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Por La Tlacuila
Margarita Warnholtz Locht (la tlacuila) es etnóloga egresada de la ENAH. Trabajó muchos años c... Margarita Warnholtz Locht (la tlacuila) es etnóloga egresada de la ENAH. Trabajó muchos años con organizaciones indígenas en cuestiones de comunicación, entre otras, coordinó un proyecto de incorporación de organizaciones indígenas a internet a finales de los 90, proyecto con el cual se convirtió en fellow de Ashoka (red internacional de emprendedores sociales). En los últimos años se ha dedicado a difundir información de los pueblos indígenas en la prensa escrita, colaborando con diarios como Excélsior en 2006 y Milenio de 2007 a 2010. (Leer más)
12 de octubre: el silencio como conmemoración
Este 12 de octubre, ¿qué se puede celebrar? ¿Que una de cada tres hectáreas que los gobiernos conceden a las transnacionales para su explotación pertenecen a comunidades indígenas? ¿Que los indígenas son asesinados cuando defienden sus derechos? ¿Que a pesar de que las leyes protegen su patrimonio las autoridades deciden abiertamente violarlas?
Por La Tlacuila
18 de octubre, 2013
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La semana pasada no escribí porque consideré que la mejor manera de conmemorar el 12 de octubre era en silencio. Fecha en que los europeos llegaron a nuestro continente, inicio del exterminio y el despojo a los pueblos indígenas que todavía continúa y al que siguen resistiendo. Por ejemplo, según una nota de BBC Mundo, una de cada tres hectáreas que los gobiernos conceden a las trasnacionales para su explotación, pertenece a comunidades indígenas. Por ejemplo, hace poco más de un mes, asesinaron a 11 indígenas maya kakchikel de una comunidad que se opone a la construcción de una presa en su territorio. Por ejemplo, ya inició y continúa la construcción de la presa Pilares en Sonora, con todo y que hay una resolución de un tribunal agrario que ordena su suspensión y de que no se realizó una consulta adecuada al pueblo guarijío (de eso informamos aquí y aquí). Pero de todo esto hablan muy poco o nada los medios.

Poco se difundió también la mención de honor que recibió la abogada tlapaneca Felícitas Martínez Solano, en la primera edición del Premio Franco-Alemán de Derechos Humanos Gilberto Bosques. Por cierto, sobre esta mujer defensora de los pueblos indígenas escribió Martha Sánchez, otra luchadora indígena, en el periódico el Sur de Guerrero, este excelente artículo.

Lo que sí fue muy difundido, aunque después de una semana ya se olvidó, fue el caso de Irma López Aurelio, la mujer mazateca que dio a luz en el pasto afuera del centro de salud de San Felipe Jalapa de Díaz. Se difundió primero en las redes sociales y, como tuvo mucha circulación, lo retomaron los medios comerciales de información. Estoy segura que de no haber sido así, hubiera pasado desapercibido, pues en realidad es algo que sucede con frecuencia y que nunca había sido noticia, a pesar de las múltiples denuncias que llevan haciendo desde hace años organizaciones de mujeres indígenas, como la Casa de Salud de Mujeres Indígenas “Manos Unidas” y Kinal Antzetik.

Pero fuera de notas de tipo sensacionalista como ésa, es muy poco lo que aparece en los medios de comunicación sobre los pueblos indígenas, que siguen luchando por conservar el poco territorio que les queda después de 521 años.

Volviendo al 12 de octubre, me llegó una reflexión que escribió Alejandro Rendón, de la Red Indígena de Turismo de México sobre la situación actual de los pueblos indígenas, la cual (con su autorización) comparto a continuación en este espacio.

Conmemorando el 12 de octubre cabe preguntarnos ¿cuál es su sentido actual? Recordemos que en México y gran parte de Latinoamérica durante el V centenario del “descubrimiento de América” las culturas indígenas y afrodescendientes, tras el primer encuentro continental de pueblos indios, propusieron la Campaña de 500 años de resistencia indígena, negra y popular, que en México derivó en el impulso de procesos políticos y legislativos que dieron pie a las reformas constitucionales del 2001 sobre la pluriculturalidad del país y el reconocimiento parcial de la existencia de pueblos indígenas diversos y dinámicos. Desde entonces, esta fecha la reconocemos como el día de la resistencia indígena y nos recuerda que aún hay deudas históricas, sociales y económicas que siguen sin resolverse, que continúan las condiciones de miseria, abandono y discriminación.

Atender estas situaciones implica la necesidad de transformación democrática del Estado, donde nuestra participación tiene como bandera la lucha por las diferencias por ser trascendente para el desarrollo social de un país pluriétnico y pluricultural. La democracia, la justicia y la paz aún requieren, desde la agenda de los pueblos indígenas, la resolución de los siguientes temas.

El reconocimiento constitucional de la existencia de los pueblos indígenas, como sujetos de derecho público, de los derechos originarios que como tales les corresponden, y la obligación de legislar en el ámbito local de gobierno para garantizar su pleno ejercicio, legislando lo conducente y pertinente.

El establecimiento del derecho de los pueblos a disponer de los medios materiales y culturales necesarios para su reproducción y crecimiento. De manera especial a la conservación, recuperación y ampliación de las tierras y territorios que han ocupado tradicionalmente, lo que incluye la participación de los beneficios de la explotación de los recursos naturales que se encuentran en sus territorios y en las condiciones de las calidades del hábitat.

La implementación del derecho al desarrollo material y cultural de los pueblos indígenas, que incluye el derecho a definir sus propias alternativas e impulsarlas bajo su responsabilidad; el derecho a participar en los beneficios del desarrollo nacional en una medida que compense el déficit histórico; el derecho a tomar parte en el diseño y ejecución de los objetivos nacionales del desarrollo. Resultando medulares la participación plena, la consulta amplia y el consentimiento libre, previo e informado.

El afianzamiento del derecho al ejercicio y desarrollo de las culturas indígenas, que garantice el acceso a los bienes culturales de la nación y a la participación de los pueblos en la configuración de la cultura nacional. Especialmente asegurando nuestras contribuciones en los campos de la tecnología, la medicina, la producción y la conservación de la biodiversidad.

Garantizar la representación directa de los pueblos en las instancias de los tres ámbitos de gobierno, asegurar las conquistas históricas y legitimar nuestras formas propias de autoridad, representación y administración de justicia.
Entendamos que para nosotros no basta con estudiar y entender la riqueza y la pobreza sino los procesos del enriquecimiento y del empobrecimiento, con todos sus mecanismos, pues son los grandes problemas de la historia social, hoy agravados por las políticas neoliberales en donde también asistimos como sujetos globalizados.

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