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Avina es una fundación latinoamericana, creada en 1994, que promueve la sustentabilidad a partir... Avina es una fundación latinoamericana, creada en 1994, que promueve la sustentabilidad a partir de procesos colaborativos, generando impactos positivos a gran escala. Trabaja por Latinoamérica y África, en línea con la agenda 2030 de las Naciones Unidas, impulsando innovaciones a favor del cuidado del planeta y el bienestar de las personas. Avina ve necesario profundizar y fortalecer los esfuerzos que promueven la dignidad humana, equidad, sostenibilidad ambiental y de las democracias. (Leer más)
La movilidad humana como movilidad social ascendente
La movilidad humana, lejos de ser una amenaza, es una oportunidad y las personas en contextos de movilidad son también destinatarias de las políticas públicas que buscan garantizar la seguridad y el buen vivir.
Por Yanina Nemirovsky
9 de octubre, 2019
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El mundo está en movimiento. La movilidad es una característica intrínseca del ser humano y ha moldeado la civilización desde sus etapas más tempranas. Sin embargo, en la actualidad es percibida desde una perspectiva sesgada, centrada en los aspectos negativos y frecuentemente usada con fines políticos. En general, los países suelen construir una retórica contraria a la migración y que luego se manifiesta en las políticas públicas como intentos de contenerla y restringirla. No obstante, la movilidad humana reporta enormes beneficios, no solo para las personas que migran, sino también para las sociedades que las reciben. En este contexto, ¿estamos entendiendo la movilidad humana desde una perspectiva integral? Un abordaje de los distintos aspectos que caracterizan el fenómeno podrá dar las claves para transformar la movilidad en una fuente de prosperidad, potenciando sus características positivas a la vez que minimizando los riesgos asociados al proceso migratorio. En otras palabras, nadar a favor de la corriente, porque cansa menos y rinde más.

La dimensión de la movilidad humana

Según datos del Migration Data Portal, en 2017 existían en el mundo 257,7 millones de personas migrantes internacionales. Dicho de otro modo, el 3,4 % de la población mundial reside de forma permanente o transitoria en un país distinto de su origen. Si bien la mayoría de los habitantes del planeta viven en su país de nacimiento a lo largo del tiempo, las personas migrantes internacionales han aumentado, no solo en número sino también en proporción: en 1990, la población migrante internacional era del 2,9 %. Y la tendencia está en crecimiento.

En principio, al hablar de movilidad humana también hay que considerar a las personas que se trasladan fuera del lugar donde nacieron, pero que no cruzan las fronteras de su país. Estimaciones del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) del 2009 indican que existen 750 millones de personas migrantes internas, número que hoy sin dudas es una subestimación. Entonces, los datos indican que la gran mayoría de las personas que se mueven, lo hacen dentro de las fronteras de su propio país.

Cantidad de personas migrantes internacionales

 

Porcentaje (%) de personas migrantes sobre la población mundial, 1970-2015

 

Dentro de este amplio espectro, hay una variedad de contextos, situaciones y rutas que hacen de la movilidad un fenómeno altamente complejo. Para comenzar a comprenderla, es necesario describir una dinámica que involucra muchos factores. Son numerosas y muy diversas las razones por las que las personas migran hacia otros países o dentro de su propio territorio: desde la búsqueda de más y mejores oportunidades laborales y académicas hasta la supervivencia de quienes escapan de la violencia y los desastres naturales. En este proceso hay un territorio de origen, uno de tránsito y uno más de destino. Y, en muchas ocasiones, también hay un territorio de regreso, lo cual implica todo un proceso de readaptación. La movilidad da cuenta de una combinación de procesos de expulsión y de atracción y eso hace que el número de personas migrantes internacionales varíe mucho de un país a otro.

Según datos del International Migration Report 2017, elaborado por Naciones Unidas, más del 60 % de la población de personas migrantes internacionales vive en Asia o en Europa. A la vez, 106 de los 258 millones de migrantes internacionales nacieron en Asia. Por otro lado, el principal país de destino de los migrantes internacionales, desde 1970, es Estados Unidos, que tiene una población de 50 millones de habitantes originarios de otros territorios. Le siguen Arabia Saudita, Alemania y Rusia, con alrededor de 12 millones cada uno. Rusia también es el tercer país en orden de importancia de origen de la movilidad internacional, con 11 millones de personas. La India y México son los dos principales, con 17 y 13 millones de personas respectivamente. Estas cifras, lejos de ser estáticas, están en movimiento constante. De un año a otro, la realidad puede cambiar y de hecho cambia, por lo que disponer de cifras actualizadas es un gran desafío. Estos datos reflejan el hecho de que la movilidad es un fenómeno de alta complejidad.

Si se observa con más detalle la población de personas migrantes internacionales, resulta que el 52% son varones y el 48% son mujeres. Sin embargo, cada vez hay más mujeres trabajadoras migrantes, debido al aumento del trabajo del cuidado y de la demanda de trabajo en donde tradicionalmente no se empleaban mujeres.

Las dinámicas cambian con tal velocidad que los números solo pueden ser tomados como aproximaciones. Además, es importante tener en cuenta que los valores que describen el fenómeno de la movilidad son mínimos, ya que existen vacíos de datos y falta de registros, muchas veces debido a las condiciones en las que ocurre la migración. Condiciones que, en última instancia, afectan no solo la vida de las personas que migran, sino también la de sus familias.

Personas migrantes internacionales según sexo y edad

 

La movilidad como fuente de prosperidad

Históricamente, la movilidad se ha asociado con el acceso a los medios de sustento. En la actualidad, el trabajo sigue siendo una de las principales motivaciones que impulsan a las personas a trasladarse fuera de sus territorios. Hacia el 2013, había 150,3 millones de personas trabajadoras migrantes, es decir, más de dos tercios de la población total de personas migrantes internacionales. Frecuentemente, las personas trabajadoras migrantes van en busca de mayores y mejores oportunidades laborales que las que pueden encontrar en su país de origen y muchas veces son el principal (o incluso el único) sostén de sus familias. Según estimaciones del Banco Mundial, las remesas que las personas migrantes envían a sus países de origen se incrementaron, de 126.000 millones de dólares en el año 2000 a 575.000 millones en el 2016, solo en los Estados Unidos. Además, dos de cada tres personas migrantes laborales residen en países de ingresos altos.

Según el último informe del Banco Mundial, Moving for Prosperity: Global Migration and Labor Markets, la movilidad es la forma más efectiva para reducir la pobreza y distribuir la prosperidad. Según esta investigación, a lo largo de la historia todos los episodios de crecimiento y desarrollo han involucrado una redistribución de las fuerzas de trabajo, entre diversos sectores y países. En efecto: los ingresos de las personas migrantes aumentan de tres a seis veces cuando se mueven de un país de ingresos bajos a uno de ingresos altos. Muchas veces, ocurre que familias enteras subsisten en sus países de origen gracias a las remesas que reciben de los miembros que se encuentran en el exterior. En una perspectiva más amplia, las remesas de las personas migrantes constituyen importantes inyecciones de capital más o menos estables a las economías de sus países de origen. Esto produce una transferencia de capital desde los países de renta alta hacia los de renta media y baja, lo cual a su vez favorece el desarrollo de los países receptores y la redistribución de la riqueza.

El trabajo no solamente reporta beneficios en lo económico a las personas migrantes. Es también una motivación que facilita el acceso a un visado que les permita viajar en condiciones regulares. En general, las personas que deciden migrar al exterior prefieren hacerlo por las vías regulares: son más seguras y ofrecen mayores oportunidades de conseguir un empleo en el sector formal y de tener mejores condiciones de permanencia en el país de destino. Por otro lado, la migración también mejora la calidad de vida de las personas migrantes y sus familias en otros aspectos, como la salud, la educación y el acceso a derechos. Según el Banco Mundial, las personas provenientes de países pobres, al trasladarse hacia países desarrollados lograron duplicar las tasas de matrícula en educación y reducir 16 veces la mortalidad infantil.

Imágenes del Encuentro de Articulación Internacional entre Organizaciones de Migrantes y Promigrantes. 10 al 12 de abril en Cuernavaca, México. Foto: Distintas Latitudes.

Pero la movilidad humana también trae beneficios a la sociedad de acogida y este es un aspecto que suele quedar por fuera de los debates sobre la migración. En general, la movilidad aporta trabajadores a la economía y eso tiene un impacto positivo en el producto interno bruto (PIB). También aportan nuevas capacidades e innovaciones, especialmente en áreas como la ciencia, la tecnología y las humanidades. Las personas migrantes suelen ser resilientes y estar más dispuestas a asumir riesgos. Muchas veces ocurre que personas trabajadoras migrantes ocupan puestos de trabajo en sectores en los que hay escasez de mano de obra, de manera que cubren los vacíos en el mercado laboral del país de destino y se convierten en aportantes a los sistemas fiscales y tributarios. Los trabajadores jóvenes ayudan a reducir las presiones sobre los sistemas de pensiones en los países de acogida, que generalmente son países de ingresos altos con mayor población de edad avanzada. Finalmente, las personas migrantes contribuyen a movilizar el mercado de consumo interno. Estos son apenas algunos de los beneficios de la migración que se han reportado y que superan los impactos negativos que pudieran llegar a tener en los países que las reciben.

Imágenes del Encuentro de Articulación Internacional entre Organizaciones de Migrantes y Promigrantes. 10 al 12 de abril en Cuernavaca, México. Fotos: Distintas Latitudes.

De la seguridad nacional a la seguridad humana

A pesar de los muchos aspectos positivos de la migración que están documentados, la tendencia es invisibilizarlos y excluirlos de la narrativa mediática y política. Los países de acogida suelen tener una visión negativa sobre la presencia de personas migrantes en el territorio, en especial aquellas en situación irregular. Y estos discursos tienen un correlato en las políticas públicas de estos países. Es el caso de Nicaragua, que cerró su frontera sur en noviembre de 2015 para controlar el ingreso de personas migrantes irregulares, especialmente provenientes de Cuba y Haití. Por su parte, Costa Rica prohibió la entrada de personas provenientes de Cuba en el 2015 y, un año más tarde, cerró sus fronteras a todas las personas migrantes en condición irregular. En México, por su parte, se implementó el “Programa Frontera Sur”, con el objetivo de reducir el ingreso de personas migrantes provenientes de América Central. Todas estas son políticas públicas cuyo objetivo es contener la movilidad y están diseñadas desde una concepción de la migración como un hecho de seguridad nacional.

La seguridad nacional es una noción que alude a la estabilidad en un territorio nacional y tiene por objetivo defender sus intereses e integridad. En su sentido clásico, su objetivo es defender militarmente sus fronteras de agresiones externas, pero en la actualidad contempla también otras amenazas internas, como el terrorismo y el narcotráfico. En este sentido amplio y moderno, la seguridad nacional entiende el fenómeno migratorio como una amenaza. Y, dentro de esta lógica, busca restringirlo.

Pero las consecuencias de este enfoque han sido devastadoras, tanto para las personas migrantes, como para las sociedades de acogida. Mientras que la movilidad humana no se detiene y, por el contrario, aumenta año tras año, también empeoran las condiciones en las que se lleva a cabo, especialmente para las personas más vulnerables. Quienes emprenden travesías a través de rutas de alto riesgo sufren el acoso de grupos criminales y muchas veces deben viajar en condiciones extremas, atravesando territorios agrestes, sin rutas y sin la preparación necesaria para transitarlos. Mujeres, niñas, niños y adolescentes están expuestos a riesgos aún mayores. Y, mientras todo esto sucede, la movilidad no contiene y los problemas que aquejan a las sociedades de acogida, como la inseguridad, la violencia callejera, la crisis económica y la falta de trabajo, persisten.

En el año 1994 el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) acuñó el concepto de seguridad humana. Este concepto difiere radicalmente del de seguridad nacional, en el sentido de que tiene por último beneficiario al ser humano. Su objetivo es fomentar el desarrollo humano, erradicar el miedo y garantizar la libertad y la dignidad. Por otro lado, hoy día muchos países no tienen conflictos bélicos internacionales, pero sus poblaciones sufren amenazas igual de graves: desastres naturales, conflictos armados locales, epidemias y hambrunas. La seguridad humana plantea un enfoque diferente y a su vez exige la adopción de medidas diferentes. La movilidad humana, lejos de ser una amenaza, es una oportunidad y las personas en contextos de movilidad son también destinatarias de las políticas públicas que buscan garantizar la seguridad y el buen vivir. “No dejar a nadie atrás” es un mandato de la agenda 2030, y desde esa perspectiva inclusiva, las personas migrantes tienen un lugar central: no solo como destinatarias de políticas públicas, sino como agentes de la transformación hacia el desarrollo sostenible, tanto de sus países de origen, como también de los países que las reciben.

Las personas nacen en un país, pero viven en el planeta. Somos ciudadanos globales y habitantes planetarios. La nacionalidad sirve para vincular a la persona con su origen, pero no debería ser usada para limitar su destino. El enfoque miope de la migración entendida como el individuo que abandona su origen, debe ser reemplazado por la visión colectiva de la movilidad humana como derecho a un destino. Esa es la única manera de asegurar que la movilidad humana conlleve movilidad social ascendente y de garantizar que la seguridad humana no solo implique tener derecho a un estado, sino vivir en estado de derecho.

@FundacionAVINA

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