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La Reforma Educativa de la Cuarta Transformación
Aunque no se reconozca de manera explícita, hubo mejoras en la educación durante el sexenio anterior, así como claros errores. Entre las nuevas propuestas planteadas por el presidente López Obrador está la cancelación del INEE la cual suena más a un re-branding que a un cambio significativo.
Por Blog Invitado
13 de diciembre, 2018
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Por: Sebastián Guevara y Paul Moch

La educación no es una entre otras políticas del Estado, puesto que su objetivo es el desarrollo del ser humano, tiene un rango y una preeminencia especial. Los cambios en este aspecto de la vida pública mexicana no deben satanizarse o aplaudirse como si se tratara del resultado de un deporte. La realidad es mucho más compleja y los cambios que necesitan darse en nuestro sistema educativo son profundos y requieren de un cuidadoso análisis. Sin pretender realizar una revisión de un documento que aún no es público, nos proponemos revisar sin filias ni fobias los cambios anunciados esta mañana por el Presidente López Obrador y el Secretario Moctezuma sobre la derogación de la Reforma Educativa.

Aunque no se reconozca de manera explícita, hay mejoras que se desarrollaron durante el sexenio anterior, así como claros errores que el anuncio de hoy señala, pero que magnificados para la opinión pública, suenan irreales. Aquí profundizamos sobre los cambios relacionados al Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), Servicio Profesional Docente, educación indígena y creación de universidades.

Desde su creación en 2002, el INEE ha recopilado y sistematizado indicadores educativos con un rigor técnico que pocos países en el mundo pueden presumir. Esto existía aún antes de que el INEE fuera elevado al rango de organismo constitucional autónomo que adquirió con la Reforma Educativa. Dicha entidad ya se rige por un consejo consultivo ciudadano transexenal y coordina el Sistema Nacional de Evaluación Educativa, que es un espacio que busca ser representativo donde se integran las voces de maestros, padres de familia, sindicatos, autoridades federales, estatales y municipales, así como la de expertos y académicos conocedores del sistema educativo mexicano.

Por lo anterior, la “cancelación” del INEE en aras del Centro Nacional para la Revalorización del Magisterio y la Mejora Continua de la Educación, suena más a un re-branding que a un cambio significativo. Esto no es algo negativo, al contrario, pocas cosas pueden ser más positivas que poder seguir midiendo y proponiendo estándares desde un instituto técnico. Sin embargo, la posible pérdida de la autonomía (misma que aún no se ha confirmado) ocasionará dudas sobre su veracidad y objetividad.

Definitivamente, el poner a las y los docentes al centro de la carrera magisterial es un gran avance. Durante el sexenio anterior, en busca de recuperar la “rectoría del Estado” de las manos de los sindicatos, se impulsó aceleradamente la evaluación del magisterio sin espacio para el diálogo o la difusión que les permitiera apropiarse de la Reforma y entender los efectos positivos de la evaluación. Será un acierto la evaluación para crecer y no para señalar defectos que obviaba las complejidades dentro del aula y las carencias que existen en los entornos rurales y más marginados de nuestro país y se los adjudicaba simplemente a las y los profesores.

Dicho lo anterior, el impulso al desarrollo de Carrera Magisterial suena sorprendentemente cercano al  Servicio Profesional Docente que impulsó el sexenio pasado. Es de aplaudir que se conserve una serie de lineamientos objetivos y claros para la promoción y profesionalización de las y los maestros, pues sería desastroso para el país regresar a las prácticas clientelares y corporativistas en las cuales el crecimiento en el escalafón magisterial estaba asociado a la lealtad y disciplina sindical y no al mejoramiento de la práctica docente.

También es deseable que el “impulso a nueva pedagogía mexicana” (único punto que refiere a la práctica dentro del aula y no a política educativa) se sustente en el, ahora viejo, Nuevo Modelo Educativo (NME), pues la estructura del mismo y el impulso que se la da la búsqueda de competencias del siglo XXI, así como al desarrollo integral del estudiante como ciudadano, fue un acierto de la administración anterior. Fue un paso hacia la dirección correcta la instalación de la autonomía curricular, pues permite que las y los docentes promuevan un aprendizaje adaptado a las realidades locales propias de cada escuela, pero sin dejar de lado la formación de una identidad nacional.

Es falso que nunca se hubiera conducido una Consulta para la elaboración del Modelo Educativo, pues el CIDE mismo fue quien recopiló la información de la misma, el problema fue que esta llegó muy tarde y ya arrancado el proceso de implementación de la Reforma. Fue un error presentar la Reforma antes que el NME. Mandó el mensaje de que eran proyectos diferentes, cuando debieron ser una propuesta en conjunto. Es un paso adelante que la nueva propuesta haya iniciado con una consulta.

El impulso a la educación indígena es otro acierto dentro de los anuncios, aunque cabe señalar que dentro del NME se menciona como prioritario el entender a México desde su bilingüismo y su multiculturalismo, por lo que esperamos se conserve esta visión que reconoce las complejidades lingüísticas y culturales. El gran acierto será que esto no se quede nada más en el currículo, si no de impulsar, como lo enfatizó el Secretario, más apoyos para quienes más lo necesitan y promover una equidad verdadera en la educación.

Por otra parte, la creación de 100 nuevas universidades para asegurar la gratuidad y el acceso la educación superior es también una gran noticia, misma que tiene que ser tomada con cautela, pues el desarrollo de nuevos espacios de aprendizaje es algo que no se da por el simple hecho de inaugurar una universidad. Aquí hay una verdadera oportunidad para reimaginar la educación superior en nuestro país como una herramienta igualadora de oportunidades que detone el desarrollo y ayude a consolidar el involucramiento de los universitarios en el mejoramiento diario de sus comunidades.

México necesita promover una educación que sea promotora del cambio a favor de quienes más lo necesitan. Tiene razón AMLO cuando dice que la educación debe ser igualadora y un instrumento que ayude a combatir la profunda desigualdad que tanto ha dañado a nuestro país. Para este propósito es sensato no despreciar los logros educativos del pasado, sino construir a partir de ellos, la cual parece ser la estrategia del Gobierno Federal.

 

* Sebastián Guevara es estudiante de la maestría en política educativa en la Universidad de Stanford. Paul Moch es estudiante del programa homónimo en Harvard.

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