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Por La Tlacuila
Margarita Warnholtz Locht (la tlacuila) es etnóloga egresada de la ENAH. Trabajó muchos años c... Margarita Warnholtz Locht (la tlacuila) es etnóloga egresada de la ENAH. Trabajó muchos años con organizaciones indígenas en cuestiones de comunicación, entre otras, coordinó un proyecto de incorporación de organizaciones indígenas a internet a finales de los 90, proyecto con el cual se convirtió en fellow de Ashoka (red internacional de emprendedores sociales). En los últimos años se ha dedicado a difundir información de los pueblos indígenas en la prensa escrita, colaborando con diarios como Excélsior en 2006 y Milenio de 2007 a 2010. (Leer más)
¿Y los tarahumaras?
¿Se acuerdan de los rarámuri o tarahumaras? Ahora ya nadie habla de ellos. ¿Será que ya llovió suficiente, o que mandamos tantas latas que todavía tienen comida para rato? No creo. Su situación sigue siendo la misma que en marzo y la misma de siempre.
Por La Tlacuila
7 de septiembre, 2012
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¿Se acuerdan  de los rarámuri o tarahumaras? Hace unos meses estaban en el top ten de las redes sociales porque “se estaban muriendo de hambre”, supuestamente por la sequía. Llegaron a las primeras planas de algunos periódicos, se instalaron centros de acopio y todo el mundo llevó latas de atún, botellas de agua y similares para “salvar” a los rarámuri.

Ahora ya nadie habla de ellos. ¿Será que ya llovió suficiente, o que mandamos tantas latas que todavía tienen comida para rato? No creo. Su situación sigue siendo la misma que en marzo y la misma de siempre. Tal vez en algunas partes estén cosechando ahorita un poco de maíz, pero no les va a durar mucho. Ya me lo decía el antropólogo Eduardo Gotés, maestro de la Escuela Nacional de Antropología e Historia: “La crisis no es nueva para los rarámuri, sucede cada año; se convierte en un distractor mediático y político en el que se montan los altruistas, los políticos y todo el mundo. ¡En dos semanas se olvida!”

Efectivamente ya se nos olvidó, pero ellos siguen ahí, en las mismas circunstancias de siempre. Lo bueno, es que eso no quiere decir que vayan a desaparecer ni mucho menos. Eduardo Gotés,  lleva 30 años haciendo trabajo de investigación en la zona, por lo que acudí a él para que me contara un poco sobre este pueblo indígena.

Me explicó que hay 110 000 tarahumaras aproximadamente, de los cuales unos 15 mil viven en diversas ciudades del norte del país, principalmente en Chihuahua y Ciudad Juárez, y el resto está distribuido en un territorio de 30 mil kilómetros cuadrados, en una región montañosa, con una topografía completamente irregular con barrancas y montañas que van desde los 3 000 hasta los500 metrossobre el nivel del mar. La sequía se concentra solamente en una parte del territorio, en la región noreste, por lo que los habitantes de esa zona, la realmente afectada,  son los que más migran a centros urbanos desde hace siglos.

Gotés me contó que desde épocas precolombinas, pero sobre todo en la Colonia, los tarahumaras se fueron a territorios montañosos y se asentaron en núcleos de población muy distantes entre sí. Su cultura es de cazadores recolectores, y por lo tanto hay mucha movilidad y poca concentración de población. Por lo mismo, no hay centros de poder sino que hay unidades habitacionales pequeñas, distanciadas unas de otras. Pero hay redes por relaciones de parentesco y de intercambio a través de las cuales se apoyan unos a otros.

A este apoyo le llaman kórima y Gotés lo describe como “una sólida mecánica de reciprocidad generalizada. Son sociedades con una lógica de desarrollo individual y autonómico, que interaccionan socialmente a través de la reciprocidad y la cooperación”. Es decir, en general son autosuficientes a nivel individual o familiar pero cuando enfrentan carencias acuden a los demás. Así, se apoyan unos a otros permanentemente y, dentro de esa lógica, reciben la ayuda que les llega de fuera.

Según Gotés,  por su forma de vida, tanto por ser autónomos, como por el kórima y por ser de origen cazadores recolectores, los rarámuri son aptos para sobrevivir a situaciones que el resto de la sociedad considera catastróficas, pues están acostumbrados a moverse a buscar oportunidades y recursos, ya sea en las ciudades o dentro de su mismo territorio sin que esto afecte su cultura, costumbres y tradiciones.

Coincidimos en que lo anterior no quiere decir que no sea urgente y necesario implementar proyectos de desarrollo en la región, pero que se adapten a la forma de vida de los tarahumaras, que sean acordados con ellos y que tengan continuidad, pues si bien son aptos para sobrevivir, no están en buenas condiciones. Lo que ha sucedido es que cada administración llega con un proyecto diferente que se interrumpe cuando termina el sexenio o cambian los funcionarios, además de que son proyectos que no se manejan de manera integral y terminan agudizando la crisis de las comunidades. O cada vez que hay sequía aparecen los funcionarios con programas de distribución de recursos que son coyunturales y no siempre adecuados. Recuerdo que en la crisis de este año les mandaron hasta “media tonelada de zapatos” que había sido confiscada en alguna aduana, zapatos que deben haber vendido o han de estar tirados en el fondo de las barrancas, pues no creo que sirvieran para caminar por el terreno empinado y pedregoso de la región, (cuando fui por allá, ni con tenis la hacía yo, ahora imagínense con unos zapatos de tacón…).

Mientras hablaba con Gotés, recordé el libro Los tarahumaras: pueblo de estrellas y barrancas de Carlos Montemayor que a mi juicio es de lo mejor que se ha escrito sobre este pueblo y el que recomendaría yo para quienes les interese el tema. Recordé también a algunos rarámuris que conozco. Uno de ellos, coordina una asociación que trabaja por la reforestación de la sierra o más bien intentando que dejen de deforestarla; otra, es maestra y lidera una organización de mujeres que trabaja cuestiones de derechos humanos, derechos indígenas y de las mujeres, legislación indígena y capacitación, entre otros temas. Pero de ellos hablaremos más adelante.

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