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Por La Tlacuila
Margarita Warnholtz Locht (la tlacuila) es etnóloga egresada de la ENAH. Trabajó muchos años c... Margarita Warnholtz Locht (la tlacuila) es etnóloga egresada de la ENAH. Trabajó muchos años con organizaciones indígenas en cuestiones de comunicación, entre otras, coordinó un proyecto de incorporación de organizaciones indígenas a internet a finales de los 90, proyecto con el cual se convirtió en fellow de Ashoka (red internacional de emprendedores sociales). En los últimos años se ha dedicado a difundir información de los pueblos indígenas en la prensa escrita, colaborando con diarios como Excélsior en 2006 y Milenio de 2007 a 2010. (Leer más)
¿Seguirá el despojo? Así parece
Cada vez con más frecuencia, poblaciones indígenas que se oponen a la realización de obras de grandes empresas en su territorio son reprimidos. Pareciera que se está volviendo costumbre a nivel nacional.
Por La Tlacuila
7 de febrero, 2013
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En estos días vi dos noticias que me llamaron la atención. Una sobre la represión a personas que rechazan la construcción de un parque industrial eólico más, en la zona del Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, y otra sobre la represión a gente que intenta impedir la construcción de una hidroeléctrica  en el municipio de Olintla, Puebla.

En el primer caso, fueron fuerzas estatales de seguridad las que realizaron el operativo y hubo 15 heridos. Los agredidos se enfrentaron posteriormente con piedras a la policía hasta que se retiró. En Olintla el asunto está más complicado, pues además del hostigamiento estatal ha habido grupos de choque y enfrentamientos entre personas de distintas comunidades.

No voy a entrar en detalles sobre los operativos y los enfrentamientos en sí, lo que me preocupa es que son dos casos en los que población indígena rechaza la realización de obras de grandes empresas en su territorio y la respuesta es reprimirlos. Obviamente no son ni los primeros ni los últimos casos que se dan, son los recientes y, aunque son locales, pareciera ser que se está volviendo costumbre a nivel nacional.

En el caso de los proyectos eólicos en el Istmo de Tehuantepec, al haber ya varios funcionando, los pobladores se han dado cuenta del daño que les hacen y por eso quieren frenarlos. La mayoría de los que vendieron sus tierras ahora se arrepienten, los que las rentaron se han dado cuenta de que lo que reciben es mínimo. También saben ya que eso de que se generan nuevos empleos no es cierto, como afirma Carlos Beas, uno de los opositores a estos proyectos, en la etapa de construcción sí contratan a personas de la región pero después, por ejemplo, en una zona donde trabajaban 300 personas ahora laboran 12 técnicos, de los cuales ocho son de fuera.

Además, aunque la energía eólica sea una industria “limpia”, genera contaminación a su alrededor, tiran el aceite que usan para los rotores contaminando el agua, mueren cientos de aves diariamente (siendo un paso de aves migratorias del continente), y qué decir del ruido que se genera, que afecta directamente a todos los pobladores de las comunidades aledañas. Además los indígenas ya no se dedican a sus cultivos tradicionales o a la pesca y demás actividades, ( o sea, de qué comen?) y se afectan lugares sagrados. (Aquí y aquí hay más notas al respecto). La energía eléctrica que se genera es principalmente para industrias, habiendo en los municipios de la zona todavía localidades que no cuentan con ese servicio. Y no ha habido beneficios para la población, las comunidades afectadas siguen estando entre las de alto o muy alto grado de marginación.

En el caso de Olintla, Puebla, la construcción de la hidroeléctrica implica también el despojo de tierras a los indígenas, así como daños al medio ambiente. La  hidroeléctrica en cuestión es una de cinco que se van a hacer en Puebla para abastecer de energía a las mineras que van a explotar 59 mil hectáreas en ese estado. (Aquí y aquí hay más información al respecto).

En ninguno de los casos se llevó a cabo de manera adecuada la consulta previa libre e informada que estipula el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Como ha sucedido en otras ocasiones (y también parece ya costumbre), se consulta solamente a algunas personas y sin proporcionarles la información adecuada y, según han afirmado los afectados, muchas veces en las supuestas consultas compran el voto a favor de los proyectos en cuestión.

Estos dos casos y otros similares parecen indicar que va a continuar el despojo a los pueblos indígenas, con todo y represión y violencia si es necesario, a favor de grandes empresas nacionales y trasnacionales, con proyectos que no dejan nada a las comunidades y muy poco o nada al país. O sea que cada vez serán más los municipios que requieran de las acciones de la “cruzada contra el hambre”, lo cual tal vez no sea malo para gobernantes y empresarios, pues así podrán controlar  a la población, repartir comida a cambio de votos y (los empresarios) donarla a cambio de deducir impuestos. ¿Será que de eso se trata?

 

#FB: Tlacuila WL

[email protected]

 

 

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