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López Obrador y los errores del perdón
El primer error de AMLO consiste en sostener que ejecutar las leyes que persiguen los actos de corrupción pasados es apostarle al circo y la simulación. Si no queremos que nuestro sistema de justicia solo sea circo y simulacro, entonces tenemos que hacer cumplir las leyes.
Por Blog Invitado
17 de diciembre, 2018
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Por: César Palacios González (@CPalaciosG)

He aquí una idea nada controversial: AMLO y su equipo trabajaron muchas horas en la elaboración del discurso que Obrador dio al rendir protesta como presidente. Es poco probable que el discurso haya sido escrito con premura y poca reflexión. Es irrisorio pensar en AMLO terminándolo mientras viajaba al Congreso en su automóvil, cual estudiante que no acaba de entender lo importante de hacer la tarea a tiempo. Considero importante hacer hincapié en lo anterior pues nos indica que todo lo dicho en la toma de posesión ha sido sopesado con seriedad por Obrador y su equipo. Es razonable pensar que no hay palabras sueltas o ideas de botepronto.

En su discurso, AMLO puso en claro cuál es su visión de la historia política y económica mexicana, cuáles son los grandes retos del México contemporáneo, y cuáles son los males que hay que combatir con toda fuerza. El principal mal a combatir es la corrupción: “si me piden que exprese en una frase el plan del nuevo gobierno, respondo: acabar con la corrupción y con la impunidad”. Y el principal valor a erigir en el plano nacional es la honestidad: “nosotros queremos convertir la honestidad y la fraternidad en forma de vida y de gobierno”.

Los mexicanos sabemos que la corrupción permea todos los niveles de gobierno. No hay semana en la que las noticias no nos hablen sobre cómo a través de actos de corrupción servidores públicos se robaron, o desviaron, decenas, centenas o miles de millones de pesos. Dinero de la ciudadanía que debería servir a ciudadanía. Ante una situación de corrupción tan brutal como la que se vive en México no es raro que el discurso anticorrupción enarbolado por el entonces candidato López Obrador le haya ganado muchísimos adeptos. Un México sin corrupción, qué lindo sueño. Es por esto todavía más sorprendente que AMLO quiera establecer lo que se ha llamado el borrón y cuenta nueva. En pocas palabras: hacia el futuro honestidad y respeto a las leyes, y hacia el pasado desatención.

Si hemos de considerar el discurso de Obrador ante el Congreso como su postura respecto al ‘borrón y cuenta nueva’, entonces no queda más que afirmar que en términos morales esta postura de AMLO es, cuando menos, moralmente obtusa, y cuando más, inmoral.

Obrador mantiene que gracias al neoliberalismo la corrupción en México se volvió la principal función del poder político. Y aun cuando esto es así su gobierno va a iniciar “sin perseguir a nadie porque no apostamos al circo ni a la simulación”. Lo primero que hay que notar es que este “no perseguir a nadie” parece solo referirse a los políticos. Lo segundo a notar, por más obvio que sea, es que en México hay leyes anticorrupción (aun cuando estas no tengan dicho nombre en el encabezado).

El primer error de AMLO consiste en sostener que ejecutar las leyes que persiguen estos actos de corrupción pasados es apostarle al circo y la simulación. Es claro que en el contexto político mexicano las leyes se han usado de manera arbitraria y con tintes políticos. Esto nadie lo niega. Pero si en su gobierno se iba acabar la impunidad, la honestidad sería imperante, y si se iban a hacer respetar las leyes, entonces la conclusión natural sería que la persecución de dichos actos de corrupción durante su gobierno sería legalmente sólida y al amparo de cualquier intento de mediatización. Si no queremos que nuestro sistema de justicia solo sea circo y simulacro, entonces tenemos que hacer cumplir las leyes. Y lo más importante, afirmar que no se perseguirá la corrupción pasada es hacer circo del Estado de Derecho.

El segundo signo alarmante de la propuesta de AMLO es que para que ésta sea aprobada le está ofreciendo a la oposición el mítico zanahoria o palo. En estos momentos la oposición está tanto en contra de una política del perdón y olvido, como de varias de las medidas centrales del proyecto de gobierno de AMLO: el Tren Maya, Santa Lucía, etc . Pero a ellos AMLO les tiene un mensaje: “si abrimos expedientes dejaríamos de limitarnos a buscar chivos expiatorios, como se ha hecho siempre, y tendríamos que empezar con los de mero arriba, tanto del sector público como del sector privado”. Esto no significaría ningún problema si nada temieran los grupos de la oposición. Pero a lo que le apuesta AMLO es que cada quien sabe lo suyo. Y si las opciones son o el borrón y cuenta nueva, o la justicia, a más de uno no le parecerá tan malo que los actos de corrupción del pasado se perdonen.

Obrador no ha dicho de manera clara cómo funcionaría este perdón, pero lo que sí sabemos es que el diablo está en los detalles. Si el perdón se hace de manera oficial entonces la oposición podría enfrentarse de manera directa a AMLO cuando estén en contra de las propuestas de la nueva administración. Si, por el contrario, el perdón queda como un pacto entre políticos, entonces la oposición estará supeditada a que AMLO no cambie de opinión. Y si este fuera el caso, tendríamos una oposición timorata que, con tal de no enfrentarse a la justicia, sería poco contrapeso político, suponiendo que tienen cola que les pisen. A todo lo anterior cabe añadir que dicho proyecto de perdón y olvido también es en interés del propio Obrador, pues en su equipo hay figuras claroscuras.

Un tercer punto que AMLO presenta para justificar su política del perdón es que sin ella se metería al país “en una dinámica de fractura, conflicto y confrontación, y ello nos llevaría a consumir tiempo, energía y recursos que necesitamos para emprender la regeneración verdadera y radical de la vida pública de México, la construcción de una nueva patria, la reactivación económica y la pacificación del país”. Es cierto que llevar a la justicia a los corruptos haría que nuestro sistema judicial tuviera que ajustarse a la cantidad de trabajo. Pero esto no es algo inaudito que pedir. Si nuestro sistema de impartición de justicia necesita tiempo, recursos, y más personal capacitado para que se construya una sociedad más justa, entonces esto es lo que el gobierno entrante tendría que darle. Es más, pedir lo anterior es igual a pedir que se capacite y contrate más personal de salud durante una epidemia que paraliza al país.

Algo que también hay que preguntarse es por qué habría fractura, conflicto y confrontación en la sociedad. ¿Por llevar a los corruptos a la justicia? Creo que AMLO no ha escuchado al pueblo, que lo que demanda es justicia. Puede ser que AMLO a lo que le teme es a que estos corruptos usen su capital social para desestabilizar, o entorpecer, al gobierno. Pero si esto fuera así entonces lo que AMLO tendría que decir no es que habría fractura, conflicto y confrontación, sino que ofrece perdón a los corruptos porque les teme. Tal vez los mexicanos serían más receptivos a este mensaje, pues muchos de ellos, a su vez, también temen a los corruptos.

Para terminar, déjenme exponer por qué la postura de AMLO es, cuando menos, moralmente obtusa, y cuando más, inmoral. Que Obrador proponga que “no haya persecución a los funcionarios del pasado” hace que el perdón a ofrecer abarque todo tipo de actos de corrupción (esta oferta, cabe recalcar, no incluye asuntos que ya se están investigando). Y he aquí el problema fundamental: no todos los actos de corrupción son iguales. No es lo mismo desviar dinero destinado a papelería, que desviar dinero destinado a combatir el analfabetismo. No es lo mismo desviar fondos destinados a simplificar los proceso de atención a derechohabientes del FOVISSSTE, que desviar fondos destinados para combatir la pobreza alimenticia. No es lo mismo desviar fondos destinados a comunicación social, que desviar fondos destinados a medicinas y equipo médico. Hasta un niño sabe que hay cosas más malas que otras.

Debe ser claro que poner todos los actos de corrupción en la misma bolsa es un error ético fatal. Y que el presidente de México no solo haga esto, sino que proponga perdonarlos al unísono muestra o que no entiende de ética o que simplemente no le importa. Si Obrador fuera coherente con su “Por el bien de todos, primero los pobres”, entonces tendría que poner los derechos de los pobres al frente y esto requiere, en este caso, que se investigue y castigue a aquellos que los han afectado a través de la corrupción.

 

* César Palacios González actualmente es investigador de la Universidad de Oxford.

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