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Por La Tlacuila
Margarita Warnholtz Locht (la tlacuila) es etnóloga egresada de la ENAH. Trabajó muchos años c... Margarita Warnholtz Locht (la tlacuila) es etnóloga egresada de la ENAH. Trabajó muchos años con organizaciones indígenas en cuestiones de comunicación, entre otras, coordinó un proyecto de incorporación de organizaciones indígenas a internet a finales de los 90, proyecto con el cual se convirtió en fellow de Ashoka (red internacional de emprendedores sociales). En los últimos años se ha dedicado a difundir información de los pueblos indígenas en la prensa escrita, colaborando con diarios como Excélsior en 2006 y Milenio de 2007 a 2010. (Leer más)
Los 20 años del EZLN en voz de dirigentes indígenas
A 20 años del surgimiento del EZLN, los líderes indígenas Irma Pineda, Cecilio Solís Librado y Rufino Domínguez comparten lo que ha significado para ellos el movimiento zapatista.
Por La Tlacuila
3 de enero, 2014
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Antier se cumplieron 20 años del surgimiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Casi todos los medios de comunicación hablaron del tema, pero no encontré ninguno que recogiera la opinión de los indígenas al respecto, así que solicité a algunos dirigentes de diversas organizaciones que me enviaran brevemente sus apreciaciones. Comparto aquí las tres que me llegaron.

 

Irma Pineda, poeta zapoteca, ex presidenta de Escritores en Lenguas Indígenas, A.C.

Después de siglos de discriminación, exclusión, marginación, señalados como seres sin alma, sin valor, sin derechos, cuando aquel 1 de enero de hace dos décadas irrumpía en la escena nacional el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), al grito de ¡Ya basta! ¡Nunca más un México sin nosotros!, muchos indígenas vimos la esperanza, nos permitimos entonces soñar un país mejor, un país que sí reconociera a su población indígena con toda la plenitud de las culturas, lenguas, diversidades.

Hoy, a veinte años del levantamiento armado de los hermanos zapatistas, podemos mirar que aquel grito desesperado abrió algunos caminos, algunas brechas por donde se han colado reformas constitucionales donde se reconoce  a México como un país sustentado en sus pueblos originarios, pasaron algunas leyes como la que oficializa nuestras lenguas nativas, se han creado instituciones que en teoría deben atender las demandas específicas de los pueblos indígenas; sin embargo, cuando volteamos hacia la realidad, nos damos cuenta de lo mucho que ha quedado solamente en los discursos, ya que no hay cambios estructurales que estén mejorando las condiciones de vida de los indígenas, seguimos viendo y viviendo un panorama desolador, con mayor pobreza, el aumento de la migración, el desplazamiento de comunidades enteras;  con una educación indígena que sólo asigna una hora semanal para el estudio de las culturas locales, con maestros fuera de su contexto lingüístico, carentes de materiales didácticos; con el desplazamiento acelerado de las lenguas que hablamos; con poblaciones en condiciones de vida precarias porque no cuentan con caminos que permitan la llegada de servicios de salud.

Y lo anterior no es algo que le toque resolver solamente a los hermanos zapatistas o a las autoridades , es responsabilidad de cada uno de los mexicanos, empezando por despojarnos del tremendo racismo que aún nos embarga y que no nos permite mirar al otro como igual, es responsabilidad de cada pueblo valorar su propia cultura, hacer algo para fortalecerla, para seguir transmitiéndola a las siguientes generaciones, para que los niños sigan hablando sus lenguas, para que mantengan los valores propios de la comunidad.

Cuando volteamos a revisar lo ocurrido en estos últimos veinte años podemos afirmar que la presencia del EZLN contribuyó enormemente para que muchos indígenas empezáramos procesos de reflexión, de análisis, diálogos, aprendizajes y luchas sobre nuestras condiciones de vida, culturas, lenguas, educación, alimentación, organización social, lo cual provocó otras movilizaciones, si no en la lucha armada, sí en la intelectual, académica, social, lingüística y literaria, y creo que debemos continuar, porque es cierto que este país ha cambiado mucho desde 1994, pero aún nos falta mucho más por hacer para llegar a construir una sociedad más justa, un mundo donde quepan muchos mundos, donde se entienda que aunque somos diferentes, no queremos ser desiguales.

 

Cecilio Solís Librado, fundador y ex presidente de la Red Indígena de Turismo de México, fundador de la Red de Turismo Comunitario de América Latina

Hace dos décadas el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional hizo pública su existencia desde las montañas del sureste mexicano. Seguramente a esas dos décadas habría que sumarle otros tantos tiempos en el proceso de consenso y difusión de una lucha diferente por parte de sus bases. Asimismo, y casi al mismo tiempo, se dio a conocer la firma del Tratado de Libre Comercio entre Canadá, Estados Unidos y México.

Los primeros, bajo el consenso de sus bases y simpatizantes, se esforzaron en la búsqueda de cambiar las condiciones de vida de los pueblos indígenas y de despertar conciencias en un México que, taciturno, no miraba o de plano no sabía de la existencia de aquéllos; y por la otra parte, había una visión frenética de un México que con la firma del TLC cuasi podría llegar al “primer mundo”.

¿Qué tanto han cambiado las condiciones de los pueblos indígenas ante estos dos eventos tan distantes el uno del otro? Por un lado, el EZLN logró poner en primeras planas de la prensa nacional e internacional lo que ocurría, los índices, las estadísticas y formas de vida de los pueblos indígenas y con ello llamar la atención de propios y extraños. E incluso lograr incidir en la política pública nacional hacia la construcción de leyes que debiesen ser en pro de los pueblos indígenas, pero como de la política a la ejecución hay un buen trecho, las condiciones de los pueblos indígenas, no sólo de Chiapas sino del país en su conjunto, no han cambiado de forma sustancial, y bastaría revisar los Índices de Desarrollo Humano, las estadísticas del INEGI o CONAPO, entre otras, para darse cuenta de ello.

Por otro lado, el del TLC, las nuevas leyes y las reformas a la constitución no sólo no han beneficiado a los pueblos indígenas sino que a decir de las realidades han permitido la concesión de miles de hectáreas  a empresas mineras, madereras y de otra índole que, ante la riqueza de recursos naturales de los territorios indígenas, miran en ellos no sólo la extracción de dichas riquezas y la violación constante de sus derechos fundamentales, individuales y colectivos, sino mano de obra barata y, ante la necesidad, el engaño y la mirada complaciente y corrupta de una serie de políticos y políticas, se enriquecen a costa de la degradación de la Madre Tierra y la explotación de los pueblos indígenas.

A dos décadas de distancia se puede observar que las condiciones de vida y la mejoría de las leyes que pudieran brindar una mejor y más amplia participación pública y política de los pueblos indígenas, dista mucho de los planteamientos de entonces. Dichos planteamientos se han renovado y han ido tomando nuevos tonos, pero temas como el de la consulta y la participación plena y efectiva, el acceso a la información para otorgar el consentimiento libre y previo de los pueblos indígenas, no son ni en un mínimo una realidad, y así, en la realidad, el tan anhelado Desarrollo con Identidad no encuentra el eco correspondiente.

Así pues, se mira cómo de a poquito los territorios indígenas se hacen cada vez más pequeños, igual o peor que en la Colonia. Si el actual gobierno no ve hacia esas nuevas realidades y no hace lo pertinente para pailar esa situación, seguro el descontento será la llave que abra la posibilidad de nuevas rebeldías, y no por gusto sino por la imperiosa necesidad de justicia y seguridad, como en su momento brotó el EZLN que aportó para despertar conciencias y animar a otras miradas.

 

Rufino Domínguez, ex coordinador del Frente Indígena de Organizaciones Binacionales, fundador y ex director del Centro Binacional para el Desarrollo Indígena Oaxaqueño y actual director del Instituto Oaxaqueño de Atención al Migrante

El EZLN, desde su levantamiento y hasta cumplir su XX aniversario, ha dado rostro, imagen, voz a los pueblos y comunidades indígenas. Ahora es un orgullo ser indígena, reconocer nuestra identidad milenaria y hablar nuestro idioma en público y en los medios de comunicación sin ningún temor, aunque nos sigan discriminando. Por los zapatistas surgieron innumerables organizaciones de hombres y mujeres indígenas en todo el país, así como jóvenes líderes y lideresas. Desnudaron al sistema político mexicano respecto a la marginación, abandono y la miseria en que viven los indígenas, han hecho propuestas muy profundas para el país que el gobierno no ha reconocido, como la Ley de Derechos y Cultura Indígena y, aunque de manera muy parcial, se logró reformar la Constitución Mexicana en relación a los pueblos indígenas.

Los zapatistas enseñaron a México y al mundo que sí es posible vivir en autonomía dentro de un país como México, han aportado mucha literatura sobre su movimiento y los indígenas, inspiración de organizarse por los derechos y la justicia que muchas veces no llega por quienes les corresponde impartirla. Consiguieron popularidad en el mundo entero por sus causas y la causa de los indígenas, con aliados internacionales de muchos países. Motivaron el surgimiento de muchas radios comunitarias, en donde se escuchan los idiomas y canciones indígenas en muchas partes de los pueblos y comunidades en todo México. Han desarrollado y siguen desarrollando liderazgos de mujeres y hombres en escuelas para que sigan con el movimiento a largo plazo, y saben escuchar, como lo demuestra el hecho de que la guerra duró solo 10 días.

Lo preocupante es que en estos 20 años no han sido escuchados ni atendidos por el gobierno federal. Todos los gobiernos los han ignorado como que si nada pasara, ni los ven, ni los escuchan y quieren que el tiempo termine con el EZLN. Es una falta enorme de responsabilidad de un Estado con sus ciudadanos, ni un gobierno federal ha tenido la iniciativa de acercarse para resolver los problemas ancestrales.

Los pueblos y comunidades indígenas están actualmente un poco mejor que en 1994 sólo en aquellas comunidades en donde hay mucha migración, porque son los migrantes los que han mejorado a sus familiares y sus comunidades, no el gobierno. Pero en donde no hay migración los pueblos y comunidades indígenas están igual o peor. Los migrantes han contribuido a la gobernabilidad de sus estados y al país, han desarrollado grandes infraestructuras en beneficio de sus comunidades de origen. Pero la migración ha empezado a descender y eso significa que habrá menos dinero y entonces vendrán los problemas serios. Para los pueblos y comunidades en donde no hay migración no hay viviendas dignas, centros de salud eficiente, carreteras, luz eléctrica, teléfono. El campo se ha abandonado por completo ante la falta de un buen precio a sus productos, porque el TLC vino a invadir con productos chatarras.

 

@yotlacuila

 

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