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Por La Tlacuila
Margarita Warnholtz Locht (la tlacuila) es etnóloga egresada de la ENAH. Trabajó muchos años c... Margarita Warnholtz Locht (la tlacuila) es etnóloga egresada de la ENAH. Trabajó muchos años con organizaciones indígenas en cuestiones de comunicación, entre otras, coordinó un proyecto de incorporación de organizaciones indígenas a internet a finales de los 90, proyecto con el cual se convirtió en fellow de Ashoka (red internacional de emprendedores sociales). En los últimos años se ha dedicado a difundir información de los pueblos indígenas en la prensa escrita, colaborando con diarios como Excélsior en 2006 y Milenio de 2007 a 2010. (Leer más)
Casa del jaguar negro: turismo con dignidad
U´najil Ek Balam lleva seis años funcionando porque los socios están convencidos de que, aunque las ganancias no sean muchas, es importante tener un lugar así, que genere empleos para la comunidad, que les permita conservar la selva y tener algo propio, en lugar de ser empleados con salario mínimo y discriminados en los hoteles de Cancún.
Por La Tlacuila
29 de noviembre, 2013
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Después de recorrer hace un par de semanas varios sitios turísticos de la península de Yucatán, e indignarme al ver cómo en muchas partes y algunos guías tratan a la gente, a las personas mayas que habitan en la zona, como si fueran un objeto más de atracción para los visitantes, fui a dar a un lugar en el que el panorama es completamente distinto. Un lugar en el que los dueños del hotel, –o parador ecoturístico como prefieren llamarlo– son personas de la comunidad, que muestran con orgullo las bellezas de su tierra, que presumen de sus conocimientos sobre la naturaleza, que cuidan del medio ambiente y que abren las puertas de sus casas a los visitantes por el simple gusto de compartir con ellos.

Una empresa de turismo indígena cuyos propietarios son 13 mayas, que dan trabajo a otros 15 (hombres y mujeres) y además distribuyen una parte de sus ganancias (que por cierto todavía no son muchas) entre los ejidatarios de la comunidad. El lugar se llama U´najil Ek Balam (casa del jaguar negro) y está situado a unos 25 kilómetros de la ciudad de Valladolid, junto a la zona arqueológica de Ek Balam.

Las cabañas están construidas con materiales de la región.

Las cabañas están construidas con materiales de la región.    Foto: Margarita Warnholtz

 

Fui a dar ahí por recomendación del personal de la Red Indígena de Turismo de México (RITA), de la cual forman parte. En el lugar hay como 10 cabañas, situadas prácticamente en medio de la selva, sencillas pero con todos los servicios: camas cómodas, ventilador, baño con agua caliente. (Eso sí, no hay ni televisión ni Internet). Como llegué sin avisar ni reservar, cual turista despistada, no había servicio en el restaurante, entonces uno de los socios, el señor Gudberto, me invitó a comer a su casa con su familia. Después, me instalé en una cabaña (por la que pagué 450 pesos,  el 15% de lo que cobraban en Tulum por una cabaña muy similar pero sin ventilador ni agua caliente) desde donde pude disfrutar de los impresionantes sonidos de la selva al anochecer.

A la mañana siguiente fui a dar un paseo por la selva, acompañada de un guía que me fue diciendo los nombres de los árboles, los arbustos, los pájaros y algunos insectos, en español y en maya. Como tenía yo poco tiempo no nos adentramos mucho, o sea que, según me dijeron, me perdí de ver a los monos que están un poquito más adentro (“y con suerte hasta un jaguar”). Tienen 42 hectáreas de selva reforestada.

 

Un pedacito de selva. Foto: Margarita Warnholtz

Un pedacito de selva.       Foto: Margarita Warnholtz

 

Tampoco hice ninguna de las otras excursiones y paseos que ofrecen, pero me los describieron. Me contaron que hay dos cenotes que se pueden visitar, administrados por otras empresas indígenas, uno de ellos tiene una tirolesa y además de nadar se puede practicar rapel. También hay paseos en lancha por los manglares, baños de temascal y renta de bicicletas. Además, llevan a los visitantes a conocer cómo cultivan sus milpas y a recorrer el pueblo y ver el trabajo de los artesanos.

 

Tejiendo hamacas Foto: cortesía de RITA

Tejiendo hamacas.     Foto: cortesía de RITA

 

Ofrecieron llevarme a un lugar de la selva en donde hay piezas arqueológicas que “son piezas labradas que como no se pueden mover ahí se quedaron, nosotros estamos acostumbrados a verlas, normales, pero cuando empezó a venir gente nos dijeron que eran muy importantes, entonces las cuidamos y se las enseñamos a los turistas que les interesen”. Me contaron también que este año no les ha ido muy bien porque no ha llegado mucha gente, piensan que es porque les falta promoción, porque no tienen dinero para anunciarse en televisión o periódicos, aunque están conectados con grupos europeos de turismo solidario que los visitan.

U´najil Ek Balam lleva seis años funcionando, al principio eran 24 socios pero ya solamente quedan 13, ya que algunos se retiraron por motivos de salud y otros porque no veían ganancias “y ya no creyeron en el proyecto”. Pero los 13 que continúan están convencidos de que, aunque las ganancias no sean muchas, es importante tener un lugar así, que genere empleos para la comunidad, que les permita conservar la selva y tener algo propio, en lugar de ser empleados con salario mínimo y discriminados en los hoteles de Cancún. Confían en que con el tiempo podrán ganar más y continuamente están capacitándose. Cuando llegué había un curso para “guías de senderismo”; han tomado cursos de primeros auxilios, de computación y de administración, entre otros.

Salí de ahí fascinada con el lugar, por la belleza natural del mismo, pero más que nada, por la calidez, amabilidad y dignidad de la gente. Es un lugar de verdad muy recomendable para ir a pasar un par de días, además de que la zona arqueológica es bellísima y todavía se puede recorrer y subir sin tropezarse con miles de turistas, como sucede en Chichén Itzá.

Pequeña muestra de Ek Balam   Foto: Margarita Warnholtz

Pequeña muestra de Ek Balam.       Foto: Margarita Warnholtz

 

Según me dijeron, es mejor hacer reservación antes de ir y avisar qué actividades se quieren realizar, o comprar un paquete, porque así ellos pueden tener todo listo para dar un buen servicio, pues como es un lugar pequeño y son pocos, no siempre tienen todo disponible (aunque las cabañas siempre están listas). Que por ejemplo, si yo hubiera reservado, sí hubieran tenido abierto el restaurante, y un guía disponible a mi llegada. Pero bueno, como no avisé, tuve la oportunidad de conocer a don Gudberto y su familia e hice el paseo por la selva en la mañana, en lugar de cuando llegué, por la tarde.

Si alguien está interesado en ir a la casa del jaguar negro, puede reservar vía la RITA al correo [email protected]

 

@yotlacuila

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