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Por La Tlacuila
Margarita Warnholtz Locht (la tlacuila) es etnóloga egresada de la ENAH. Trabajó muchos años c... Margarita Warnholtz Locht (la tlacuila) es etnóloga egresada de la ENAH. Trabajó muchos años con organizaciones indígenas en cuestiones de comunicación, entre otras, coordinó un proyecto de incorporación de organizaciones indígenas a internet a finales de los 90, proyecto con el cual se convirtió en fellow de Ashoka (red internacional de emprendedores sociales). En los últimos años se ha dedicado a difundir información de los pueblos indígenas en la prensa escrita, colaborando con diarios como Excélsior en 2006 y Milenio de 2007 a 2010. (Leer más)
¿Hacia dónde vamos con ese despilfarro?
Mujeres indígenas de América Latina se reunieron esta semana para ejercer su liderazgo, como parte del encuentro que desde 2009 organiza cada año la Alianza de Mujeres Indígenas de Centroamérica y México, ONU-Mujeres y el Programa Universitario México Nación Multicultural. Acá su visión sobre desarrollo profesional y sus condiciones de vida.
Por La Tlacuila
4 de octubre, 2013
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En esta semana tuve la oportunidad de convivir por un par de días con un grupo de mujeres extraordinarias. Martha Sánchez Néstor, coordinadora de la Alianza de Mujeres Indígenas de Centroamérica y México (de quien ya he escrito antes aquí), me invitó al Diplomado para Fortalecer el Liderazgo de Mujeres Indígenas. Éste es un evento que se realiza anualmente desde 2009 en el DF, al que asisten dirigentes de diversos pueblos indígenas de México y otros países de Centroamérica.  Este año vinieron de Guatemala, Panamá, Nicaragua, Honduras y Costa Rica.

Coordinaron el diplomado Guadalupe Martínez Pérez, de la Alianza de Mujeres Indígenas de Centroamérica y México, y Mirna Cunningham, presidenta del Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas de la ONU. Se trataron temas como la participación política de las mujeres, la importancia de los conocimientos ancestrales, y la violencia intrafamiliar. Se expusieron también los diversos instrumentos internacionales y leyes nacionales en materia de derechos humanos, derechos de las mujeres y derechos indígenas y bueno, muchos temas más a lo largo de las dos semanas que dura el curso, que termina mañana. Más que un evento meramente académico, el diplomado es un encuentro de experiencias y saberes, con la espiritualidad como eje transversal, que de acuerdo a las organizadoras, es un elemento necesario para fortalecer los valores y el aspecto ético del liderazgo de las mujeres.

Foto: Cortesía PUMC

Foto: Cortesía PUMC

Entre las expositoras estuvieron presentes, además de Guadalupe Martínez, Martha Sánchez y Mirna Cunningham (quien fuera rectora fundadora de la Universidad de las Regiones Autónomas de la Costa Caribe Nicaragüense, coordinadora de la Cátedra Indígena Intercultural del Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y El Caribe y es Doctora Honoris Causa de la UNAM), Otilia Lux de Coti, dirigente guatemalteca maya k´iche, que fue diputada y ministra de Cultura y Deportes de Guatemala, así como integrante de la Comisión de la Verdad de ese país, y ex integrante del Foro Permanente para Cuestiones Indígenas de la ONU, y Leonida Zurita, lideresa de la Confederación Nacional de Mujeres Bartolina Sisa de Bolivia, quien fuera además senadora y secretaria de relaciones internacionales del Movimiento al Socialismo, partido al que pertenece el actual presidente boliviano Evo Morales.

Ellas, con su experiencia, trayectoria y formación académica, transmitieron a las estudiantes el significado de ser una lideresa indígena: los largos caminos que hay que recorrer y las miles de barreras que han tenido que romper. Pero además les transmitieron su energía, su ejemplo y su actitud de entrega a sus pueblos.

El diplomado está organizado por el Programa Universitario México Nación Multicultural (PUMC) de la UNAM y la Alianza de Mujeres Indígenas de Centroamérica y México, con apoyo de ONU-MUJERES y de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas. Las estudiantes del diplomado son, todas ellas, mujeres con importante trabajo en sus regiones. Algunas me contaron parte de su historia, historias que, con el permiso de ellas, comparto brevemente en este espacio.

Imelda Monserrat Zepahua Vásquez es una joven de la Sierra de Zongolica, Veracruz. Pertenece a la organización Kalli Luz Marina, que lleva siete años trabajando con mujeres indígenas de la región. Ella me contó: “Nos creamos a partir de la indignación por la muerte de Ernestina Ascencio, mujer violada por militares. Ante la violencia que se vive en la sierra y la negligencia de las autoridades, hemos emprendido estrategias para poder nosotros como mujeres acceder a la justicia. Ofrecemos asistencia psicológica, legal, social y de gestiones (de forma gratuita). Antes trabajábamos solo en dos municipios  pero ahora hasta nos llega gente de Oaxaca y de Puebla”.

Maricela Tenorio Flores es originaria de la región de la Mixteca Baja de Oaxaca, pero radica en el Valle de Chalco, Estado de México. Salió de su comunidad con su familia por problemas económicos y porque uno de sus hermanos requería atención médica especial, que no había en su localidad. “Ya estando en Chalco nos encontramos con cuestiones muy difíciles para nosotros, desde pequeños empezamos a sentir en carne propia la discriminación y yo me cuestionaba el porqué del trato así… a raíz de la discriminación mucha gente empieza a negar de dónde es, deja de hablar su lengua, y veo jóvenes que son por ejemplo drogadictos y eso es parte de que no se valoran como personas porque no tienen cimentadas sus raíces”. Cuando estudió en la UPN la carrera de educación indígena, conoció personas de otros estados y se dio cuenta de la importancia que tenía su identidad, y comenzó a trabajar con grupos de las comunidades eclesiales de base de su colonia el tema de la importancia de la cultura y la identidad.

Noemí Tuz Canté es maya de Peto, Yucatán. Es licenciada en turismo y cuando terminó sus estudios tuvo que regresar a su pueblo porque se enfermó su mamá. Ahí no podía ejercer su carrera, entonces buscó otras alternativas y comenzó a trabajar en cuestiones de reforestación y conservación del medio ambiente. Entró a un curso de agricultura ecológica en la escuela U Yits Ka’an. Empezó como estudiante y ahora ayuda en la coordinación de la escuela. “Trabajamos con campesinos y ejidatarios, la finalidad es la soberanía alimentaria, que se logre tener cultivos de una calidad adecuada, sin el uso de agroquímicos que perjudican la salud. En la escuela hacemos el análisis de que  a los campesinos nos han cambiado la manera de producir, el gobierno supuestamente ayuda con paquetes productivos que incluyen agroquímicos que dañan la salud”.

Naidira Leonidas, miskita de la Costa Atlántica de Nicaragua, trabaja como promotora en una organización que se llama Wangki Tangni. Imparten talleres sobre derechos humanos, de las mujeres y derechos indígenas. También hacen foros sobre los problemas en las comunidades y el fortalecimiento comunitario. Además apoyan a mujeres que viven violencia intrafamiliar. “Ellas van en busca de la organización para que las acompañen a la comisaría de la mujer, cuando una mujer tiene problema nosotras la ayudamos”. Naidira es socióloga y colabora también en un proyecto de su organización para la erradicación de la violencia hacia las mujeres que incluye programas de radio  y capacitación a mujeres y a jueces comunales.

Foto: Cortesía PUMC

Foto: Cortesía PUMC

María Petrona Alvarado Castañeda fue regidora de la ciudad de Campeche y después trabajó en la presidencia municipal de Hopelchén. Ahora apoya y asesora a mujeres mayas, a través de su organización, llamada Caja Comunal Siglo XXI donde también forman promotoras de derechos humanos.

Dianela Navili, kuna de Panamá, habla de su pueblo: “Somos el pueblo kuna de la Comarca Kuna Yala, donde somos semi autónomos, pero también tenemos discriminación a las mujeres, entre nosotros mismos, entre mujeres y hombres. Hemos avanzado como pueblo, tenemos tecnología, tenemos profesionales, pero siento que nos falta mucho en el tema de la mujer. Las kunas necesitamos empoderarnos, en algunos temas como la política, nacional y dentro de la comarca”. Me contó que se vinculó al movimiento indígena desde que estaba en el vientre de su madre, pues ella siempre fue luchadora y perteneció a varias organizaciones.

Alberta García Mercado, mazahua de Michoacán, se casó a los 15 años y tiene cuatro hijos. “La necesidad me hizo involucrarme en movimientos con mujeres porque mi niña era muy enfermiza, entonces una doctora me dijo que era yo muy inteligente y que me capacitara para que atendiera a las mujeres de mi comunidad, dar medicina preventiva. Así me fui involucrando”. Su suegra la discriminaba y no le gustaba que trabajara, entonces regresó con todo y su esposo a su pueblo. Allí en 2006 comenzó a trabajar en una organización que se llama Visión Mundial, como promotora comunitaria, y luego la asamblea la eligió como representante de la comunidad. Actualmente trabaja en la Casa de la Mujer Indígena Mazot dando atención a mujeres en situación de violencia.

Todas estas mujeres y las demás que están en el diplomado, así como las que han participado en años anteriores, trabajan por sus comunidades y aportan mucho al beneficio de las mismas. Hablando con Virginia Flores Flores, o´dam de Durango y también asistente al diplomado, me comentaba que no entendía por qué hay tantas instituciones gubernamentales y agencias no gubernamentales que tienen programas supuestamente a favor de los pueblos, con cantidades estratosféricas de dinero, y luego vas a las comunidades y la gente sigue en condiciones terribles. “No impactan, no pasa nada. Nadie le da seguimiento a nada, avientan los programas, lo que importa es el funcionario que está en ese momento, el asunto es que hay que aplicar los recursos y al otro año ya no nos acordemos, no hay seguimiento, ¿hacia dónde vamos con ese despilfarro?”

Me quedé pensando que, sin duda, el trabajo de hormiga que realizan estas mujeres beneficia en muchos aspectos más a sus comunidades, que los programas gubernamentales que se hacen desde los escritorios de los burócratas.

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