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Por La Tlacuila
Margarita Warnholtz Locht (la tlacuila) es etnóloga egresada de la ENAH. Trabajó muchos años c... Margarita Warnholtz Locht (la tlacuila) es etnóloga egresada de la ENAH. Trabajó muchos años con organizaciones indígenas en cuestiones de comunicación, entre otras, coordinó un proyecto de incorporación de organizaciones indígenas a internet a finales de los 90, proyecto con el cual se convirtió en fellow de Ashoka (red internacional de emprendedores sociales). En los últimos años se ha dedicado a difundir información de los pueblos indígenas en la prensa escrita, colaborando con diarios como Excélsior en 2006 y Milenio de 2007 a 2010. (Leer más)
Información incompleta y errores en la investigación académica sobre pueblos indígenas
Muchos investigadores cumplen con sus cuotas de publicaciones, sacando varios artículos o libros sobre el mismo tema, en los que no aportan nada nuevo, sino que se plagian a sí mismos. Pero así funciona el mundo académico en este país, el sistema está estructurado de manera que el que más gana es el que más cuartillas produce, no el que elabora material de calidad, y menos aún el que aplica sus conocimientos a la realidad.
Por La Tlacuila
1 de noviembre, 2013
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En estos días me llegó una invitación al “lanzamiento” de la plataforma digital del Sistema de Consulta de Organizaciones Indígenas y Conflictos Étnicos de las Américas (SICETNO). No pude asistir al evento, pero entré inmediatamente al sitio web en cuestión y me encontré con bases de datos plagadas de errores e información incompleta.

El SICETNO es un proyecto del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, encabezado por la Doctora Natividad Gutiérrez Chong. Según el tríptico que acompañaba la invitación, el sistema contiene dos bases de datos: una es un registro de 168 organizaciones indígenas de México, Ecuador y Bolivia y la otra es sobre conflictos étnicos en las Américas.

Revisé primero la base de datos de organizaciones e inmediatamente me saltaron a la vista cantidad de errores, siendo el más obvio que hay nueve repetidas, una de ellas aparece cuatro veces, otras, dos o tres. Otro es que en las organizaciones de Ecuador aparece la ciudad de Quito como si fuera un estado (además allá son provincias, no estados). En una, por ejemplo, en el campo de ciudad dice “Provincia de Imbabura” y en el campo de estado dice Quito. O sea, como poner ciudad: Oaxaca, estado: Distrito Federal. Algo más o menos similar pasa con las de Bolivia, que aparecen algunas en la ciudad de Santa Cruz del estado de La Paz. La verdad, ya nada más con eso, a mí me daría pena hacer una presentación pública.

Me encontré además con otros errores, menos obvios pero muy notorios para quienes más o menos sabemos del tema. Aparecen organizaciones que ya no existen, como el Consejo Guerrerense 500 Años de Resistencia Indígena Negra y Popular, que se desarticuló hace como 10 años; o la Asamblea Nacional Indígena Plural por la Autonomía, que desapareció no recuerdo si en 2009 o 2010 (no han dado de baja la personería jurídica pero ya no existe la organización). Otras aparecen con páginas web equivocadas, domicilios que ya no son, o con “Domicilio Conocido” en la ciudad de Morelia, por ejemplo. A ver quién la encuentra…

En la presentación de la base de datos sobre conflictos étnicos de las Américas, dice que “incluye el registro completo de cada uno de los sesenta y ocho casos vigentes de etnicidad en conflicto y que son localizados en las tres regiones del continente americano”. Son 82 y no 68 -qué bueno que sean más de los que dicen- pero definitivamente no son, por mucho, todos los que existen. Más adelante explica que se hizo una búsqueda de tipo “cualitativo”, entonces supongo que por eso no son todos (aunque esto se contradice con lo de que “cada uno de los sesenta y ocho casos vigentes”), pero por más que leí la metodología y el enfoque teórico que dicen aplicaron, y la lista de conflictos, no entendí por qué incluyeron esos 82 y no otros, además de que muchos son imprecisos.

Para no extenderme mucho, menciono solamente dos ejemplos. El número 16 dice “Libertad para un dirigente zapoteco”, refiriéndose a Joel Aquino Maldonado, cuando fue detenido en el año 2000. Primero, no es un conflicto vigente, salió muy poco después y, de entonces para acá, hasta fue detenido y liberado por lo menos una vez más. Segundo, ¿por qué se menciona ese caso como conflicto y no el de los presos políticos mapuche, que lleva años y sigue vigente? (aquí hay un poco de información sobre eso). El número 47 se titula “Desplazamiento de habitantes indígenas del pueblo awá por los actores armados” (en Colombia). Ese sí es un conflicto viejo y vigente a la vez, pero no solamente de los awá, sino de los nasa, guambianos, pijao, coyaima, totoró, guanaco y muchos otros pueblos indígenas de Colombia, localizados en el territorio resaltado en el mapa que aparece en la misma página. ¿Por qué lo reducen al pueblo awá?

¿Dónde están, por ejemplo, el conflicto actual de los yaquis por la construcción del acueducto Independencia, o el de la presa El Tambor en Guatemala, donde hubo una masacre hace poco? Etc. etc. etc.

Leyendo la presentación del proyecto, resulta que las bases de datos del “sistema” son “insumos” de dos investigaciones que obtuvieron financiamiento de la Delegación de la Comisión Europea en México. Iniciativa Europea para la Democracia y los Derechos Humanos, del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) y del Programa PAPPIT – DGAPA de la UNAM, y que iniciaron (o por lo menos los financiamientos) en 2006. Además, son 15 investigadores los que han participado o participan en el proyecto. Es decir, cantidad de dinero, de tiempo y de personas, para hacer algo incompleto, con datos equivocados, y errores de todo tipo.

Conozco varios colegas que tienen en su memoria (cerebral, no RAM) más organizaciones y más conflictos “étnicos”, que tal vez necesitarían un par de meses para sistematizarlos y a lo mejor alguien que les ayudara con la parte técnica, pero nada más. Y no lo han hecho o porque están trabajando en cosas un poco más productivas, o porque nadie les ha pagado por hacerlo. De verdad no lo puedo creer: ¿15 investigadores, más de seis años de trabajo, para “detectar” 82 conflictos de pueblos indígenas en América y 168 organizaciones de tres países? Perdón, pero simplemente en mi directorio personal tengo más.

El lanzamiento del SICETNO se programó para esta semana en la ciudad de Oaxaca, supongo que para coincidir con el Primer Congreso Internacional “Los pueblos indígenas de América Latina, siglos XIX-XXI. Avances, perspectivas y retos”, que culminó ayer en dicha ciudad. Se reunieron cientos, si no es que más de mil académicos, divididos en 156 simposios de distintos temas, con unas diez ponencias cada uno.

Revisando el programa, me encontré con algunos temas interesantes y de utilidad para los pueblos indígenas (que por cierto no fueron invitados al evento), presentados en su mayoría por profesionales que no están metidos en el mundo académico, sino trabajando al lado de los pueblos. Y me encontré con muchos investigadores que presentaron el mismo tema que llevan años (algunos, décadas) presentando. Esos que van a los congresos para conseguir constancias de participación, que les dan puntos para subir en el escalafón de su centro de trabajo (y ganar más dinero), o les sirven para entrar al (o mantenerse en el) Sistema Nacional de Investigadores, que agregan un párrafo o un par de diapositivas a la ponencia que llevaron al congreso anterior. Que se vuelven expertos, por ejemplo en temas como “los juguetes de los niños mayas” o en las ofrendas de día de muertos en el pueblo tal, pero no saben que ese pueblo está peleando para que no pongan una mina en su territorio (si quieren más ejemplos, aquí escribí algunos otros hace tiempo). No sé si piensen que sus temas son muy interesantes o útiles para resolver la situación que viven los pueblos indígenas en la actualidad.

Pero esto no solamente se da en los congresos o con “grandes” y costosos proyectos como el SICETNO, se da también en la cotidianidad de las instituciones académicas. Muchos investigadores cumplen con sus cuotas de publicaciones, sacando varios artículos o libros sobre el mismo tema, en los que no aportan nada nuevo, sino que se plagian a sí mismos. Pero así funciona el mundo académico en este país, el sistema está estructurado de manera que el que más gana es el que más cuartillas produce, no el que elabora material de calidad, y menos aún el que aplica sus conocimientos a la realidad. De esta manera, tenemos un montón de investigadores cobrando por darle vueltas a lo mismo, poco o nada críticos, cooptados, trabajando temas que no causen ruido, y muy pocos comprometidos y trabajando en beneficio de la sociedad.

 

@yotlacuila

 

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