¿A Pátzcuaro en día de muertos? ¡No por favor! - Animal Político
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Códices Geek
Por La Tlacuila
Margarita Warnholtz Locht (la tlacuila) es etnóloga egresada de la ENAH. Trabajó muchos años c... Margarita Warnholtz Locht (la tlacuila) es etnóloga egresada de la ENAH. Trabajó muchos años con organizaciones indígenas en cuestiones de comunicación, entre otras, coordinó un proyecto de incorporación de organizaciones indígenas a internet a finales de los 90, proyecto con el cual se convirtió en fellow de Ashoka (red internacional de emprendedores sociales). En los últimos años se ha dedicado a difundir información de los pueblos indígenas en la prensa escrita, colaborando con diarios como Excélsior en 2006 y Milenio de 2007 a 2010. (Leer más)
¿A Pátzcuaro en día de muertos? ¡No por favor!
Se acerca el día de muertos, los habitantes de la zona del lago de Pátzcuaro, Michoacán, se preparan para rendir culto a sus difuntos. Me sorprenden las cifras: ¿20 mil visitantes a una islita que tiene unos 2,500 habitantes?
Por La Tlacuila
26 de octubre, 2012
Comparte

Se acerca el día de muertos, los habitantes de la zona del lago de Pátzcuaro, Michoacán,  se preparan para rendir culto a sus difuntos. Están ya comprando las veladoras, preparando los platillos y planeando estrategias para evadir a los visitantes, particularmente a los reporteros y a los antropólogos. El gobierno estatal ya anunció orgullosamente que espera más de 150 mil turistas de los cuales, de acuerdo a cifras de años anteriores, más o menos la mitad van a la zona del mencionado lago. Los lancheros de Pátzcuaro, esperan transportar unas 20 mil personas a la isla de Janitzio.

Me sorprenden las cifras: ¿20 mil visitantes a una islita que tiene unos 2,500 habitantes? No sé cómo se puede mover tanta gente, y menos cómo caben en el panteón, porque tooodos van al panteón, como si fuera un lugar turístico y el culto a los muertos un espectáculo.

Los reporteros, camarógrafos y similares, preparan equipos para hacer transmisiones en vivo, y guiones para narrar las ceremonias, como hacen para los partidos de futbol. Los antropólogos, alistan sus cuestionarios para interrogar a los lugareños, a quienes a estas alturas del siglo XXI siguen llamando “informantes” y “sujetos de estudio”.  Y los turistas preparan sus cámaras para subir a Facebook sus fotos frente a alguna tumba bien bonita. Los hoteleros y restauranteros se frotan las manos haciendo cálculos de sus ganancias, ganancias de las que llega muy poco o nada, a las personas que van a hacer su ceremonia al cementerio.

Los purépechas que viven en Janitzio y en comunidades a la orilla del lago, ya no hallan qué hacer para poder convivir con sus muertos en paz. Según me han contado (voy a Pátzcuaro seguido pero nunca he ido en día de muertos) los camarógrafos pisan las tumbas buscando una buena toma de las de enfrente y les piden que se hagan a un lado para acomodar los reflectores; los antropólogos los acosan con preguntas como por qué ponen 60 veladoras y no 70 (y se decepcionan cuando la respuesta es “porque no me alcanzó para más” en lugar de referirse a algún simbolismo exótico del número en cuestión). Los turistas preguntan si no les venden los tamales que van a poner en la ofrenda, o dónde pueden comprar unas cervezas (para bebérselas ahí en el cementerio).

fotocodices

Los lugareños, hartos ya de esa situación que empeora año con año, han optado por realizar sus verdaderas ceremonias en la madrugada o en sus casas, huyendo de los paparazzi. Pero no es lo mismo, pues de acuerdo a sus creencias, los muertos llegan al panteón y a una hora determinada, aunque probablemente los mismos difuntos ya también se hayan visto obligados a cambiar sus horarios. No me extrañaría que en unos años (si no es que ya sucede), cambien de fecha su celebración sin decirle a nadie y ya solamente monten el espectáculo el 2 de noviembre para los visitantes; o que trasladen el cementerio a algún lugar recóndito que mantengan clandestino e igualmente dejen el actual para el show; y que se inventen respuestas exóticas para los antropólogos, como ya sucede en muchas partes, donde ya saben qué quieren oír y donde los rituales auténticos los hacen fuera de su alcance.

Mientras los indígenas están dando clases en universidades, creando empresas o peleando por sus derechos en Naciones Unidas, (lo cual no quiere decir que hayan perdido su cultura y sus tradiciones) hay antropólogos que siguen yendo a las comunidades a “hacer investigación” sobre las fiestas y los rituales.

Me viene a la mente una doctora en antropología, que lleva 30 años trabajando en cierta zona de Guerrero, que cada año va a la fiesta del pueblo y ha escrito cientos de páginas sobre las ofrendas, las danzas, las ceremonias y demás manifestaciones culturales, incluyendo análisis e interpretaciones de las mismas; pero cuando quise comentar con ella sobre el movimiento que se dio hace unos años para impedir que se hiciera una presa en la región, que iba a desplazar a todos los nahuas de la zona, resultó que nunca se había enterado del asunto.

Recuerdo también una vez que estuve en la selva del Darién, en Panamá, en una comunidad emberá a donde me invitaron porque estaban armando un proyecto de comunicación. Ellos acostumbran pintarse el cuerpo con pulpa de jagua (un árbol de la región). Cuando llegué allá recordé que había leído en algún lado que se pintaban cuando iban de cacería para protegerse de los malos espíritus de los animales y otra versión que decía que se pintaban para reconocer su posición en la sociedad o el grupo al que pertenecían. Por ejemplo, los jóvenes se pintaban de una forma y los adultos de otra, para diferenciarse (por si hay chamacos canosos que se confundan con los ancianos, supongo…)

No pude evitar preguntarles por qué se pintaban y debo confesar que esperaba alguna explicación relacionada con lo que había leído, pero la respuesta fue otra: “para que no nos piquen los zancudos”.  Quedé un poco frustrada, pero por no haber preguntado antes, sino porque para entonces ya me habían picado a mí cantidad de bichos ¡por no saber que había un vegetal que servía de repelente! Por pura ociosidad le hice la misma pregunta a otra persona y me respondió que para protegerse de los animales. O sea que de esa respuesta sí podía salir la teoría sobre los malos espíritus de las fieras salvajes, pero entonces le pregunté que de cuáles animales y me dijo, con cara de que era más que obvio, que de los mosquitos. Ya no pregunté más, para no quedar como antropóloga, pero después una señora me comentó que a las mujeres les gustaba pintarse figuras delgaditas y a los hombres más gruesas y que a veces se pintaban su animal favorito o se ponían de moda algunos dibujos. O sea, pensé, sus pinturas tienen más o menos el mismo significado que el color o el tipo de la ropa que usamos acá.

Hay antropólogos que están trabajando de la mano con los indígenas, por ejemplo en la defensa de sus derechos, otros que están estudiando grupos urbanos, algunos comienzan a trabajar sobre las redes sociales, pero sigue habiendo muchos que viven de los rituales ajenos, que van a buscar algún nuevo “significado semiótico” para poder presentar una ponencia en un coloquio o escribir un artículo que les dé puntos para subir en el escalafón laboral y que les aumenten el sueldo.

Hacen congresos en los que se reúnen a hablar de temas como la medicina tradicional, o a analizar la situación de los pueblos indígenas en la actualidad, después de haber pasado tres días en una comunidad. ¿Por qué no invitan a los indígenas que viven en las comunidades a que expliquen su situación? ¿O por qué no invitan a los abogados, ingenieros, médicos o economistas indígenas a que la expongan? ¿Será porque para ellos, los indígenas siguen siendo los que hacen ceremonias exóticas, o se pintan para “espantar a los espíritus”? Me pregunto: ¿eso no es discriminación?

 

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.