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Baño de sangre a la cultura en Nayarit
La charrería, el jaripeo, el adiestramiento de caballos bailadores, las carreras de caballos, la fiesta taurina y las peleas de gallos violan los derechos de los animales a ser respetados, a no ser sometidos a malos tratos, a ser explotados para el divertimento del hombre, según lo estipula la Declaración Universal de los Derechos del Animal. Ojalá el Congreso de Nayarit no permita que en nombre de la cultura nuestro estado se siga bañando en sangre.
Por Blog Invitado
21 de febrero, 2019
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Por: Shantal Contreras (@ShantalContrer5)

   

La riña de gallos, especialmente la riña profunda,

es fundamentalmente una dramatización de intereses de status.

Clifford Geertz

 

La XXXII Legislatura del Congreso del Estado de Nayarit no ha realizado trabajo legislativo sustantivo en materia de derechos culturales. Quizá su aportación más significativa sea la inclusión en fechas recientes de la categoría de pueblos indígenas al Concurso de Oratoria Juan Escutia. El Poder Ejecutivo explota a través de particulares de manera no sustentable el patrimonio cultural inmaterial y material de los nayaritas; no garantiza el acceso a la cultura de la población, ni realiza acciones sustantivas para fortalecer el desarrollo de las artes y demás expresiones y manifestaciones culturales vivas en nuestro estado.

También el ejecutivo ha permitido que los recursos destinados a fortalecer la infraestructura cultural de Nayarit se pierdan en manos de funcionarios corruptos. Corresponde al Congreso del Estado fiscalizar las cuentas públicas, sin embargo la infraestructura cultural ha estado fuera de su ojo auditor. Lo mismo ha sucedido con su responsabilidad legislativa, pues no ha habido interés por analizar y fortalecer el marco jurídico del derecho a la cultura.  ¿Una sesión solemne en Acaponeta derivó en mejores condiciones de desarrollo para la cultura escrita de sus habitantes? Hasta el día de hoy, no. ¡Ah, pero que rechulas son las noches en las que la legislatura sesiona bajo la luz de las farolas del pueblo!

El 23 de enero del año que corre, fue turnada a la Comisión de Educación y Cultura para su análisis y dictaminación, la “Iniciativa con proyecto de decreto que declara a la charrería, el jaripeo regional y estatal, el adiestramiento de caballos bailadores, las carreras de caballos, la fiesta taurina y las peleas de gallos como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Entidad. Así también se instituye el 14 de septiembre de cada año como el Día del Charro en el estado de Nayarit”, presentada por el gobernador del estado, Antonio Echevarría García, el 14 de diciembre de 2018.

La política neoliberal ha ocasionado a nivel mundial dinámicas de consumo y explotación que van en contra del óptimo desarrollo planetario. Como resultado de esta política económica, los índices de pobreza, de violencia, de desabasto de alimentos, la pérdida de ecosistemas, la extinción de diversas especies por sobre explotación y el maltrato, son cada día más alarmantes.

La Declaración Universal de los Derechos del Animal, proclamada en 1978, aprobada por la UNESCO y posteriormente por la ONU, surge con la intención de poner en las agendas del mundo una serie de lineamientos que ayuden a transformar el especismo en prácticas económicas, políticas, culturales y sociales armónicas con la naturaleza y las especies animales no humanas. Aunque no posee carácter vinculante, la declaración desarrolla su articulado de derechos a partir del reconocimiento de que: “todo animal posee derechos”, “el desconocimiento y desprecio de dichos derechos han conducido y siguen conduciendo al hombre a cometer crímenes contra la naturaleza y contra los animales”. “El reconocimiento por parte de la especie humana de los derechos a la existencia de las otras especies constituye el fundamento de la coexistencia de las especies en el mundo”. “El hombre comete genocidio y existe la amenaza de que siga cometiéndolo”. Además de considerar que: “el respeto hacia los animales por el hombre está ligado al respeto de los hombres entre ellos mismos, por lo que “la educación debe enseñar, desde la infancia, a observar, comprender, respetar y amar a los animales”.

La Declaración Universal de los Derechos del Animal es la base de las legislaciones que se han generado en el mundo. El estudio académico y jurisprudencial sobre el Derecho Animal, así como los estudios científicos y las diversas acciones legales y académicas que han organizado numerosas agrupaciones a nivel mundial, han logrado modificar en algunos sectores los paradigmas antropocentristas y consumistas que impiden el reconocimiento de los animales no humanos como seres sintientes sujetos de derechos y no como cosas o mercancías.

Todos los países de la Unión Europea cuentan con leyes de protección animal. Estados Unidos de Norteamérica, Chile, Argentina, Perú y Brasil también están trabajando en sus legislaciones para garantizar el derecho de los animales no humanos. En Nuestro país existen 13 entidades federativas que cuentan con leyes para la protección y no maltrato de los animales; la Ciudad de México agregó en la Carta de Derechos de su Constitución Política la protección de los animales. También es de destacar la sentencia de la Suprema Corte de la Nación, emitida por la Primera Sala, en la que se resuelve que sí son constitucionales los artículos de la Ley de Protección a los Animales para Veracruz que prohíben las peleas de gallos.

La charrería, el jaripeo, el adiestramiento de caballos bailadores, las carreras de caballos, la fiesta taurina y las peleas de gallos violan los derechos de los animales a ser respetados, a no ser sometidos a malos tratos, a ser explotados para el divertimento del hombre, según lo estipula la Declaración Universal de los Derechos del Animal. Ojalá la Comisión de Cultura, así como el resto de las comisiones del Congreso del Estado de Nayarit no permitan que en nombre de la cultura nuestro estado se siga bañando en sangre. Para todas las prácticas propuestas para que formen parte de nuestro patrimonio inmaterial aplica el criterio de la Suprema Corte: “si bien las peleas de gallos son expresión de una determinada cultura, ninguna práctica que suponga el maltrato y el sufrimiento innecesario de los animales puede considerarse una expresión cultural amparada por la Constitución”.

Además, para concluir, coincidimos con Leonora Esquivel cuando afirma que “el hecho de ser testigo del maltrato a los animales perpetúa el ciclo de la violencia a través de la insensibilización y de la imitación, y que existe un estrecho vínculo entre el maltrato a los animales y la violencia de género, el maltrato infantil y otras formas de violencia interpersonal”.

 

* Shantal Contreras es abogada y licenciada en desarrollo cultural por la Universidad Autónoma de Nayarit. Escritora. Ha publicado ensayo, cuento, crónica y poesía en revistas de circulación local y nacional. Su trabajo literario ha merecido diversos reconocimientos entre los que destacan el Premio de Poesía Trapichillo y el Premio Nacional de Cuento Joven Guillermo Llanos. Realiza talleres de escritura y producciones accesibles para personas con discapacidad desde el Colectivo Plano Imposible.

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