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Por La Tlacuila
Margarita Warnholtz Locht (la tlacuila) es etnóloga egresada de la ENAH. Trabajó muchos años c... Margarita Warnholtz Locht (la tlacuila) es etnóloga egresada de la ENAH. Trabajó muchos años con organizaciones indígenas en cuestiones de comunicación, entre otras, coordinó un proyecto de incorporación de organizaciones indígenas a internet a finales de los 90, proyecto con el cual se convirtió en fellow de Ashoka (red internacional de emprendedores sociales). En los últimos años se ha dedicado a difundir información de los pueblos indígenas en la prensa escrita, colaborando con diarios como Excélsior en 2006 y Milenio de 2007 a 2010. (Leer más)
Un “Día Internacional de la Lengua Materna” más
El número de hablantes de los idiomas originarios sigue disminuyendo y las lenguas siguen estando en peligro de extinción. Por más conferencias, encuentros, congresos y similares que se realizan cada 21 de febrero, y por más documentos que realiza y publica el INALI, la situación no ha cambiado.
Por La Tlacuila
22 de febrero, 2013
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Ayer se celebró el Día Internacional de la Lengua Materna. Como cada año, hubo un montón de eventos en todo el país (y seguramente en todo el mundo). Se reunieron académicos para hablar de la importancia de las lenguas, algunos estados hicieron festivales, el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI) organizó un gran acto en El Fuerte, Sinaloa, algunas estaciones de radio transmitieron cápsulas en idiomas indígenas, etc., etc., etc. Hoy saldrá sin duda información al respecto en los periódicos y ayer la hubo en radio y televisión. Ayer nos enteramos (como cada 21 de febrero) que en México hay 11 familias lingüísticas, 68 lenguas y 364 variantes dialectales, y que la mayoría de éstas están a punto de desaparecer.

Hace 10 años (el 13 de marzo de 2003) se publicó la Ley General de los Derechos Lingüísticos de los Pueblos Indígenas y se creó el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas. Sin embargo, el número de hablantes de los idiomas originarios sigue disminuyendo y las lenguas siguen estando en peligro de extinción. Por más conferencias, encuentros, congresos y similares que se realizan cada 21 de febrero y por más documentos que realiza y publica el INALI, la situación no ha cambiado. Sí ha aumentado el número de intérpretes certificados que traducen a los indígenas que enfrentan procesos penales, según el INALI actualmente hay 439, pero no cubren todas las lenguas y menos las variantes dialectales y son menos del 20% los indígenas detenidos que pueden acceder (eso si es que les informan de ese derecho) a un traductor. ¿No sería mejor si los jueces, los MP y demás personal aprendiera la lengua indígena de su región?

Eso sí, ya está traducida la Constitución a 23 “variantes lingüísticas”, aunque yo quisiera saber eso para qué sirve. La gran mayoría de los indígenas no leen en su idioma, y los que lo hacen también leen en español. Además habría que ver cómo se reparten los textos traducidos, ¿van a llevar una constitución a cada casa? ¿Las van a repartir en las escuelas? Y aún si llegan: ¿quién las va a leer? La verdad conozco a muy pocos, que no sean abogados o trabajen asuntos jurídicos, que hayan leído la constitución completa y no creo que en las comunidades indígenas tenga más éxito. Tal vez sirva para consulta pero insisto, los que leen en su idioma leen en español. Lo que sí ha servido son los talleres de capacitación y cursos que las propias organizaciones indígenas llevan años impartiendo en las comunidades para dar a conocer a la gente sus derechos, ¿por qué no invierten más en eso?

Mientras traducen la Constitución, el 49% de la población indígena manifiesta rezago educativo, el 27% de los jóvenes indígenas mayores de 15 años es analfabeto y el 13% de los niños y niñas en edad escolar no asiste a la escuela (datos de CONEVAL). Además, la educación bilingüe sigue siendo deficiente y muy relativa, pues está más enfocada a que aprendan español que a que conserven su idioma materno. Y bueno, no hablemos de los casos en que mandan maestros mixtecos a los amuzgos, o mixes a los mixtecos… ¿Por qué no trabajan en eso, en lugar de en traducir la Constitución?

Creo que una verdadera educación bilingüe se daría si en todas las escuelas, no solamente a las que asiste población mayoritariamente indígena, se dieran clases del idioma indígena predominante en cada región. La manera de recuperar el purépecha, por ejemplo, sería que todos los michoacanos lo aprendieran en la escuela, no solamente los que de por sí lo hablan, y lo mismo con las otras 67 lenguas originarias. Eso sí sería recuperarlas. Si eso es mucho pedir, por lo menos que se den clases de estos idiomas en todas partes, accesibles a todos los interesados. Yo creo que eso debería estar haciendo el INALI, en lugar de dedicar sus mayores esfuerzos a contabilizar las lenguas y los hablantes, o a celebrar el 21 de febrero. Hay mucha gente interesada en aprender algún idioma indígena, aquellos cuyos padres o abuelos lo hablan pero ya no se los enseñaron, otros que viven en regiones indígenas y quisieran poder comunicarse con sus vecinos, y otros simplemente por el gusto o el interés de hacerlo. Y no hay en dónde, salvo casos aislados de intelectuales indígenas que se preocupan por su idioma y, sin apoyo ni recursos del gobierno, dan clases; o dos o tres clasecitas que se imparten en algunas universidades, pero suelen ser sólo para los alumnos inscritos. A mi oficina llaman seguido a preguntar dónde se puede aprender algún idioma de éstos y casi nunca tengo a dónde remitirlos.

Cuando se pierde un idioma se pierde una manera de pensar, de sentir, se pierde la esencia de una cultura y de la identidad. Como bien dice Miguel León Portilla en su texto “El español y las lenguas amerindias. Un patrimonio intangible”:

“Hay, por supuesto, personas que consideran que la muerte de ellas (las lenguas amerindias) es inevitable y que, además, no hay razón para dolerse de ello, ya que la unificación lingüística es altamente deseable. En contraste con semejante actitud, hay otros que pensamos que la desaparición de cualquier lengua empobrece a la humanidad. Todas las lenguas en las que cualesquier mujeres y hombres aprendieron a pensar, amar y rezar, merecen ser respetadas como parte de sus derechos humanos y de su patrimonio cultural. Y esto lo aplico a todos los idiomas amerindios y a cuantos en el mundo se hablan”.

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