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El retorno de la Nación
Gobernadores, oenegeros, técnicos del desarrollo, líderes y agencias de inversión social pueden ser los principales afectados o beneficiados de la construcción de las nuevas relaciones socioestatales. El nuevo gobierno quiere cortar las intermediaciones del Estado, pero necesita construir las propias.
Por Blog Invitado
28 de febrero, 2019
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Por: Héctor Gutiérrez Magaña

López Obrador define su proyecto de país y no esconde sus intenciones de recomponer todo. Hechos tan distintos como las críticas a los radicales de izquierda o la decisión de recortar el programa de estancias infantiles tienen sentido en una narrativa del retorno de la Nación. No se trata tanto de traer al Estado de vuelta, sino de recomponerlo a través de la forma en que se relaciona con los ciudadanos: se trata de superar particularismos y cortar con los arreglos neocorporativos del pasado. En la construcción de la nueva comunidad nacional, parecen delinearse los principales puntos de conflicto de la cuarta transformación.

Viajando por distintas partes del país, el presidente ha puesto las primeras piedras del México que proyecta. Uno de sus pilares es la infraestructura: el tren maya, la planta de Nestlé en Veracruz, la reactivación de refinarías o la puesta en marcha de la termoeléctrica en Morelos. La segunda base del gobierno de AMLO parece ser una estrategia dirigida hacia ciudadanos en situación de marginación para acoplarlos con el Estado, lo que también sería una apuesta por acotar las condiciones en las que se consolidan y expanden redes criminales; las becas para jóvenes estudiantes y en situación de paro, la pensión para adultos mayores o los subsidios para las familias que viven en zonas de huachicol, pueden ser entendidas como parte de esta doble función.

Infraestructura e inclusión se reflejan en un reajuste de prioridades y presupuestos. Aunque se podría cuestionar hasta qué punto la estrategia desarrollista y las transferencias monetarias no tienen una línea de continuidad con los anteriores gobiernos, lo interesante es resaltar las diferencias, porque en ellas están contenidas las nuevas formas en que el gobierno de AMLO delinea las relaciones que mantendrá el Estado con la sociedad.

El gobierno de la coalición encabezada por Morena pretende romper con una visión no estatista del desarrollo, impulsada por anteriores gobiernos. Esto se reflejó, por un lado, en la promoción de actividades extractivas y productivas a través de subsidios, exenciones y coinversión. Por otro lado, los ciudadanos han tenido un rol de transformadores de su propio entorno, un principio que básicamente se tradujo en la transferencia de recursos financieros a terceros (organizaciones o individuos) para ejecutar políticas públicas. A estos arreglos de tipo neocorporativo se les puede sumar las partidas presupuestarias del fondo moche, la delegación de servicios como la construcción de carreteras, la educación o los cuidados infantiles.

López obrador denuncia que, bajo este modelo, el Estado se llenó de intermediarios. Esta política de descentralización rara vez estuvo acompañada de la distribución de poder (participación ciudadana sin toma de decisiones), por lo que, en muchos casos, los resultados fueron estructuras de clientelismo y un reforzamiento de la corrupción y el control político. Para el presidente, el mal está contenido en el modelo, por eso habrá que cortarlo de raíz. Ya no se trata de la coordinación de la sociedad, sino de la construcción de la Nación, y evidentemente el Estado es el que lleva las riendas.

La titánica recomposición de las relaciones entre Estado y sociedad probablemente funcione para desmontar el aparato de Estado que los gobiernos de la transición no pudieron (o quisieron) desafiar. Pero en este reensamble burocrático, la coalición de Morena parece construir dos nodos de conflicto: el comunitarismo y ambientalismo a partir de una nueva prioridad de desarrollo, y la sociedad civil a través de su reconocimiento como actores capaces de construir aristas de la política pública.

En lo que respecta al desarrollo, el gobierno de AMLO se enfrenta a resistencias de campesinos, indígenas y organizaciones de corte socioambiental. Más allá de todo argumento ético y técnico, se configura una confrontación de dos lógicas de bienestar colectivo: la nación contra la localidad. López Obrador piensa en la soberanía de la patria, mientras los otros izan la bandera de la autodeterminación. Las consultas populares instrumentadas por el ejecutivo, hasta ahora sin marco legal, operan como un juego que apalanca la legitimidad de las encuestas, y probablemente, al mismo tiempo ampliarán la brecha ideológica entre la presidencia y otras comunidades políticas.

Por su parte, el poder de ejecución de la política (distribuir recursos y coordinar actividades en territorio) difícilmente podrá ser redefinido sin la resistencia de los múltiples operadores que ganaron influencia durante de los últimos gobiernos, sin generar cambios bruscos en las rutinas ciudadanas o sin hacerse de nuevos actores de apoyo para ejercer el poder. Gobernadores, oenegeros, técnicos del desarrollo, líderes y agencias de inversión social pueden ser los principales afectados o beneficiados de la construcción de las nuevas relaciones socioestatales. El nuevo gobierno quiere cortar las intermediaciones del Estado, pero necesita construir las propias.

¿Quién se verá beneficiado por la redefinición de las relaciones ciudadanos-Estado? Suponer que todo esto es un plan maestro de concentración de poder planificado desde el ejecutivo puede rayar en la histeria, además de pasar por alto que, hasta ahora, el aparataje del nuevo proyecto de nación parece avanzar de forma torpe y descoordinada. Postular el fin de los intereses ajenos a la patria es igualmente inocente.

Dentro y fuera de la administración pública se está construyendo el nuevo andamiaje del Estado; quienes lo disputen de alguna forma definirán quiénes caben, quiénes no y bajo qué condiciones, en la Nación que retorna para reconfigurar la capacidad del Estado.

 

* Héctor Manuel Gutiérrez Magaña es maestro en ciencias políticas por la Flacso Ecuador y actualmente es estudiante del doctorado en Ciencias Sociales de Flacso México. Se especializa en la investigación de temas sobre democracia y participación ciudadana.

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