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De nada sirvió hablar del acoso que padecí
Lo más doloroso fue darme cuenta de que hablar no había servido de nada, al contrario, se estaban burlando de mí. Mi queja sólo dio de qué hablar a los directivos de los medios donde trabajaba.
Por Camila Sánchez Bolaño 
30 de marzo, 2019
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Comenzaba el trabajo de mis sueños: un noticiero en radio en el que podía hablar libremente de los temas que, como periodista, me apasionan. A las dos semanas, con toda la ilusión de un nuevo trabajo y un nuevo espacio recibí un mensaje de Jose Luis Guzmán “Miyagi”, él conducía el programa anterior al mío así que todos los días nos veíamos y saludábamos cuando yo entraba a la cabina y él salía, en el mensaje me felicitaba por el nuevo programa y me decía que esperaba pudiéramos en algún momento colaborar juntos. Yo le respondí amable, la verdad es que estaba emocionada, varias noches escuchaba su programa y lo veía como un buen periodista que podía enseñarme cosas de trabajo. Esa misma noche recibí un mensaje suyo que decía “Estoy pensando cosas muy sucias contigo”, no supe como responder, simplemente le pedí que no me hablara así, me respondió que lo había mal entendido, que lo que él quería es que lo acompañara ese viernes a conducir con él su programa. Eso hice.

Todo se volvió tenso, extraño. El periodista con el que yo conducía el programa estaba enojado e indignado por los mensajes y todo el tiempo me incitaba a acusarlo, denunciarlo. Pero yo tenía miedo de perder mi espacio al aire y por eso decidí callarme, seguir siendo amable y saludarlo todas las noches. Cinco meses después volvió a mandarme un mensaje, esta vez me preguntaba si estaba interesada en co conducir su programa, yo le dije que sí. Enseguida me preguntó si tenía novio, cuando le dije que sí me contestó “Uy, entonces no te pongo entre las candidatas a conducir mi programa”, condicionando así el espacio al aire a mi disponibilidad. Al siguiente jueves llegó a la cabina una mujer extranjera que no era periodista y dijo, al aire, que ella sería quien conduciría a partir de ese momento el programa dos jueves al mes. Me sentí completamente impotente, triste, desilusionada por la forma tan poco crítica en que se otorgan espacios al aire, era como si mis logros comenzaran a depender de mi apariencia física y no de mi propio trabajo.

Comencé a hablar con otras compañeras de esa redacción y yo no era la única que recibía ese tipo de mensajes de Miyagi. Durante meses me escondía en una cabina alterna en lo que él recogía sus cosas y salía de la cabina, no lo quería ver, saludar, nada. Un poco después de eso nuestro programa se canceló por razones ajenas a este tema, pero no fue hasta ese momento en que me atreví a hablar con los directivos de la empresa, no buscaba nada para mi bien personal, lo que quería era demostrar que había mujeres en riesgo trabajando con él y que en cualquier momento las cosas podían explotar. Hable con el director de noticias de la empresa para contarle lo ocurrido; solo me dijo que se apenaba mucho por ello y que en caso de que yo quisiera proceder legalmente tenía el apoyo de la empresa. Sin embargo, no hubo ningún tipo de sanción en su contra.

Lo más doloroso fue lo que siguió, el darme cuenta de que hablar no había servido de nada, al contrario, se estaban burlando de mí. Una semana más tarde me llamó a su oficina uno de los socios del otro medio para el que trabajo. Con una sonrisa traviesa me dijo: “Ya me contaron que acusaste a Miyagi porque te estaba molestando”.

En ese momento me sentí sola, porque me di cuenta de que mi queja no sirvió de nada, solo dio de qué hablar a los directivos de ambos medios.

Ahora denunciamos porque unidas estamos protegidas y espero que estas historias, que son la vida real, puedan apoyar a que más mujeres alcen la voz en contra de estás practicas que, por desgracia, se han normalizado en nuestros espacios de trabajo.

 

Camila Sánchez Bolaño (@CamilaSanB) es periodista y reportera en Newsweek México. También es víctima de acoso y violencia.  Su testimonio se suma a otros que motivan a que mujeres de este mismo grupo editorial alcemos la voz y exijamos un fin a la violencia. Nosotras le creemos a Camila y le creemos a las víctimas. También creemos en la necesidad de un protocolo, en el que trabajaremos desde ya, para prevenir cualquier situación que pudiera presentarse en una redacción en crecimiento. Esta es otra de las denuncias que acumulamos y que contaremos en este mismo espacio en los siguientes días. 

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