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La vocación del gobierno y el cuidado en la infancia
Resulta mucho más barato y responsable invertir en primera infancia como prevención de violencia, que en cárceles y en palear la deserción escolar y las adicciones, así como el enorme derroche de recursos utilizados para enfrentar a la violencia.
Por Blog Invitado
26 de febrero, 2019
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Por: Ana María Serrano

Este gobierno tiene una vocación sin precedentes de apoyar a los sectores más vulnerables del país y asigna toda la energía y la intención para lograrlo, al igual que para buscar equidad de condiciones y de hacer justicia histórica con sectores de la población que han quedado por años marginados de oportunidades y servicios.

Es de celebrar también la mirada tajante y las medidas hacia el freno de la corrupción y los abusos que durante años han lacerado a nuestras instituciones.

Era hora de tener una mirada diferente y una voluntad de cambio.

En esa línea, y honrando a la intención y vocación de la Cuarta Transformación, me gustaría mirar al proceso de limpiar al servicio de Estancias Infantiles.

De primera mano sé que las estancias atienden precisamente a la población más vulnerable del país.   Mujeres y padres solteros, quienes no tienen acceso a un Servicio de Cuidados infantiles del IMSS o ISSTE y mucho menos privados, y que tienen la necesidad de entrar a trabajar o continuar sus estudios sin el cuidado de sus niños menores de edad.

Es justo la población para quienes esta administración está armando un paquete interesante y bien intencionado de apoyo y de servicios, intentando generar equilibrios históricos de justicia; no obstante, es de reflexionar si la estrategia tendrá el impacto que esta población requiere.

Desde el punto de vista de las familias, el monto que era dirigido a las estancias y recibirán ahora de manera directa se expone ante los patrones de carencia y escasez de los hogares, lo que pulverizará el recurso, sin beneficiar ni al padre o madre trabajador ni al niño o niña.

Desde el punto de vista de los niños y niñas pequeños no está garantizada la existencia de un adulto responsable presente en el hogar o en la familia extensa que se haga cargo, ni que (en caso de existir) esta persona tenga las capacidades para hacerlo.

En muchas ocasiones, eran los hermanitos mayores quienes cuidaban a los pequeños, sacrificando su escolaridad y reproduciendo en la célula familiar el círculo de la pobreza.

Cierto es que puede haber familias cariñosas y en los casos en los que existieran figuras responsables, podrían cuidar con afecto a los niños.

Sin embargo, también es cierto que los entornos de pobreza, que rodean precisamente a las familias usuarias, generan estrés cotidiano en los cuidadores y en los pequeños, afectando al desarrollo de los niños.

Esto deja a los niños pequeños en una situación de vulnerabilidad y posibilidad de negligencia en el cuidado cotidiano.

El tiempo de aprendizaje de los cuidadores alternos para comprender las necesidades de cuidado y desarrollo de los niños y niñas, dejaría pasar en ellos una ventana de oportunidad de desarrollo cerebral y de la construcción de su personalidad; nos lamentaríamos al constatar que se ha dejado pasar, sin intervenir de manera adecuada, la etapa de máxima vulnerabilidad con toda una generación afectada.

Esto indicaría que esa generación de padres, madres y cuidadores tuvieran que tener información adecuada sobre el desarrollo y la crianza, garantizando el desarrollo de capacidades parentales, lo cual excedería la cuota mensual del recurso recibido y tendría que estar aparejado con estrategias de acceso a escuela para padres a todos los adultos responsables. De acuerdo a las investigaciones y avances de las neurociencias, cuidar a un niño con lo que requiere su cerebro implica aprender a hacerlo.

Un clamor muy válido del presente gobierno es la prevención de la violencia. Y también es algo de celebrar y apoyar con todo.

En esta línea, sabemos que la violencia se gesta en la primera infancia. Cuando el bebé vive desde el embarazo y los primeros años de vida, abandono, angustia y negligencia, se altera la función y estructura cerebrales. Y en casos extremos, esta afectación es la responsable de una programación muy temprana a la violencia por la existencia del fenómeno del estrés tóxico y la ausencia de un modelo cálido de socialización.

Resulta mucho más barato y responsable invertir en primera infancia como prevención de violencia, que gastar en cárceles, palear la deserción escolar y las adicciones, así como el enorme derroche de recursos utilizados para enfrentar a la violencia.

Un niño pequeño necesita continuidad en el cuidado, respuesta a sus necesidades, relaciones humanas predecibles y ordenadas, que le permitirán desarrollar su cerebro y su personalidad.

La inversión que se hace por niño, en el entorno de las estancias, se capitaliza dada la inversión previa en infraestructura, capacitación y procesos. Cada peso se vuelve aprovechable, lo cual no es el caso en el marco de la familia necesitada que vive al día con sus gastos.

Cierto es que si hay corrupción es necesario castigarla con toda la fuerza del estado. Sin embargo, la invitación es a focalizarse en los responsables de dicha corrupción, desde los antiguos altos funcionarios hasta las responsables de las estancias que se hayan aprovechado del engaño.

Y valorar que el 93% de los usuarios están satisfechos, haciendo declaraciones importantes de que ha sido un parteaguas en su vida familiar y económica la presencia de las Estancias.

Los derechos humanos en primera infancia nos marcan que como Estado; tenemos la responsabilidad de su bienestar y educación.

En síntesis, el presente gobierno tiene una vocación de equidad y justicia.

La mejor manera de evitar la reproducción del círculo de la pobreza es conservar y mejorar mediante certificación y procesos a este servicio de estancias a familias vulnerables.

La mejor manera de prevenir la violencia en sus orígenes más tempranos es conservar y mejorar este servicio de estancias infantiles.

 

* Ana María Serrano es especialista en Primera Infancia, egresada de Sociología del ITAM, con maestría en Educación Comparada por la Universidad de Chicago. Fundadora y directora de Proyecto DEI, escritora de textos para la SEP, CONAFE y SEDESOL. Coautora del Programa de Educación Inicial SEP 2017 y consultora de UNICEF para el Programa de Desarrollo Infantil Temprano.

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