close
Suscríbete a nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
close
El día que pasé 12 horas presentando una denuncia
He visto cómo las autoridades hacen campañas llamando a que las mujeres denunciemos por la vía formal los casos de violencia de género, sin embargo, en la práctica presentar una denuncia en esta ciudad es un proceso innecesariamente tardado y desgastante, además de que es evidente el desconocimiento de protocolos y estándares en la investigación y atención de este tipo de casos.
Por Blog Invitado
31 de enero, 2019
Comparte

Por: Ana Laura Velázquez  (@ana_velamor)

Los hechos

Hace unos días iba caminando a las 11 de la mañana por una de las principales avenidas de la Ciudad de México, cuando de repente un hombre se acercó a mí de forma violenta, metió su mano bajo mi falda, me tocó fuertemente el glúteo y se echó a correr.

Mi reacción instantánea fue gritar y correr tras de él, lo perseguí varios metros hasta que llegamos a un tianguis, al escucharme gritar la gente se dio cuenta de lo que pasaba y comenzaron a perseguirlo también hasta que finalmente logramos detenerlo.

Ante la imperante impunidad que ocurre en estos casos, decidí presentar una denuncia, por lo que una de las personas que estaban ahí llamó a una patrulla. A los pocos minutos llegaron un par de policías, me dijeron cuáles eran mis derechos y al agresor también. Hasta ahí todo bien.

Cabe señalar que soy abogada, por lo que cuando me subí a la patrulla para ir a presentar la denuncia respiré profundo, sabía que me esperaba un día difícil.

La primera mala señal fue que a medio camino comenzó a salir humo del cofre de la patrulla en la que iba, por lo que nos tuvimos que detener y esperar a que otra llegara. La explicación que me dieron fue “que la unidad ya estaba muy vieja y de repente ya no funcionaba”. Así las condiciones de la policía capitalina.

Lo bueno, lo malo y lo feo de presentar una denuncia

Voy a comenzar hablando de lo malo. Basta con decir que duré doce horas sin salir de la Procuraduría para lograr presentar mi denuncia. Había únicamente una agente del Ministerio Público para atender todas las denuncias que llegaban. En el tiempo que estuve ahí pude ver que otras cuatro personas llegaron a denunciar delitos sexuales, dos de ellas menores de edad. El proceso resultó muy tardado ya que la MP hacía lo podía para atender todos los casos, pero evidentemente una sola persona resultó insuficiente para esto.

Un joven que vio como fui agredida amablemente acudió a testificar. A él tardaron unas seis horas en tomarle el testimonio y dárselo a firmar. Creo que solo porque estaba totalmente convencido se aguantó las seis horas, cualquier otra persona hubiera desistido y adiós testigo.

El otro punto malo fue el nivel de revictimización. Tuve que contar unas diez veces qué fue lo que me ocurrió, e inclusive me hicieron “actuar” cómo habían sido los hechos para señalarlo en el escrito de denuncia. En la pericial psicológica me preguntaron cosas como la fecha de mi primera menstruación, mis calificaciones de secundaria y cuántas parejas sexuales había tenido. Además, a pesar de que señalé que la agresión no había dejado lesiones me practicaron un examen médico, por lo que tuve que mostrar mi glúteo a una médico legista. Cabe señalar que yo sabía que todo esto iba en contra de los protocolos de actuación para atender estos casos y si accedí fue porque simplemente quería terminar lo más rápido posible y que el caso no fuera uno más de los miles que quedan impunes en la cifra negra.

Por si fuera poco, un policía de investigación quería entrevistarme enfrente de mi agresor y no obstante que había referido en qué lugar exacto habían sido lo hechos y además lo había señalado en un mapa, me querían llevar a hacer un recorrido de reconocimiento por el lugar. A estas dos peticiones me negué.

Lo feo. ¿Han ido a las instalaciones de “el Bunker”? Estas oficinas, en particular las de la Agencia de Delitos Sexuales, son horribles e indignas. Para que no viera a mi agresor mientras le tomaban su declaración, la MP pidió que pusiéramos “la cortina”, la cual resultó ser una caja de cartón, que era lo que daba privacidad entre una oficina y otra. El espacio es tan reducido que se escuchaban las declaraciones de los otros casos, lo cual, hablando de delitos sexuales resulta muy delicado.

Cuando dieron las diez de la noche, la gente que seguía trabajando llevó sus taquitos para cenar, por lo que el olor a comida invadió el lugar. De repente, de la oficina de los policías se escuchó el sonido de un video que evidentemente era pornográfico, los policías se rieron y a los pocos segundos el video terminó. Sí, esto ocurrió en la Agencia de Delitos Sexuales.

Además de todo lo anterior, el edificio se encuentra en una zona bastante insegura; cuando salí ya era casi la media noche, así que ¡sorpresa! una vez más mi integridad estaba en riesgo por encontrarme en la colonia Doctores a altas horas de la noche.

Lo bueno. Casi todo lo bueno que me ocurrió fue fortuito, esto es, la Procuraduría no tuvo nada que ver. Como dije hace un momento soy abogada, por lo que en cuanto avisé a mis colegas de lo ocurrido, una amiga abogada fue, se nombró como mi asesora jurídica y apechugó las doce horas conmigo en la Procuraduría. El haber contado con un testigo también fue de gran ayuda. Además, una señora que fue a presentar una denuncia se compadeció de mí y me regaló un café y unos chocolates. Creo que sin el apoyo de estas personas hubiera desistido.

Finalmente, el sujeto que me agredió fue vinculado a proceso por abuso sexual, lo que significa que un caso de miles no quedará en la impunidad. Además, en la audiencia pedí el uso de la voz para decirle al agresor que la violencia hacia las mujeres tiene consecuencias incluidas las jurídicas. Poder señalar esto me pareció en sí mismo un hecho reparador.

He visto cómo las autoridades hacen campañas llamando a que las mujeres denunciemos por la vía formal los casos de violencia de género, sin embargo, en la práctica presentar una denuncia en esta ciudad es un proceso innecesariamente tardado y desgastante, además de que es evidente el desconocimiento de protocolos y estándares en la investigación y atención de este tipo de casos.

Resulta paradójico que cuando los planetas se alinean, lograste detener a tu agresor, la policía acude rápido, hay un testigo de los hechos y estas dispuesta a denunciar, te topas con un proceso que pareciera tener como objetivo desincentivar la denuncia y quitarse trabajo de encima. En casos similares que he acompañado legalmente, he podido ver que la apuesta de las autoridades es cansar a las víctimas para que desistan, por lo que el proceso se vuelve una carrera de resistencia.

Si bien los hechos que me ocurrieron no pasaron a mayores (lo cual no implica que no sean constitutivos de delito y por lo tanto ameritan ser penalmente sancionados) para mí el proceso resultó muy desgastante, terminé agotada y con un dolor de cabeza intenso, además, perdí un día entero de trabajo.

Si me atrevo a dar este testimonio es para hacer un llamado a las autoridades. En una ciudad en el que cada día se conocen de más y más casos de violencia hacia las mujeres, desapariciones, intentos de secuestro y violencia feminicida, es inaceptable contar con un sistema de procuración de justicia tan precario. Si quieren que procedamos legalmente, es urgente que generen las condiciones adecuadas para dar un primer paso a erradicar la impunidad y garantizar que las mujeres tengamos una vida libre de violencia.

 

* Ana Laura Velázquez Moreno es abogada, especialista en derechos humanos y género, forma parte del Circulo Feminista de Análisis Jurídico y es integrante del área jurídica de Idheas Litigio Estratégico en Derechos Humanos A. C.

 

 

De acuerdo al Código Penal de la Ciudad de México se entiende por abuso sexual lo siguiente: “ARTÍCULO 176. Al que sin consentimiento de una persona y sin el propósito de llegar a la cópula, ejecute en ella un acto sexual, la obligue a observarlo o la haga ejecutarlo, se le impondrá de uno a seis años de prisión. Si se hiciere uso de violencia física o moral, la pena prevista se aumentará en una mitad. Este delito se perseguirá por querella, salvo que concurra violencia”.

¡Gracias por leer! Ayúdanos a seguir con nuestro trabajo. ¿Cómo? Ahora puedes suscribirte a Animal Político en Facebook. Con tu donativo mensual recibirás contenido especial. Entérate cómo suscribirte aquí. Consulta nuestra lista de preguntas frecuentes aquí.
Comparte