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Por La Tlacuila
Margarita Warnholtz Locht (la tlacuila) es etnóloga egresada de la ENAH. Trabajó muchos años c... Margarita Warnholtz Locht (la tlacuila) es etnóloga egresada de la ENAH. Trabajó muchos años con organizaciones indígenas en cuestiones de comunicación, entre otras, coordinó un proyecto de incorporación de organizaciones indígenas a internet a finales de los 90, proyecto con el cual se convirtió en fellow de Ashoka (red internacional de emprendedores sociales). En los últimos años se ha dedicado a difundir información de los pueblos indígenas en la prensa escrita, colaborando con diarios como Excélsior en 2006 y Milenio de 2007 a 2010. (Leer más)
Xochimilco sin trajín
Un día me invitaron a un cumpleaños en Xochimilco. Me imaginé en una trajinera de nombre Lupita o Tere rodeada de mariachis, marimbas, sopes, chelas, etc., pero resulta que me llevaron a un Xochimilco muy diferente.
Por La Tlacuila
21 de septiembre, 2012
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Un día me invitaron a un cumpleaños en Xochimilco. Me imaginé en una trajinera de nombre Lupita o Tere rodeada de mariachis, marimbas, sopes, chelas, etc., pero resulta que me llevaron a un Xochimilco muy diferente. Dejamos el coche en una placita y entramos a unos callejones hasta llegar a un canal. Ahí, me dijeron, había que esperar a que fueran por nosotros en canoa para ir a la casa de la festejada. Llegó la canoa y nos adentramos en los canales, de pronto, en dos minutos, estábamos como en otro mundo, en un paisaje bellísimo, de árboles, agua, garzas blancas demás aves, silencio y niños felices nadando. Realmente fue sorprendente descubrir un lugar así en plena Ciudad de México, nada qué ver con el trajín xochimilca que yo conocía.

 

Me sorprendió el paisaje y me sorprendió también el hecho de que los que viven ahí, después de bajarse del tren ligero y el pesero, ¡toman una canoa para llegar a su casa! Incluso en el camino vimos pasar la trajinera de la basura, como no entran carros, pasa cada tercer día una embarcación a recoger los desperdicios y llevarlos a un camión en tierra firme.

Desde entonces he ido varias veces a ese Xochimilco, y cada vez descubro algo nuevo. Pero lo que más me sorprende, es la tenacidad de los habitantes originarios de este lugar por conservar sus costumbres y tradiciones, así como sus canales. Hay diversas organizaciones dedicadas a ello.

En una ocasión fui a conocer un criadero de ajolotes, que instaló hace varios años la organización Umbral Axochiatl, formada por personas originarias de Xochimilco, para proteger a esa especie.  Dionisio Eslava Sandoval, su presidente, me explicó que el axolotl (o ajolote) es un anfibio endémico de Xochimilco que está en peligro de extinción debido a la contaminación y a que algún inteligente funcionario decidió meter tilapias a los canales para que se reprodujeran y la gente “tuviera para comer”, el problema es que nunca investigó el ecosistema y resulta que las tilapias están acabando con el ajolote (que la gente usaba, entre otras cosas, para comer). El axolotl también tiene varios usos medicinales y, según la leyenda, era el dios Xólotl, que como era muy feo, temía que los otros dioses lo mataran, por lo que se convirtió en axolotl y se fue a Xochimilco. En el criadero tienen ajolotes de todos tamaños en enormes peceras y de unos años para acá, algunas universidades se han interesado por el rescate de estos animalitos  y están trabajando junto con los lugareños.

 

En otra visita fui a una competencia de remo autóctono, organizada porla Asociaciónde Remo Autóctono y Deportes Similares. Este deporte viene desde la época prehispánica y los xochimilcas no han dejado de practicarlo. La diferencia principal con otros tipos de remo, es que los remeros van de pie y  reman con pala,  y el tamaño de la canoa también varía. Leonardo Medina, integrante de la asociación, me contó que hay varios clubes y cada dos o tres meses se reúnen para competir, pero que cada vez van menos, porque las canoas son muy caras y cuando ya se rompen es difícil reponerlas. Como no reciben apoyo de ninguna institución, con las pocas canoas que hay se van turnando porque lo importante para ellos es que no desaparezca ese deporte y que los niños y jóvenes aprendan a practicarlo. Con orgullo, me contó también que de ahí de los canales de Xochimilco han salido competidores internacionales, que  “nada más se adaptan a otros tipos de remo”, como Juan Martínez y Félix Altamirano que en las olimpiadas de 1968 quedaron en cuarto lugar en canoa doble a mil metros, y José Antonio Romero que ganó el oro en los Juegos Panamericanos de 1993 en canoa individual.

 

Otro día fui a una chinampa en la que cultivan diversos vegetales,  de forma tradicional y sin fertilizantes químicos; alternando cultivos de temporal para controlar las plagas y utilizando composta que ellos mismos fabrican.  Según la explicación de los lugareños, las chinampas son islotes que hicieron los xochimilcas prehispánicos poniendo en el agua ramas de xacaltule (planta lacustre de la zona),  tejidas con lodo. Encima sembraban verduras o flores y después de cosechar echaban más lodo y plantas que se iban hundiendo y así, cultivo tras cultivo, hasta que tocaban el piso y quedaban firmes. Para protegerlas, sembraban ahuejote  en las orillas. Las chinampas requieren de mantenimiento permanentemente para que no se destruyan y los xochimilcas llevan siglos conservándolas, consientes de su importancia tanto económica, pues muchos viven de ellas, como cultural, pues son un legado de sus antepasados.

 

Después de conocer el verdadero Xochimilco, no me sorprende que sea considerado Patrimonio Cultural de la Humanidad, reconocimiento que sin duda  han ganado sus habitantes con su esfuerzo cotidiano por preservarlo. Muchos afirman que está a punto de desaparecer, lo cual ha llevado por fin a las autoridades a ponerle atención al deterioro ecológico de la zona. Esperemos que los xochimilcas continúen protegiéndolo y no lo permitan.

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