¿Para qué los pisos firmes si no hay salud? - Animal Político
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Códices Geek
Por La Tlacuila
Margarita Warnholtz Locht (la tlacuila) es etnóloga egresada de la ENAH. Trabajó muchos años c... Margarita Warnholtz Locht (la tlacuila) es etnóloga egresada de la ENAH. Trabajó muchos años con organizaciones indígenas en cuestiones de comunicación, entre otras, coordinó un proyecto de incorporación de organizaciones indígenas a internet a finales de los 90, proyecto con el cual se convirtió en fellow de Ashoka (red internacional de emprendedores sociales). En los últimos años se ha dedicado a difundir información de los pueblos indígenas en la prensa escrita, colaborando con diarios como Excélsior en 2006 y Milenio de 2007 a 2010. (Leer más)
¿Para qué los pisos firmes si no hay salud?
¿De qué sirve que renuncien un par de médicos cuando una mujer pare en la calle, si los hospitales continúan sin contar con la infraestructura suficiente para atender a la población? Sí, muchas veces el personal médico es sin duda el responsable, pero otras muchas no. También he escuchado historias de médicos desesperados porque no cuentan con las mínimas condiciones para atender a los pacientes, o que ponen a veces de su bolsillo para los medicamentos. ¿Por qué no le piden entonces la renuncia al secretario de salud?
Por La Tlacuila
31 de enero, 2014
Comparte

En estos días nos enteramos de que, una vez más, una mujer dio a luz afuera de un hospital. Es el sexto caso registrado en el estado de Oaxaca en menos de un año, y estoy segura de que hay muchos casos similares en otras partes del país, que no han llegado a la prensa. Desafortunadamente, la falta de atención médica, particularmente a personas indígenas, no es algo reciente; lo nuevo es que ahora, por las facilidades de las tecnologías de información, algunos casos llegan a los medios.  Pero este tipo de sucesos son parte de la cotidianidad de mucha gente.

Hace un par de meses, en una comunidad maya de Yucatán, un señor me contó cómo su nieta de 13 años murió por falta de atención médica. Se puso mal, se le cerró la garganta y no podía respirar, la llevaron al centro de salud más cercano (a 15 kilómetros por carretera) y les dijeron que ahí no podían hacer nada, que la llevaran a Valladolid (a una hora más de camino en transporte público). Llegaron al hospital de esa ciudad y, después de una larga espera, la vio un médico y les dijo que no tenía nada, que se regresaran a su casa. Un par de horas después de que llegaron a su comunidad, la niña falleció.

Historias como éstas he escuchado muchas, muchísimas. Siempre es lo mismo, no hay atención médica en las comunidades, aunque haya flamantes centros de salud recién pintados, pero casi siempre cerrados, o abiertos pero sin medicamentos y atendidos por una enfermera que, aunque haga su mejor esfuerzo, no puede resolver muchos de los casos que le llegan. Entonces la gente hace el esfuerzo de ir hasta una población más grande, donde haya un hospital, pero de nada sirve porque no los atienden adecuadamente. A veces porque no tienen con qué pagar, (aunque se supone que no deberían cobrarles), otras por pura discriminación, porque “como no hablaba bien español no quisieron atenderme, que porque no me entendían”, y en otras ocasiones porque, aunque el personal médico haga todo lo que esté a su alcance, simplemente no hay los recursos necesarios en los hospitales. Y es cuando terminan dando a luz en la banqueta, o regresan a morir a su casa, o tienen que buscar un hospital privado y endeudarse por el resto de su vida.

Cuando una noticia de éstas llega a los medios, inmediatamente las autoridades salen a decir que se investigará a fondo y se castigará a los responsables, pero generalmente no sucede nada de eso. Y cuando se hace algo, es despedir o solicitar su renuncia al médico que estaba en turno o al director del hospital, como si con eso se resolviera el problema. En el caso de esta semana, sucedido en Huajuapan de León, se anunció inmediatamente que “apegados a la política de cero tolerancia, tanto el director de la clínica como el doctor que recibió a la paciente han presentado su renuncia”.

Pero yo me pregunto, ¿de qué sirve que renuncien un par de médicos, si los hospitales continúan sin contar con la infraestructura suficiente para atender a la población? Sí, muchas veces el personal médico es sin duda el responsable, pero otras muchas no. También he escuchado historias de médicos desesperados porque no cuentan con las mínimas condiciones para atender a los pacientes, o que ponen a veces de su bolsillo para los medicamentos. ¿Por qué no le piden entonces la renuncia al secretario de salud? ¿O a los que designan el presupuesto insuficiente? ¿O a quienes se embolsan los recursos? O… ¿al presidente? No se le puede pedir al sistema… pero podrían por lo menos intentar cambiarlo.

La falta de atención médica es algo cotidiano en las comunidades indígenas, pero también se da en otras partes, por ejemplo aquí mismo, en la capital del país. Recuerdo al papá de un amigo saliendo de un hospital del IMSS con todo y sonda, porque estaba cansado de estar parado en la sala de urgencias, porque no tenían ni camillas; o a la abuela de una persona muy cercana a mí, que murió en el mismo hospital en la misma sala de urgencias porque nadie la atendió; o a una señora que conozco, a cuyo bebé de tres meses se niegan a vacunar porque aún no está registrado, ¿o sea que, como no tiene un papel, no tiene derecho a la salud, a la vida?

Pero eso sí, cada informe de gobierno, estatal o federal, nos cacarean la cantidad de nuevos centros de salud construidos,  que de qué sirven si no hay médicos, y nos cacarean los millones de nuevos afiliados al Seguro Popular, que reciben la misma atención que antes de afiliarse, o sea poca o ninguna, pero claro, ya engrosaron las estadísticas…

Estadísticas que no hace falta revisar para darse cuenta de que nada tienen que ver con la realidad. Mi primera estancia en una comunidad rural fue en 1981, y desde esa época comencé a enterarme de casos (y presenciar algunos) de falta de atención médica que terminan en pérdida de órganos, amputaciones, muertes o, en el mejor de los casos, familias enteras (completitas: padres, tías, hermanos, compadres) endeudadas de por vida por salvar a algún pariente.

Hasta la fecha, no he dejado de escuchar este tipo de historias, casi cada vez que visito alguna comunidad. Eso sí, he visto nuevas escuelas, hay lugares a los que ahora llego en coche y antes solamente se llegaba caminando, ya hay energía eléctrica donde antes no había, y en todas partes están poniendo “pisos firmes”. Pero ¿de qué sirve todo eso si la gente se sigue muriendo por falta de infraestructura y servicios médicos? Es más que obvio que, el señor de Yucatán cuya nieta murió, hubiera preferido que la atendieran y se salvara, a que le pusieran el piso firme en su casa.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.