.

*Evidentemente, tengo un impresionante y supremo complejo de inferioridad. Nadie en este mundo tiene uno como el mío. ¡Es extraordinario, monumental!

*No soy rencoroso, pero si ocurre algo que me duele, lo más seguro es que no se me vaya a olvidar jamás. Qué lata.

*A veces tengo la sensación de ser como un monito de cilindrero. Si no hago un buen espectáculo, el público no me dará monedas cuando pase el cepillo. (Es simbólico, no pido dinero, ¡no soy un pedigueño!… uno tiene su orgullo…)

*Soy incapaz de aceptar un cumplido o de elegir un regalo para mí. Jamás podría decir “esta boca es mía”. Me da muchísima vergüenza y por eso, casi nunca acepto regalos o cumplidos. Cuando era época de Reyes me daba angussssssssstia.

*Supongo que parte de esto es una derivación de aquél asunto de ser criado con el dogma férreo que rezaba: “tienes que ser un niño bueno para que todo el mundo te quiera.” (Dios no permita que alguien me odie).

*Me da el chincual (es decir, como el sentimiento) de repente y sin motivo.

*Hay ocasiones que, cuando me compro ropa, oigo vocecitas que me dicen “¿para qué te quieres poner eso? ¡No te queda! ¡Todos se van a reír de ti!”

*Constantemente oigo una voz muy familiar que me dice “¿y cuándo, cuándo vas a ir a la peluquería, hijo mío? Pareces un jipi”

*Claro, a veces siento que nunca voy a satisfacer a mis padres plenamente. Luego me digo que eso no importa, que mientras yo esté satisfecho, lo demás es relativo… pero sigo sintiendo en el fondo que no voy a satisfacerlos nunca aunque no sea cierto, ni necesario.

*Nadie creería que odio las fiestas y que me desconecto en ellas, pero es verdad. No soporto los sitios abarrotados de gente y no soporto salir a bares o discotecas donde no se puede hablar. ¡Esto ha contribuido a mi espectacular popularidad!

*Me trauma cuando me echan en cara mi edad. ¡Pero si apenas voy a la mitad de mis treintas! No me importa el paso del tiempo, pero… ¡dénme chance!

*Resiento a la gente que no retiene la puerta del ascensor aún si te ve que vienes corriendo y tirando los bofes. Me parece una leperada.

*Lo mismo con la gente que te conoce y que se hace como que no te ve cuando evidentemente está fingiendo, y encima de todo, te dice a la cara “Ay, es que te juro que no te vi”.

*Me horroriza enterarme que mis cercanos se reúnen entre ellos y yo no fui requerido. Me provoca una profunda tristeza e inseguridad, parecida a la que tenía en mi niñez.

*No soporto las descortesías. Me sublevan. La gente que da la mano sin mirar me parece digna de ser quemada en la hoguera con todo y garras de marca.

*Y me choca sentir que me están “haciendo favores”. Conmigo las cosas son derechas (aunque yo no sea straight) o de plano, mejor no. Pero piedades no.

*Me desconcierta y atemoriza que me cancelen o me cambien abruptamente los planes establecidos. Me siento como vulnerado, como si me quitaran la escalera y nomás pudiera asirme de la brocha… ¡se siente feo!

*Tampoco tolero que me regañen y menos por algo que no hice, por algo que fue accidental, o por obrar de buena fe. Una vez, por accidente, rompí una botella de vino en una Nochebuena, cuando tenía como trece años. Nunca pude convencer a mis padres de que fue un accidente. Ellos juraban que lo había hecho por alguna inexplicable maldad. Lloré tanto que sentí que me iba a quedar ciego. Luego entonces, me “perdonaron” cuando no tenían por qué hacerlo. Nada más de acordarme me da no sé qué. ¡Es un trauma!

*No soporto que me digan cosas a medias. Que me salgan con que se dice el pecado pero no el pecador y menos, cuando tiene que ver conmigo. Me pongo bien paranoide androide.

*Tampoco soporto que la gente no me crea cuando digo algo. Muchos creen que por ser un fabulador miento todo el pinche tiempo. ¡Y no es cierto! Especialmente me zurra cuando estoy diciendo algo que para mí es importante y puedo ver que la persona está pensando en lo bien que le estoy echando mentiras… ¡Me desespero!

*Está de más que diga que a veces me brota una terrible sensación de paranoia, ¿verdad?

*Cuando era pequeño, a todo mundo le hacía gracia que hablara como adultito y que fuera precoz. Claro que luego se acabó el encanto y me quedé en un limbo pavoroso por años (entre los 11 y los 17). He tratado de suprimir, con cierto éxito, los recuerdos de esa época de mi vida, pero hay algunos que nomás no puedo.

*No importa cuánto me arregle para salir a la calle. Siempre va a haber alguien más bonito que yo. Habitualmente eso no me importa, pero hay días en los que me da el chincual por lo mismo. De pronto, por ejamplo, me siento feo como saco de guano mal amarrado o como pegarle a Dios en día domingo.

*Y también me da vergüenza andar exhibiendo mis traumas y pinches complejos, siento que no tengo derecho a andarlos aventando como si fueran cáscaras de plátano.

* Y ya. Me trauma hacer esta pinche lista (que a lo mejor es pendeja) de mis traumas así que aquí la dejamos.

Si de algo les sirvió, me alegro.
Si no les sirvió, me vale, yo ya me ventilé.

No sé si alcanzo catársis, pero al menos me puse a reír un rato mientras escribía… y si me río… bueno, supongo que no estoy tan mal.

(Ay qué vergüenza, ¿ya ves? Ahora todos van a pensar que tienes MUCHOS problemas emocionales. ¿Ya ves? Te lo dije…)

¿Y ustedes? ¿Tienen algún trauma?
Si les da su regalada gana contarlo, este espacio queda infinitamente disponible.

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