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Por La Tlacuila
Margarita Warnholtz Locht (la tlacuila) es etnóloga egresada de la ENAH. Trabajó muchos años c... Margarita Warnholtz Locht (la tlacuila) es etnóloga egresada de la ENAH. Trabajó muchos años con organizaciones indígenas en cuestiones de comunicación, entre otras, coordinó un proyecto de incorporación de organizaciones indígenas a internet a finales de los 90, proyecto con el cual se convirtió en fellow de Ashoka (red internacional de emprendedores sociales). En los últimos años se ha dedicado a difundir información de los pueblos indígenas en la prensa escrita, colaborando con diarios como Excélsior en 2006 y Milenio de 2007 a 2010. (Leer más)
¿De qué se quejan si siempre han tenido hambre?
Efectivamente, la Montaña de Guerrero lleva mucho tiempo en la pobreza, pero resulta que ahora está peor porque se perdieron las cosechas, que lo poco que la gente ha tenido para comer -que es lo que cultiva- este año desapareció, no existe.
Por La Tlacuila
6 de diciembre, 2013
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Después de dos meses de casi olvidado el tema, la semana pasada algunos medios de información recordaron la situación de los habitantes de la montaña de Guerrero, afectados por la tormenta tropical Manuel a mediados de septiembre pasado. El periódico El Universal publicó un reportaje en el que Abel Barrera, director del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, afirmó, entre otras cosas,  que “hay una crisis humanitaria en las comunidades indígenas de la Montaña y la hambruna ya está en la puerta”.

Al día siguiente, salió en el mismo diario una nota en la que la secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles, declaró que no hay hambruna en la montaña, que desde hace siglos hay hambre, que “ya estaba así cuando nosotros llegamos” y que ya están trabajando para evitar una crisis. Como quien dice, de qué se quejan si siempre han tenido hambre. ¿Es eso lo que quiso decir la señora Robles?  Efectivamente, esa región lleva mucho tiempo en la pobreza, pero resulta que ahora está peor porque se perdieron las cosechas, que lo poco que la gente ha tenido para comer -que es lo que cultiva- este año desapareció, no existe. ¿Será que Robles en sus sobrevuelos en helicóptero por la zona no alcanzó a apreciar que ya no había milpas?  (¿Sabrá lo que es una milpa y todo lo que en ella se cultiva?)

El mismo día en que aparecieron estas irresponsables (por decir lo menos) declaraciones de Robles, Barrera, quien lleva más de 20 años trabajando en la zona, caminando por las comunidades, respondió en una entrevista con Ricardo Rocha que, si bien sí ha llegado apoyo de Sedesol (nadie lo duda), sí hay hambruna en la región, (o sea que el apoyo no ha sido suficiente). Mencionó una propuesta de abastecer a cada familia con tonelada y media de maíz, 300 kilos de frijol y 300 de arroz, para garantizar su alimentación ahora que inicia la temporada de secas.

Llamé a Tlachinollan para que me explicaran más sobre esa propuesta, pues creo que con el conocimiento que tienen de la región y la seriedad de su trabajo, pueden saber mejor que los funcionarios de escritorio cómo resolver el problema. No estaba Abel Barrera, pero Román Hernández Rivas, encargado del área de comunicación, me la explicó y me comentó que ya se la plantearon al subsecretario de Participación Social y Desarrollo Comunitario de Sedesol, Javier Guerrero García.

Lo primero que me aclaró Hernández es que la propuesta surgió del Consejo de Comunidades Damnificadas de la Montaña de Guerrero, formado a los pocos días del desastre por 200 comisarios de igual número de localidades afectadas en 13 municipios, que se han estado reuniendo desde septiembre cada sábado para trabajarla, con el equipo de Tlachinollan y con el apoyo de técnicos especializados. Me dijo también que la propuesta se basa en la obligación del Estado de garantizar el derecho a la alimentación, plasmada en el artículo 4to constitucional, y que se trata de una propuesta para una situación de emergencia. Es decir, “no se trata de una política asistencial, sino de un mecanismo extraordinario de protección de derechos que están en riesgo”.

En síntesis, lo que plantean es que se distribuya a cada familia lo mínimo necesario para garantizar su alimentación durante un año, para que puedan dedicarse a reconstruir sus viviendas, sus caminos y sus pueblos, para que no tengan que salir a buscar trabajo a otro lado y puedan rehabilitar la siembra del ciclo de lluvias y recuperar su producción agrícola de autosubsistencia. Para ello requieren que el gobierno federal compre maíz, frijol y arroz que sean distribuidos a las comunidades, por ejemplo, mediante la red de Diconsa, o con algún otro mecanismo, pero en coordinación y con la supervisión del Consejo para asegurar que el alimento llegue a quienes tiene que llegar.

Proponen que se entregue tonelada y media de maíz, 300 kilos de frijol y 300 de arroz a cada familia, cantidad establecida como necesaria con base en los cálculos de las propias comunidades y en estudios especializados sobre el tema. En suma, con cerca de 31 mil toneladas de maíz y poco más de 6 mil de frijol e igual cantidad de arroz se garantizaría el abasto de 20 mil familias de 200 comunidades por un año. Según me dijo Román Hernández, el costo de lo anterior asciende a poco menos de 262 millones de pesos, es decir, menos del 1% de lo que el presidente Enrique Peña Nieto anunció hace unas semanas que se destinaría a la reconstrucción de Guerrero.

No conformes con hacer los cálculos de lo necesario, los integrantes del Consejo de Comunidades Damnificadas se reunieron con representantes de la Asociación Nacional de Empresas Comercializadoras de Productores del Campo, A.C. (una red de organizaciones campesinas productoras y comercializadoras de granos básicos, con presencia en 16 estados del país), quienes les garantizaron que los apoyarían suministrando el alimento requerido a buenos precios.

Mientras Rosario Robles se justifica diciendo que ya había hambre antes de que ella llegara, la gente de la montaña se organiza y busca solucionar sus problemas, como lo ha hecho siempre. No están pidiendo que les den de comer de a gratis o nomás porque sí. Están apelando a la obligación del Estado de responder ante una situación de emergencia, mientras logran salir adelante y volver a su normalidad, mientras pueden volver a producir su propia comida y reconstruir sus comunidades, sus vidas.

¿Quién mejor que ellos sabe lo que necesitan? Ciertamente no Robles, que acaba de llegar. Ojalá tan rápido como respondió a la declaración de Abel Barrera sobre la hambruna en la montaña, respondiera positivamente a la propuesta que están presentando las comunidades afectadas organizadas. Ojalá no espere a que comiencen a morir los niños de hambre para entonces repartir despensas con productos innecesarios.

 

@yotlacuila

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