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Los retos de la Sociedad Civil Organizada ante la 4T
La izquierda ha construido un Estado de Bienestar a la latinoamericana, que se concibe como benefactor de la sociedad y que es sensible a las necesidades básicas de la gente, pero no ha sido sensible a las necesidades subjetivas de la gente, y usualmente actúa con desdén al pensamiento crítico que paradójicamente le fue útil para ascender al poder.
Por Blog Invitado
15 de marzo, 2019
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Por: Roberto Garda Salas

 

A Carlos Monsiváis, donde quiera que esté.

La Autoconciencia existe en y para sí en la medida y por el hecho de que existe (en y para sí) para otra Autoconciencia; es decir, que ella sólo existe en tanto que entidad-reconocida.

Hegel, Dialéctica del Amo y del Esclavo.

 

“La revolución será feminista, o no será”. Esta frase se la mencionamos insistentemente a movimientos políticos y sociales de cualquier tipo. Junto con las feministas les recordamos a los compañeros y compañeras ambientalistas, de izquierda, así como a organizaciones de los pueblos indígenas, organizaciones juveniles y a gobiernos socialdemócratas y socialistas “progresistas” que sin el cambio de las subjetividades de género de mujeres y hombres no habrá en realidad un cambio profundo en los sistemas de dominación y de opresión de la sociedad capitalista. El movimiento de la diversidad sexual constituido por activistas, académicos y personas de la comunidad lésbica, gay, transexual, transgénero, bisexual e intergénero (LGTTBI) también recuerdan la importancia de que exista una agenda que aborde de forma crítica la sexualidad de las personas con la idea de cuestionar la heteronormatividad y sus prácticas homofóbicas.

Al mantener esos recordatorios se está diciendo que las políticas del cuerpo, los afectos, la sexualidad y las subjetividades e identidades son igual o más importantes que las políticas económicas, sociales, financieras, energéticas, laborales, etcétera, porque si bien al fortalecer las segundas se robustece el crecimiento y el desarrollo, así como la oferta de servicios, el mercado interno, y a los poderes y el Estado democrático no se robustece necesariamente a la persona en lo individual, a su ciudadanía, la manera en la que concibe y se conduce en la vida. Y mucho menos si lo hace respetando o violando los derechos humanos y/o los sexuales y reproductivos. Sin las políticas de la subjetividad podremos haber construido un Estado de bienestar sin alguien que lo valore, o instituciones democráticas, sin demócratas.

Históricamente la izquierda latinoamericana ha sido estatista y ha descuidado su aspecto democrático. Salvo la idea de hombre nuevo del Che Guevara, siempre ha descuidado la constitución de personas con conciencia crítica. Desde Lázaro Cárdenas, pasando por Fidel Castro y Eva Perón en el pasado, y recientemente Daniel Ortega, Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa¹ todos han seguido una visión weberiana del poder, no sólo en el sentido de que tiene el uso legítimo de la violencia, sino que además porque todos han impuesto a sus sociedades la dominación del Estado y sus “jerarquías supremas”  (Weber, 2005). Pradójicamente con ello se han alejado de la idea marxista de la extinción del Estado al eliminar la lucha de clases (Marx y Engels, 2017). Así, a la desigualdad que genera el capitalismo se impone la igualdad social de la izquierda, y al dogma del mercado que contempla a la empresa privada como su única fuente de bienestar y poder, se le contrapone el carisma del líder que tomando por asalto al Estado (vía armada o electoral) hace de la cercanía a él mismo o a la maquinaria estatal su fuente de bienestar y poder.

Con base a ese dogma, la izquierda ha construido un Estado de Bienestar a la latinoamericana que se concibe como benefactor de la sociedad y que es sensible a las necesidades básicas de la gente (comer, habitación, educación, etc.), pero no ha sido sensible a las necesidades subjetivas de la gente, y usualmente actúa con desdén al pensamiento crítico que paradójicamente le fue útil para ascender al poder.

Los Estados “populares” han buscado garantizar el acceso a los servicios de los pueblos, pero a cambio han pedido seguimiento y fidelidad política. Piden al pueblo “obediencia” y “orden” los cuales en su abstracción son definidos como fidelidad a la figura carismática. Así, la izquierda que se ha hecho Estado en América Latina ha mantenido el autoritarismo benévolo porque deja intactas en la subjetividad de las personas las jerarquías de poder que colocó la sociedad de clases, sustituyendo al Estado burgués por el Estado de bienestar, y entra en choque la fuerza del carisma como un medio de asignación de recursos con las fuerzas del mercado que generaron desigualdad profunda. El argumento pasa de ser la eficiencia y su inmoralidad a la ausencia de planeación y su moralidad. Con ello se pretende “regenerar” la vida social corrompida por el capital. Pero la izquierda no ve que la moral y el carisma se convierten en sí mismos en el “ser superior” que el mercado instituyó. Cambia de forma, no de fondo.

La organización del pueblo en sociedad civil progresistas en México

Cuando hablamos de Organizaciones de la Sociedad Civil en México no nos referimos a las que se formaron en el corporativismo priista. Aquél fundado por el cardenismo y que organizó la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP), la Confederación de Trabajadores de México (CTM) y la Confederación Nacional Campesina (CNC) y aquella que capturó al movimiento empresarial en la Confederación de Cámaras Industriales (Concamin). Tampoco nos referimos a la organizaciones de la ultraderecha que enarbolan banderas contra el aborto, a favor de la familia única, de corte cristiano y católico; o a aquella creada por las elites de empresariales para fomentar el “capitalismo de compadres” o aquellas que atienden poblaciones vulnerables.

Quienes han impulsado las políticas del cuerpo y las identidades somos Organizaciones de la Sociedad Civil que llamaremos progresistas. Nos organizamos por la pandemia del SIDA y el temblor de 1985, y al observar la frecuente revictimización que los Ministerios Públicos y sus médicos hacían de las mujeres que eran maltratadas o violadas (y que construyeron su agenda en Beinjing en 1994 en Naciones Unidas). Asimismo, somos quienes hemos observado que los jóvenes han sido víctimas históricas del adultocentrismo del Estado mexicano, no sólo desde 1968, pero sí reconocemos en esa fecha un quiebre histórico fundamental. A estas se sumaron los zapatistas con el Ejército Zapatista de Liberación (EZLN) y posteriormente las organizaciones de jóvenes (El CEU en 1986) y #yosoy132 en búsqueda de nuevas banderas ante la caída del muro de Berlín en 1991 y el derrumbe de la Unión Soviética en 1995. Todas estas pérdidas: de la salud, de las ideologías, de un Estado protector, de las banderas socialistas y de izquierda y en general de referentes teóricos “seguros”, generaron una nueva forma de vernos y ver al otro/a.

Ante aquél vacío respondimos con la formación de una conciencia de sí para sobrevivir. Los distintos vacíos generaron en nosotros una nueva comprensión de la realidad y nuestro papel en ella. La caída del comunismo, la falta de políticas para proteger a las mujeres y a las personas de la comunidad LGTTTBI, la ausencia de apoyos a los jóvenes, la crisis de las personas sin hogar, etc. fueron haciendo conciencia ciudadana que después se tradujo en organización: Organizaciones Civiles.

Lo primero que observamos fue que el Neoliberalismo imponía no sólo el dogma del mercado como única manera de relacionarnos, sino además el sexismo, el machismo, el racismo y diversas formas de opresión que afectaban -y dañan aún- a las personas. Observamos empresas que imponían (e imponen) bajos salarios, precariedad en el trabajo y políticas de desastre ambiental, y a un Estado que se alejaba de la sociedad y se acercaba a empresarios creando el “capitalismo de compadres”, y en el peor de los casos aliándose al crimen organizado.

Lo que hicimos fue apostar por políticas de identidad que generaran autoconciencia de las personas. Salud mental, reflexibilidad, resignificación de traumas, cambio de identidad, apropiación personal de la democracia, igualdad, justicia y equidad son solo algunas de los conceptos que estas políticas problematizan en nuestras intervenciones. De fondo, la autonomía, la libertad reflexiva, el ejercicio responsable del poder, el trato íntimo y amoroso, pero también crítico y político son el resultado de nuestros talleres, grupos, terapias, etc. que ofrecemos hasta ahora. Al trabajar con las subjetividades hemos creado autoconciencia ciudadana para el ejercicio de los derechos humanos y de la sexualidad placentera y responsable. Hemos construido autonomía por medio de la constante autopoiesis (Maturana, 1994) comprendiendo los dramas de la vida desde  el socioconstruccionismo, la complejidad y la vida misma. Así, siempre hemos potenciado a las personas para ser actores sociales tanto en su casa como en la sociedad, y siempre hemos educado para la insumisión.

¿Porqué la insumsión? Porque la Sociedad Civil Organizada progresista releímos al psicoanálisis crítico y feminista, creímos menos en las lecturas clásicas del comunismo y bebimos más del eurocomunismo, los feminismos (liberal, radical y el de la diferencia) y de los teóricos de la Escuela de Franckfurt, del posestructuralismo francés (de la biopolítica de Foucault) y los humanismos de la Gestalt que cuestionaban las estructuras autocráticas y antidemocráticas que surgían igual en el fascismo, que en el comunismo soviético o en los capitalismos liberal o imperial. Creamos y reavivamos los estudios culturales y las reflexiones sobre el racismo y los pueblos originarios en Foros Sociales en Brasil. Y al mismo tiempo construimos una crítica a éstas corrientes y revisamos a Enrique Dussel, Boaventura dos Santos, Humberto Maturana, Eduardo Galeano, Bolivar Echeverría, etc con la idea de crear un pensamiento crítico propio para Iberoamérica sin aspiraciones universales. Creamos una nueva epistemología y nuevas teorías “desde abajo” porque aspiramos a cambiar desde ahí, y no alcanzando el poder del Estado.

De fondo aprendimos de Hegel y su Dialéctica del Amo y el Esclavo (Kojeve, 1982). Aprendimos a estar atentos a no actuar como amos cuando estábamos frente a alguien vulnerable (alguien “esclavo” de otro abusador), y a facilitar para llegar como ciudadanos a puertos más seguros. Aprendimos que la autoconciencia da claridad no solo sobre el ser y el otro, sino sobre todo de la relación de poder que se construye entre ambos. Aprendimos a detener la mente de amo que busca la omnipresencia, y a cuestionar la mente del esclavo que demanda un Dios o un Salvador. Desde nuestros métodos deconstruimos los mandatos culturales, los del mercado, lo de la empresa o el Estado que generaban malestar a las personas. Y aprendimos no solo que su malestar era el nuestro, sino además que como ciudadanos autoconcientes nuestros derechos no dependen de ellos sino del esfuerzo personal y la lucha social que cotidianamente tenemos que hacer.

Sí, desde las organizaciones civiles progresistas hemos enfrentado otras dominaciones distintas a las de la “mafia en el poder” o el “capitalismo rapaz”. Más bien, hemos enfrentado una lucha contra aquél imaginario opresivo que lo sustenta. Imaginario que se constituye de ideas dominantes machistas, sexistas, homofóbicas, clasistas y racistas que cosifican a las personas en alguien no democrático y no crítico. En México y en Latinoamérica en la izquierda hay líderes visibles que de una u otra forma han tenido carisma para impulsar sus movimientos: Lula da Silva, Dilma Rousseff, Cristina Fernández, Cuauhtémoc Cárdenas y López Obrador son sólo algunos ejemplos entre otros. En las Asociaciones Civiles más bien hemos apostado por el reconocimiento institucional: Adivac, Ipas, Católicas por el Derecho a Decidir, Mexfam, Coriac, CAM Margarita Magón, Cimac, etc. (y cada país en América Latina tiene su lista de héroes institucionales) donde si bien surgen mujeres y hombres líderes el objetivo no es centrar en una figura dicho liderazgo. Así como los partidos de izquierda (PRD, PT y Morena) obtuvieron financiamiento público, las Organizaciones de la Sociedad Civil también lo obteníamos por el desarrollo de proyectos donde colaborábamos con el Estado o con las agencias internacionales. Así como hubo ilegalidad en el uso de algunos de éstos financiamientos de parte de éstos partidos, también algunas asociaciones llegaron a corromperse pero sin que éstas prácticas fueran una generalidad.

A diferencia de los partidos que hacían de la toma del poder una obsesión, las Organizaciones de la Sociedad Civil buscamos comprender cabalmente la compleja realidad social, política y económica y sus desigualdades y decidimos intervenir en la manera en que afectaban y destruían la vida íntima, emocional y corporal de las personas y sus subjetividades. Muchos proveníamos de partidos de izquierda como el Partido Comunista, el Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT) y/o el Partido Unificado de México (PSUM) (y su fusión en el Partido Mexicano socialista (PMS)), así como del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) o influidos por movimientos civiles como la Asociación Eureka de Rosario Ibarra de Piedra. Aprendimos a organizarnos fuera del sistema de partidos y a generar un trabajo con la sociedad sin dependencia de las personas que apoyábamos, sino a transformarla co-construyendo con las personas inmersas en esas realidades opresivas. También somos Organizaciones civiles de izquierda o progresistas con métodos de lucha distintos a los partidos. Estos últimos forman cuadros obedientes, disciplinados y los incorporan a una burocracia donde el voluntariado y/o el activismo tiene la expectativa de una remuneración real o simbólica en el partido. Estos deben jurar culto a la personalidad del líder carismático –recordando con ello lo peor del comunismo soviético-. En las Organizaciones Civiles somos distintos. Buscamos la formación de agentes de cambio sociales y reflexivos, que si bien podían recibir un ingreso por su participación en algún proyecto se ven más haciéndolo por compromiso y solidaridad social. Ni el dinero ni el poder son para nosotros una obsesión, es la experiencia vivido con otro/a y el crecimiento de ambos el mejor pago que podemos encontrar. A diferencia de los partidos que hacen del dinero y el culto a la personalidad una obcesión, nosotros hacemos del crecimiento personal nuestra pasión.

¿La balcanización de la sociedad civil en la 4T? ¡Si nos dejamos!

Así, la lucha partidista por el poder no es distinta a la lucha activista de las Organizaciones Civiles que denomino progresistas. Ambas buscan democratizar al país y que disminuyan las desigualdades sociales y económicas. Asimismo, ambas buscan atender estrategias para enfrentar la violencia y construir formas más pacíficas e igualitarias de convivencia. Pero los métodos son muy distintos: nosotros buscamos la autoconciencia de sí de las personas, su insumisión y la conciencia crítica para el ejercicio de sus derechos; y los partidos –y en particular la 4T- buscan disminuir el malestar de la desigualdad pero piden a cambio sumisión al Estado y a su líder. Nosotros proponemos una crítica a los servicios de salud, educativos y de diversos tipos gubernamentales porque éstos usualmente se burocratizan y no generan conciencia ciudadana. Proponemos capacitar y dar seguimiento a éstos funcionarios para estar atentos a procesos de revictimización de las personas atendidas. Al contrario, en la 4T se busca que el Estado los extienda bajo la concepción asistencial y sin colaboración con las organizaciones (lo cual garantiza su posterior burocratización y deterioro).

Por ello no debe extrañarnos que se quitaran recursos a los programas que eran dirigidos a las familias y a las niñas y niños, como tampoco a las mujeres (desde quitar el dinero a las estancias infantiles, hasta retirar el fondo del Paimef, pasando por desaparecer el Indesol y quitando la administración de los fondos para las Organizaciones civiles que dan refugio a mujeres maltratadas. La propuesta de asumir el servicio de forma estatal y “dar dinero” (en forma de becas) a quienes hacen uso de éstos servicios desconoce no solo el trabajo de las Organizaciones Civiles, sino que además entra en una franca balcanización de las mismas haciéndola de lado y reorientando la intervención que busca la autoconciencia y el crecimiento a aquella que pretende “complementar” el gasto mensual de la casa por medio de ingresos. Con ello se refuerza la idea del mercado, el dinero, el Estado Benefactor y al líder carismático como fuentes de poder, y se aleja a la persona, su crecimiento, su autocomprensión y autonomía como fuente de bienestar. Se busca paliar la situación de desigualdad sin la comprensión de la misma. No se abren vías para su comprensión, y se afianza la imagen del Estado y su líder como salvadores del pueblo (reforzando los roles del amo y al esclavo).

Tal vez hubiéramos esperado algo de reconocimiento de la 4T al ascender al poder (diríamos que Hegel sigue presente en nuestra mente) pero al parecer en su espíritu ganador el nuevo Gobierno se ha olvidado de importantes aliados en el camino. Importantes no por su peso político y menos por su peso económico ni electoral, sino por su peso ético y moral. A sorprendido porque en lugar de preveer una colaboración e intercambio lo que la 4T ha emprendido es una ofensiva contra las organizaciones civiles de todo tipo, iniciando de ésa forma una lucha por el acceso a la sociedad, su fidelidad y sus votos.

En eso la 4T y las Organizaciones de la Sociedad Civil no nos parecemos, mientras ellos buscan empoderarse y alimentar la imagen carismática del líder en el poder nosotros insistimos en que lo mejor de la gente no está en el programa social que se le acerca (pues esto debería hacer sin pedirle nada a nadie y porque es un derecho) ni en ningún líder, sino en que descubra su propio poder para oponerse a cualquier intento de someterla, y en esa lucha encuentre siempre lo mejor de sí. Al menos yo soñaba –por defecto de estar tanto la propia autonomía- que podríamos pasar de un estado Burgués y una Benefactor a un Estado Facilitador que colaborando con la Sociedad Civil colocara a las personas y la construcción de la ciudadanía como el eje de su política, y que sin aprovecharse de la vulnerabilidad de la sociedad tuviera más sensibilidad en no reproducir la cosmovisión del amo. Un Estado realmente laico entendiendo con ello –diríamos en términos hegelianos, marxistas y habermasianos- la inexistencia de dioses, y priorizando en su lugar el acto comunicativo para comprendernos y crecer por medio de la conciencia democrática. Tan solo el reconocimiento el otro como alguien igual (no como cliente político y futuro voto) con quien se pueda acordar cómo organizarce para mejorar las cosas.

Pero el intento de balcanizarnos debe recordarnos lo que Carlos Monsivás decía después del temblor del movimiento de 1985. Sobre todo lo que señalaba en torno a la idolatría al poder (más siendo México un fuerte país presidencial). Citemos lo que el intelectual decía en Entrada libre. Crónicas de la sociedad civil que se organiza:

Pero el avance civil ha continuado y entre sus logros cuenta la democratización como estado de ánimo y cambio de mentalidades. Allí los resultados son notables, mi optimismo –así le llamo a mi escepticismo ante las razones oficiales para no concederle democracia a los “menores de edad”- no viene tanto de los adelantos de partidos y corporaciones como de la revalorización generalizada de la democracia. Al crecer la idea y la realidad de la sociedad civil se deteriora con rapidez un aspecto medular del presidencialismo, la intangibilidad del Presidente de la República (con su cadena forzosa de ritos y sacralizaciones). Mucho se avanza cuando los ciudadanos-en-vías-de-serlo dejan de esperar todo del Presidente, cuya estatua abstracta de dispensador de bienes erosiona a diario al democratizarse el trato cultural de los poderes. (Monsiváis, 1988).

Entonces reconozcamos que lo que hemos logrado en la sociedad al lado de las personas –junto a nuestras metodologías y conocimientos construidos- le estorban no sólo a la nueva administración, sino que siempre han molestado a las izquierdas latinoamericanas cuando se le demuestra que ni el poder del Estado es la única vía para acceder a un pensamiento progresista, ni el pensamiento crítico de nosotros se detendrá con el ascenso de ellos. Habría que preguntarnos ¿Quién es de izquierda? Quien está al lado de la gente y lucha por detener su enajenación del mercado y del poder jerárquica, o quien está por reforzar la figura del Estado antes como un ente omiso del bienestar y ahora como un ente que irrumpe en la intimidad de las personas en pos de “su bienestar”.¿Quién es de izquierda?.

¿Fuimos ingenuos? ¿El triunfo de ellos es el nuestro? ¿La toma del poder de ellos es la nuestra? En parte su triunfo es el nuestro porque creímos no en su proyecto, sino que el nuestro sería mejor con ellos en el poder. Pero no vimos la burocracia partidista que ahora está balcanizando a la Sociedad Civil progresista. Por ello la toma del poder de ellos, no es el nuestro. En algún momento silenciamos la crítica y creímos. Dejamos de escucharnos y el carisma nos cegó. Descansamos y de alguna manera se instaló en nosotros una conciencia servil. Y en algún momento en nuestra subjetividad construimos un amo, y votamos por él. Amo que se mostró bondadoso cuando no tenía el poder, pero que ahora actúa como cualquier otro amo. Sí, sí fuimos ingenuos. ¿Qué nos toca? Recordar quienes somos, aplicarnos la misma receta que enseñamos y así como antes, organizar la resistencia.

 

* Roberto Garda Salas es director de Hombres por la Equidad, A. C., Economista y sociólogo, candidato a Doctor en Teoría Crítica. 25 años trabajando desde las organizaciones de la sociedad civil. Correo: [email protected]

 

¹ Con la honrosa excepción de la izquierda brasileña y argentina, que considero son distintas salvo en el tema de la corrupción.

 

Bibliografía

Kojeve Alexandre, La dialéctica del amo y del esclavo en Hegel, Buenos Aires, La Pleyadé, 1982.

Maturana R. Humberto y Varela G. Francisco, De máquina a seres vivos. Autopoiesis: la organización de lo vivo, Editorial Universitaria Lumen, 2003.

Marx Carlos y Engels Federico, El manifiesto comunista, 2017, Ediciones Península.

Monsivais, Carlos, Entrada Libre. Crónicas de la Sociedad que se organiza, México, Editorial Era, 1988.

Weber, Max, El político y el científico, Buenos Aires, Ediciones Libertador, 2005

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