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Por La Tlacuila
Margarita Warnholtz Locht (la tlacuila) es etnóloga egresada de la ENAH. Trabajó muchos años c... Margarita Warnholtz Locht (la tlacuila) es etnóloga egresada de la ENAH. Trabajó muchos años con organizaciones indígenas en cuestiones de comunicación, entre otras, coordinó un proyecto de incorporación de organizaciones indígenas a internet a finales de los 90, proyecto con el cual se convirtió en fellow de Ashoka (red internacional de emprendedores sociales). En los últimos años se ha dedicado a difundir información de los pueblos indígenas en la prensa escrita, colaborando con diarios como Excélsior en 2006 y Milenio de 2007 a 2010. (Leer más)
Pese a la violencia, empresas indígenas de Guerrero intentan prosperar
En el estado de Guerrero hay varias empresas indígenas de cafetaleros, mezcaleros, artesanas, productores de jamaica, prestadores de servicios turísticos, que a pesar de la violencia y la situación actual se mantienen y trabajan día a día para crecer, al mismo tiempo que se preocupan por mejorar la situación de sus comunidades. Si tuvieran más apoyo, muy probablemente la situación del estado sería diferente.
Por La Tlacuila
19 de diciembre, 2014
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“Antes nuestros abuelos quién sabe cómo le hacían, aquí no había nada y había que irse caminando hasta San Luis Acatlán o Tlapa, los pueblos más cercanos. Pero vivían y tenían para comer. En cambio ahora la gente no tiene, no tiene ni para comer. ¿Por qué? Porque nos han acostumbrado a decir ‘dame, dame’, más ahora con el programa PROSPERA, antes OPORTUNIDADES”. Así se expresa Wuilverd Nicolás Rojas, un joven tlapaneco de Iliatenco, Guerrero, con el que estamos conversando sobre la Sociedad de Producción Rural Cafeticultores de la Montaña Alta de Guerrero, de la cual forma parte. El tema sale porque dice que no consiguen trabajadores para cosechar. Comenta que con esos programas le dan dinero a la gente “por cualquier cosa” y entonces ya nadie quiere trabajar y por eso no mejoran sus condiciones. “Producen zánganos, les avientan una migaja y ya con eso creen que están bien”, dice.

Nos cuenta cómo están organizados ellos y cómo trabajan. Son 19 socios, cada uno con una pequeña parcela cafetalera. Entre todos producen cerca de 2 mil kilos de café al año y lo comercializan en grano, porque no han podido comprar la maquinaria necesaria para venderlo molido y empacado. Tampoco han podido certificar su café, con lo cual lo venderían mejor, porque les cuesta alrededor de 150 mil pesos hacerlo, y lo que ganan de utilidades anuales no pasa de 20 mil pesos en total. Eso porque lo venden en Oaxaca o Michoacán, más o menos a 70 pesos el kilo, porque si lo vendieran al acaparador “un señor de Atoyac que compra todo el café del estado y se lo revende a la Nestlé”, ganarían menos todavía, pues paga solo 10 o 12 pesos por kilo. Producen muy poco como para vender a empresas grandes o exportar, entonces lo venden básicamente a restaurantes.

Wuilverd Nicolás en su parcela. Foto: Diego García

Wuilverd Nicolás en su parcela. Foto: Diego García

“Del café podemos sacar mucho, pero al inicio hay que invertirle y si queremos mejorar tenemos que hacer las cosas bien, es nuestro trabajo”, dice Nicolás Rojas, porque, afirma, no quieren quedarse como la gente que lleva años vendiéndole al acaparador su grano, sino que buscan poder comercializar café ya empacado, el cual asegura que venderían muy bien en la zona, sobre todo en los pueblos de la Costa Chica o en Acapulco.

Entre todos los socios deciden dónde van a vender y a qué precio, se reúnen periódicamente para ver cómo van, y se ayudan unos a otros en sus parcelas. Cuando una ya está lista para la cosecha van todos a trabajar ahí, y si alguno tiene problemas en su terreno los demás lo apoyan. Tratan de mejorar sus plantas permanentemente para aumentar la producción y la calidad. Por ahora ganan poco, pero están trabajando para crecer en conjunto. “Vamos a prosperar todos juntos, no nomás que uno se beneficie, queremos ir más adelante, no queremos estancarnos como los demás”, afirma. Lo que ganan les alcanza para comprar maíz casi para todo el año y además consiguen trabajos temporales para completar.

La conclusión que sacamos de esta conversación es más que obvia: si en lugar de repartir dinero, que apenas alcanza a las familias para comer, los apoyos gubernamentales se enfocaran en este tipo de empresas, realmente habría progreso en las comunidades; pero parece ser que es más conveniente, para los intereses de unos cuantos, mantener a la gente medio sobreviviendo (y votando) que generar verdadero desarrollo en las comunidades.

Wuilverd Nicolás y sus socios van más allá, ahora están por crear una asociación civil, junto con otras 20 personas del municipio, “para meternos en cuestiones sociales, mejorar la comunidad, conseguir recursos para proyectos y demás”. También están preocupados por conservar su idioma, por hacer algo para que de verdad se integre su lengua en las escuelas.

En el estado de Guerrero hay varias empresas indígenas similares a la de Wuilverd, no solamente de cafetaleros, sino de mezcaleros, artesanas, productores de jamaica, prestadores de servicios turísticos, etc., que a pesar de la violencia y la situación actual, se mantienen y trabajan día a día para crecer, al mismo tiempo que se preocupan por mejorar la situación de sus comunidades. Si tuvieran más apoyo, muy probablemente la situación del estado sería diferente.

La Sociedad de Producción Rural Cafeticultores de la Montaña Alta de Guerrero es una de las empresas que integran la Confederación Empresarial Indígena y de Comunidades Locales de México, que se creó hace dos meses. Al igual que otros integrantes de esta confederación, piensan que al unirse con sus pares de otros lugares del país podrán apoyarse mutuamente, intercambiar productos, compartir experiencias, conseguir recursos o créditos y prosperar juntos, no con PROSPERA, sino trabajando unidos.

Por supuesto que también hablamos con Wuilverd de los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos, fue de los primeros temas que tocamos, pues hay una manta alusiva a ellos en la entrada del pueblo (Iliatenco); y compartimos la indignación que sentimos al respecto, y hablamos de las distintas maneras en las que la hemos expresado. ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!

 

@yotlacuila

 

 

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