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El acoso por poco me hace desertar del periodismo
En varias ocasiones estuve a punto de desertar. Sentía ansiedad, culpa y asco, mucho asco. Veía a reporteras cansadas, pero resignadas a soportar acosos; después de todo no había quien las escuchara. Mi decepción era total.   
Por Siboney Flores
1 de abril, 2019
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Tenía 17 años cuando entre al mundo del periodismo. Comencé a ser locutora y al mismo tiempo era reportera para un pequeño portal web. Creí que mi mayor preocupación sería hablar frente al micrófono o redactar. Pero no fue así.

Una fuente de cultura me acosaba día y noche por mensajes en WhatsApp. En una rueda de prensa decidió que era buena idea llevarme un café; cuando lo vi acercarse me negué y se molestó. “Ni un café te puedo traer, ya relájate, tampoco te creas tan importante, estas bonita y ya, el café es de compas”. No pude gritarle. Lo único que hice fue tomar el café y decirle en voz tenue que no me gustaba su insistencia. Al siguiente día dejé de recibir boletines y mensajes suyos.

Un jefe en un grupo de WhatsApp relacionaba el fútbol con el sexo. “Se le ponía dura” cuando había un clásico de fútbol y “tenía ganas de hacer cosas” cuando un equipo ganaba. Ninguno de los compañeros detuvo sus comentarios, al contrario, le festejaban sus “chistes”. Jamás me animé a encararlo porque solo éramos tres mujeres en la redacción deportiva.

El encargado de un periódico de poca circulación en Guadalajara me dijo que era guapísima y que necesitaban una reportera. Me ofreció 7 mil pesos por ser reportera de medio tiempo. Me negué y me fui. No sé cómo consiguió mi número telefónico, pero me marcaba para saber si había reconsiderado la oferta laboral. “Híjole guapísima, es una buena oferta, no te puedes negar”.

Durante mi estancia en el extranjero me marcó de un número extraño vía WhatsApp. “Ya te caché bonita, me bloqueaste las llamadas desde el celular, por eso te marcó por WhatsApp”. Me dijo que sabía que estaba en el extranjero y algunos datos personales. Le grité que lo estaba grabando -aunque era mentira- y que lo iba a denunciar. Jamás volvió a marcar.

Cuando fui productora radial, algunos entrevistados se me insinuaban. Después de la entrevista al aire, recibía mensajes como “Estas muy bonita jeje, a ver que día salimos”, “No pude dejar de mirar tus piernas”, o invitaciones a sus conciertos-eventos para acompañarlos a solas. Mi estrategia fue siempre ignorar o decirles que estaba ocupada.

Un compañero de trabajo que me llamaba la atención se aprovechó de ello. Camino a un congreso en una Van me invitó a que me sentara a lado de él. Me quedé dormida y desperté cuando tocó mi entrepierna. Creí que había sido mi idea, pero volvió a presionar. Me sentí incómoda y le dije que parara. Me sentí responsable del hecho por haberme sentado junto a él.

Por comentarios de un compañero supe que él decía que podía tener sexo conmigo cuando quisiera. En ese mismo viaje estábamos todos los compañeros en un cuarto y de repente se vació.  Me dijo que él me subiría a mi cuarto. No recuerdo si estaba tomada, solo recuerdo que estaba muy cansada. Al poco tiempo una compañera fue a buscarme -por iniciativa suya y de mi jefa- para verificar que estuviera bien y llevarme a mi cuarto.

Aunque siempre tuve el apoyo de mis jefas y editores, nunca me anime a decirlo por vergüenza y negación. Todo fue tan paulatino, que me culpé a mí misma sobre mi trato hacia ellos; pensaba que había algo en mi vestir o actuar para que me dijeran o hicieran tantas cosas.

En varias ocasiones estuve a punto de desertar. Sentía ansiedad, culpa y asco, mucho asco. Veía a reporteras cansadas, pero resignadas a soportar acosos; después de todo no había quien las escuchara. Mi decepción era total.

Ahora tengo 21 años y sigo sintiendo ansiedad, pero decidí no sacrificar mi mayor pasión por depredadores sexuales. Al final ellos tienen más miedo que yo, porque saben lo que hicieron. Claro, cuando alcé la voz yo sí tuve el apoyo de mis jefas y editores, me creyeron, de ahí la valentía y coraje para no desertar.

A todas las que denuncian yo les creo y les abrazo.

 

* Siboney Flores (@SiboneyFt) es estudiante de periodismo y realiza sus prácticas profesionales en Animal Político. En el arranque de su carrera  ya ha sido víctima de acoso y violencia. Su testimonio se suma a otros que motivan a que mujeres de este mismo grupo editorial alcemos la voz y exijamos un fin a la violencia. Nosotras le creemos a Siboney y le creemos a las víctimas. También creemos en la necesidad de un protocolo en el que ya estamos trabajando para prevenir cualquier situación que pudiera presentarse en una redacción en crecimiento. Esta es otra de las denuncias que acumulamos y que contaremos en este mismo espacio en los siguientes días.

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