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Los multimillonarios debemos pagar más impuestos
Un requisito fundamental para una sociedad menos desigual es que las personas más ricas paguen los impuestos que les corresponden de forma justa. Sin embargo, tal y como apunta el informe sobre desigualdad de Oxfam ¿Bienestar público o beneficio privado?, esto no está sucediendo.
Por Blog Invitado
24 de enero, 2019
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Por: Nick Hanauer

Soy un profesional del capitalismo y formo parte del 0,1 %. He fundado y puesto en marcha 37 empresas. Fui el primer inversor externo en Amazon. Mi éxito se ha visto recompensado de forma obscena, con una vida que el otro 99,99 % de la ciudadanía estadounidense ni siquiera puede imaginarse. Y, sin embargo, la lección más importante que he aprendido tras décadas de experiencia en el corazón del mercado capitalista es que la moral y la justicia son requisitos indispensables para la prosperidad y el crecimiento económico. La avaricia no es buena.

El problema es que casi todas las figuras de cierta autoridad en los ámbitos económico, político y de los medios de comunicación nos dicen lo contrario. Esta semana en la que la élite mundial se reúne en un resort en las montañas suizas de Davos para debatir sobre los desafíos a los que se enfrentan nuestras economías y nuestro mundo escucharán muchas cosas al respecto. Y sí, les puedo garantizar que, a pesar de todos los discursos, no se cuestionará de forma significativa la inmoralidad en la que se basan nuestras economías modernas.

La actual crisis de desigualdad es el resultado directo de este fracaso moral. Ahora mismo, nuestra exclusiva y tan desigual sociedad basada en la riqueza extrema de unos pocos puede parecer robusta e inevitable, pero se desmoronará. Antes de lo que creemos, llegarán las horcas y el caos resultante no beneficiará a nadie. Ni a las personas ricas como yo, ni mucho menos a las personas más pobres que ya han sido dejadas de lado.

Para eludir esta crisis existencial, debemos clavar una estaca en el corazón de la religión neoliberal que recompensa de forma instantánea la avaricia a costa de nuestro futuro. Debemos reemplazarla con un nuevo marco económico que reconozca que la justicia y la inclusión no son el resultado de la prosperidad económica, sino más bien su causa.

Solo una sociedad que busque incluir a todos sus ciudadanos y ciudadanas en la economía puede prosperar a largo plazo: ninguna empresa ni, desde luego, ningún milmillonario está aislado. Debemos nuestra riqueza a la sociedad, a los millones de personas que trabajan día a día en nuestro beneficio, a menudo a cambio de salarios de pobreza. Debemos nuestras fortunas a los gobiernos que proveen los servicios educativos, las infraestructuras y las inversiones en investigación con los cuales construimos nuestros imperios. Ninguna de las empresas en las que he invertido funcionaría sin esto.

Un requisito fundamental para una sociedad más justa es que las personas más ricas deben pagar los impuestos que les corresponden de forma justa. Sin embargo, tal y como apunta el informe sobre desigualdad de Oxfam ¿Bienestar público o beneficio privado?, esto no está sucediendo. Aquí, en los Estados Unidos, las personas más ricas de la sociedad –personas como yo– se acaban de beneficiar de uno de los mayores recortes fiscales de las últimas décadas. Mientras, nuestras escuelas públicas se desmoronan, nuestro sistema sanitario continúa excluyendo a millones de personas, sumiéndolas en el dolor y el sufrimiento. Los tipos impositivos máximos para las personas y empresas más ricas son los más bajos en décadas. Y un nivel de evasión y elusión fiscal sin precedentes garantiza que los “súper ricos” paguen aún menos impuestos.

No existe justificación moral para este comportamiento más allá del desacreditado dogma neoliberal que estipula que si todas las personas maximizan su egoísmo, el mundo, de alguna manera, será un lugar mejor: que unos impuestos cada vez más bajos para las personas más ricas nos beneficiarán a todas las personas; de que unos servicios educativos y de salud a merced del mercado libre, accesibles tan solo para quienes tienen dinero para pagarlos, son, de alguna manera, más eficientes. Tampoco tiene justificación económica. Tal y como Henry Ford dijo, no se puede desarrollar una empresa o una economía si la gente se empobrece.

No me cabe ninguna duda de que las personas más ricas de nuestra sociedad pueden y deben pagar muchos más impuestos para ayudar a construir una sociedad más igualitaria y una economía más próspera. Como Oxfam bien sabe, un sistema fiscal más justo ayudaría a garantizar que todos los niños y niñas reciban una educación, y que ninguna persona viva con miedo a ponerse enferma porque no puede permitirse pagar los gastos médicos.

En última instancia, nuestra humanidad –y no la falta de ella– es la verdadera fuente de crecimiento económico y prosperidad para las civilizaciones. No se trata de tan solo un imperativo para la comunidad académica y activista, sino para todos nosotros y nosotras, incluidos todos y cada uno de los milmillonarios. Ya no es una cuestión de si podemos permitírnoslo. Ahora, es cuestión de si podemos permitirnos no hacerlo.

 

* Nick Hanauer es un emprendedor estadounidense e inversor de capital de riesgo.

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