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Por La Tlacuila
Margarita Warnholtz Locht (la tlacuila) es etnóloga egresada de la ENAH. Trabajó muchos años c... Margarita Warnholtz Locht (la tlacuila) es etnóloga egresada de la ENAH. Trabajó muchos años con organizaciones indígenas en cuestiones de comunicación, entre otras, coordinó un proyecto de incorporación de organizaciones indígenas a internet a finales de los 90, proyecto con el cual se convirtió en fellow de Ashoka (red internacional de emprendedores sociales). En los últimos años se ha dedicado a difundir información de los pueblos indígenas en la prensa escrita, colaborando con diarios como Excélsior en 2006 y Milenio de 2007 a 2010. (Leer más)
Además de todo, en Guerrero no funcionan los servicios de salud
Si en Chilpancingo, la capital del estado, sucede lo que sucede, evidentemente es peor en las zonas rurales. Eso no lo piensan ni el presidente ni los diputados y senadores al disminuir el presupuesto para la salud, que es obviamente lo más indispensable para la vida de cualquier persona. Es el rubro en el que más se debería de invertir; de nada sirve la educación si te mueres de apendicitis, de nada los grandes proyectos de PROSPERA si las mujeres fallecen dando a luz.
Por La Tlacuila
21 de noviembre, 2014
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Antier regresé de Guerrero; estuve en Chilpancingo, Acapulco, algunos pueblos de la Costa Chica y de la Montaña. En todos lados es notoria la ausencia de los 43 estudiantes de Ayotzinapa desaparecidos. Encontré personas que donaron diversos artículos o dinero a la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero, Movimiento por el Desarrollo y la Paz Social (UPOEG) para la búsqueda de los estudiantes; vi mensajes alusivos a los jóvenes normalistas en comercios, taxis y plazas públicas, y me tocaron las casetas liberadas (o tomadas, según quieran verlo). Platiqué con algunos policías comunitarios, visité un campamento tortuguero, a un grupo de productores de café de la Montaña (temas que tocaré en otra ocasión), y a algunos amigos. Todo el mundo pendiente de los estudiantes desaparecidos, pero a la vez la vida cotidiana continúa. Con los problemas y las carencias de siempre.

Me encontré con una amiga y un amigo que viven en Chilpancingo y ambos están enfermos, sin recursos para atenderse en hospitales privados. Ella es una líder que ha participado en distintas organizaciones, siempre en apoyo a los pueblos indígenas; él es originario de Cochoapa el Grande y dedica parte de su tiempo a apoyar a personas mixtecas detenidas. Los dos acudieron al seguro popular pero no recibieron atención.

Antonio me contó que le dijeron que el médico que le corresponde a su colonia pidió su cambio, entonces no hay quien lo atienda hasta el 15 de diciembre. Tiene una hernia que quién sabe si no reviente antes, se la detectaron en un hospital particular, donde pagó 150 pesos por la consulta, dinero que tardó un mes en reunir. Le cuesta 30 mil pesos la cirugía. Su mamá acaba de morir en un hospital de Chilapa (tenía como 55 años), a donde la llevó Toño desde Cochoapa el Grande, porque allá le dijeron que no tenían lo necesario para atenderla. No supieron ni siquiera qué padecía.

Estando allá, vi tres noticias relacionadas con el tema. Una, dice que los programas de salud han tenido una disminución de 28% desde 2013, otra anuncia la entregara de 10 unidades médicas móviles para la región de la Montaña, que atenderán a 77 mil personas de la zona, y una tercera afirma que el Seguro Popular cubre enfermedades solo en el papel. Ésta última se refiere solamente a determinadas enfermedades, pero por lo que vi ahora en Guerrero y lo que he visto en otras partes, parece ser que lo mismo sucede con cualquier padecimiento. No hay atención, no hay médicos, no hay medicinas.

Si en Chilpancingo, la capital del estado, sucede lo que sucede, evidentemente es peor en las zonas rurales. Eso no lo piensan ni el presidente ni los diputados y senadores al disminuir el presupuesto para la salud, que es obviamente lo más indispensable para la vida de cualquier persona. Es el rubro en el que más se debería de invertir; de nada sirve la educación si te mueres de apendicitis, de nada los grandes proyectos de PROSPERA si las mujeres fallecen dando a luz.

Simplemente no hay atención médica adecuada en las zonas marginadas del país, y con unidades médicas móviles como las que funcionarán en la Montaña de Guerrero es poco lo que se puede resolver. No me parece muy lógico poner unidades móviles donde las carreteras están intransitables. Yo pensaba ir a Tlapa desde Marquelia pero me advirtieron que el coche no iba a pasar. Llegué con trabajos como a la tercera parte del camino, evadiendo derrumbes y hoyos, partes en las que no queda pavimento, etc., y eso por la vía principal. ¿Cuántas veces se quedarán atascadas sus unidades móviles? Ni con doble tracción (que no creo que tengan) podrán llegar a las comunidades más necesitadas.

Por otro lado, según la información del propio gobierno guerrerense, tendrán un médico y una enfermera cada una, es decir, por cada 7 mil 700 habitantes. Y eso cuando el médico y la enfermera asistan, porque si piden cambio como en el caso de Toño en Chilpancingo, o se ausentan por otras razones, van a terminar las unidades médicas como los centros de salud de las comunidades: casi siempre sin personal. Hace poco, un señor de la región en cuestión me comentaba que cuando llegaba a haber enfermera o médico en el centro de salud, solamente les ayudaban cuando les dolía la cabeza o tenían diarrea, aunque casi nunca había medicinas; y si era algo más complicado, nomás les decían que se fueran al hospital más cercano. Comentaba que eso no servía para nada, que para esos males tenían ellos remedios caseros, o había médicos tradicionales que sabían cómo tratarlos. Que lo que realmente hacía falta era atención para problemas más serios y no la había.

Las unidades médicas móviles darán servicios de atención primaria y atenderán enfermedades como diarrea e infecciones respiratorias, promoverán métodos de planificación familiar y verán cuestiones de nutrición. Es decir, lo mismo que hacen los centros de salud cuando llegan a funcionar (en más de 20 años que llevo visitando comunidades indígenas con frecuencia, nunca he visto un centro de salud abierto). Pero no van a resolver los casos de enfermedades más graves, que es lo que hace falta, como decía aquel señor y como queda demostrado con el caso de la mamá de Antonio y con muchos otros.

Parece ser que también harán diagnósticos de otros tipo de enfermedades, pero de nada sirven los diagnósticos si no se recibe la atención necesaria. ¿O acaso van a trasladar al hospital a las personas que lo requieran? Si logran llegar, ¿habrá médico que los atienda? ¿Habrá cirujanos? ¿Habrá medicamentos? Si no los hay en la capital del estado, veo difícil que quienes realmente tengan una enfermedad grave puedan sobrevivir, por más unidades médicas móviles que distribuyan en donde no hay carreteras adecuadas. Otras preguntas: ¿quién pagará la gasolina de las unidades? ¿Quién supervisará si asisten los médicos y enfermeras? ¿Tendrán de verdad medicamentos? ¿Cuántos de los recursos destinados a estas unidades llegarán a su destino y cuántos se quedarán en las cadenas de corrupción? ¿Cuánto pagará, por ejemplo, el personal médico a los supervisores por no reportar sus faltas?

Dirán que soy pesimista, pero no puedo más que imaginar a las unidades médicas móviles en unos meses estacionadas, semi abandonadas, en alguna cabecera municipal. Lo que se necesita realmente son hospitales, donde se puedan hacer cirugías, donde se pueda tratar de verdad padecimientos serios. Donde haya médicos y medicamentos, no alguien que, después de dos horas de espera, te diga que no llegó el doctor que te corresponde. O un par de helicópteros que trasladen a los enfermos a hospitales que sí funcionen, de esos helicópteros que usan los funcionarios para ir a entregar cosas a la Montaña, porque tardan mucho en llegar por carretera.

Mientras siga disminuyendo el presupuesto para la salud, mientras continúe la corrupción y mientras no se destinen los recursos a lo que verdaderamente se necesita, las personas seguirán muriendo por enfermedades curables. De nada sirven las unidades médicas móviles o los centros de salud que dan atención básica, en los que se ha invertido por años sin que funcionen. Lo que se necesita son hospitales bien equipados, con personal y medicamentos. Por ejemplo, uno en cada cabecera municipal. Estoy segura que costarían mucho menos que la en estos días tan famosa “Casa Blanca”, ya por no hacer cálculos de cuántos se podrían construir con lo que está costando el avión presidencial, o con lo que cuesta cada viaje en helicóptero de los funcionarios.

 

@yotlacuila

 

 

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