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Un mal día en el Congreso de Yucatán
Este miércoles el Congreso de Yucatán rechazó el matrimonio igualitario. Con 15 votos en contra, 9 a favor y una inasistencia, nuestros representantes frenaron otra vez este derecho para todas y todos.
Por Enrique Torre Molina
11 de abril, 2019
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Este miércoles fue un mal día.

Yucatán, donde nací y crecí, es un estado con voces poderosas en la política, los negocios, los medios de comunicación y la iglesia que se oponen fundamentalmente a las personas LGBT+ o temen estar abiertamente a favor de nuestros derechos. Hoy, el congreso rechazó el matrimonio igualitario. Con 15 votos en contra, 9 a favor y una inasistencia, nuestros representantes frenaron otra vez este derecho para todas y todos.

Estoy acostumbrado a las anécdotas de mis amigos gays de la prepa que tuvieron novia para esconder quienes eran. Que iban a bares gays en otras ciudades, pero que en Mérida no se atrevían para evitar toparse a algún conocido. Que entraron un día a su cuarto para encontrar el libro sobre cómo “corregir” su orientación que su mamá dejó ahí, casual, junto a la cama. Estoy acostumbrado a que, cuando me toca ir a dar una conferencia o taller sobre inclusión o derechos humanos, alguien trate de impedirlo o le pida a los organizadores que lo cancelen.

Estamos acostumbrados a casarnos con un amparo de por medio, aunque la Suprema Corte ha dicho en varias ocasiones que no debería ser así. A que, el día de la boda, una jueza payasa trate de impedirlo con un pretexto burocrático. Estamos acostumbrados a que algunos de ustedes salgan a marchar por todo Paseo de Montejo para “defender a la familia”. No a nuestras familias, claro. Lo veo todos los días en todos los rincones del mundo.

Estoy acostumbrado a que esta lucha por la igualdad es larga, difícil, llena de días como hoy. Estamos acostumbrados, con todo en contra, a vivir. Pero igual duele ver a un grupo católico rezando (sí, rezando) en el edificio del Congreso por la “protección” de la “familia natural”. Igual da mucho coraje ver a una diputada del PAN celebrando el odio en sus redes sociales. Sabemos que vamos a ganar esto eventualmente, pero igual se siente de la chingada.

¿Cuándo fue la última vez que alguien oró en tu contra? ¿Alguien se ha tomado el tiempo de pedirle a su dios que te traten –que te sigan tratando– como un ciudadano de segunda clase? ¿Alguien ha gastado tinta en sus columnas de opinión para explicar por qué tu relación no es una relación de verdad, por qué tu familia no es una familia de verdad, por qué es peligroso que tú y tu pareja tengan o adopten niños? ¿O aprovechado su cargo como servidor público para hacer una “consulta ciudadana” sobre tus derechos? ¿Alguna diputada fue hoy a trabajar, votó en tu contra y regresó a cenar a su casa con su esposo y sus hijos, teniendo el día más normal posible, mientras tú y tu familia no gozan del mismo reconocimiento legal ni la protección del estado? ¿Hay gente en tu familia, entre tus amigos, en tu oficina que piensa –aunque no lo diga– que no mereces esos mismos derechos?

Si respondiste que no a estas preguntas, pon atención: te necesitamos. Necesito que le escribas a tu representante en el congreso y le digas que estás a favor del matrimonio igualitario. Que si hoy votó a favor, tiene una tarea pendiente con sus compañeros. Que si votó en contra, repruebas ese voto. Necesitamos que le mandes un tuit al gobernador Mauricio Vila para felicitarlo porque Yucatán será la sede del Tianguis Turístico en 2020, pero que es una vergüenza que el estado no reciba con los brazos igual de abiertos a todas y todos los turistas del mundo.

Necesito que le digas al sacerdote de la misa a la que vas los domingos que no está bien que use su homilía para hablar en contra de las personas homosexuales. Que le digas a tu amiga Ivette Laviada que se dé cuenta de que sus artículos y posts en Facebook promueven la homofobia y el rechazo a los jóvenes LGBT y que sus ideas no caben en el mundo de hoy. Que este fin de semana, cuando salgas a comer con tu familia y hablen de que “¿viste lo que pasó en el Congreso de Yucatán?”, les dejes clarísima tu postura. Que no tengan duda de que ya es hora de que todas las personas tengamos todos los derechos.

Necesitamos que la próxima vez que alguien en WhatsApp te comparta un mensaje en contra de mí, mi novio, mi familia y mis derechos, no sólo ruedes los ojos y te quedes callado sino que cuestiones a esa persona y le expliques por qué no debe apoyar ese mensaje. Necesito que le llames por teléfono y le digas: amor es amor. Que te vayas a echar un café con ella para platicarlo más si es necesario.

Necesito que no evites esas conversaciones incómodas sino que las tengas. Que las generes. Que te acostumbres a hablar de esto. Necesitamos que le digas a tus amigos gays y lesbianas que estás con ellos. Que salgas a marchar con nosotros. Por nosotros. Dices que eres nuestro aliado, que nos apoyas, que contamos contigo. Veo que pones un filtro de arcoíris en tu foto de perfil cada mes de junio. Pues aquí tienes otras sugerencias. Porque lo que has dicho y hecho está muy padre. Nos ha ayudado. Pero no es suficiente.

Porque yo y todas las personas LGBT+ que conozco llevamos años teniendo esa conversación incómoda. Llevamos toda la vida y no ha sido suficiente. La costumbre de la discriminación no hace más ligera ni más amable ni menos dura esa discriminación. Sabemos que sí, estamos avanzando y estamos acompañados. Sabemos que las posturas de gente como Rosa Adriana Díaz son cada vez menos bienvenidas. Que las voces a favor de la igualdad son cada vez más que las voces en contra.

Este miércoles fue un mal día y estamos acostumbrados. Es triste y da coraje y se siente de la chingada. Pero mañana volveremos a hacer lo que mejor sabemos hacer: no rendirnos y no dar ni un paso atrás. Te invito a hacer lo mismo.

 

* Enrique Torre Molina (@ETorreMolina) es activista y consultor de temas LGBT+ para empresas, gobiernos, medios de comunicación y universidades. Ha sido campaigner de organizaciones internacionales y la revista The Economist lo nombró uno de los 50 Top Diversity Professionals. Co-fundó Colmena 41, organización que conecta e inspira a la comunidad LGBT+ y aliados a través de eventos, investigación y colaboración.

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