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Merecemos esta regañiza por el cambio climático
La huelga mundial por el clima que se llevará a cabo este viernes 15 de marzo será un acto de desobediencia civil a escala global en donde miles de niñas y niños, jóvenes y estudiantes saldrán a las calles a demandar un cambio radical que les asegure y les garantice un futuro en el que será posible vivir, sin las consecuencias catastróficas de un cambio climático severo.
Por Blog Invitado
14 de marzo, 2019
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Por: Claudia Campero (@claucampero) y Carlos Tornel

La presencia de una niña de 16 años en el Foro Mundial Económico en Davos, Suiza, parece ser una escena difícil de imaginar. Más aún si es ella quién se dirige a la audiencia de economistas y tomadoras y tomadores de decisiones sobre el estado de la economía mundial: “Los adultos continúan diciendo que le deben a la gente joven la posibilidad de tener esperanza. Pero yo no quiero su esperanza. No quiero su optimismo. Quiero que entren en pánico. Quiero que sientan el miedo que yo siento todos los días y después quiero que actúen”. Las palabras de esta niña sacudieron por completo el foro, así como la Conferencia de las Partes de Cambio Climático (COP), las cuales continúan siendo el principal espacio internacional para atender el cambio climático que, por cierto, han sido incapaces de atender de forma clara y efectiva el problema.

Greta Thunberg ha protestado desde agosto del año pasado frente al parlamento sueco deliberadamente decidiendo no asistir a clases un día por semana, mientras las y los adultos no tomen acciones contundentes contra el cambio climático. Su argumento es simple: ¿Por qué seguir estudiando si no se me asegura un futuro? Esta protesta se ha convertido en la base de un movimiento global de miles de niñas y niños, jóvenes y estudiantes que han hecho eco al llamado de Greta y han organizado huelgas estudiantiles con el fin de presionar a que las y los tomadores de decisiones en sus respectivos países actúen en congruencia con la urgencia de combatir el cambio climático.

El llamado de Greta Thunberg se presenta en un momento crítico en la historia del cambio climático. En octubre del año pasado el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) presentó el Reporte Especial de 1.5°C. En este se detalla que el incremento de un grado de temperatura, que ha sido el resultado de un intenso proceso de industrialización durante los últimos 250 años en los países del norte global y más recientemente en países en desarrollo como China e India, es la razón por la que los desastres como incendios forestales, huracanes, sequías e inundaciones se han incrementado en frecuencia e intensidad. Estos desastres han producido impactos humanos y costos económicos muy altos, los cuales aumentarán conforme incremente la acumulación de esta temperatura.

Este reporte se presenta después de que 185 países firmaron y adoptaron el Acuerdo de París en 2015, en el cual se comprometieron a limitar la temperatura media global en 2°C para finales del presente siglo, con miras a limitar el incremento en 1.5°C. A pesar de esto, los compromisos que hasta el momento han presentado estos países apuntan a que, incluso cumpliendo con sus promesas, la temperatura se incrementará entre 2.7°C y 3°C para finales del presente siglo. Es decir, los compromisos de los países son totalmente insuficientes.

El Informe del IPCC incluso demuestra cómo el estabilizar la temperatura a finales del presente siglo en el límite de los 2°C puede tener consecuencias devastadoras. En otras palabras, un mundo donde logremos estabilizar el clima en un incremento de 1.5° a uno donde lleguemos a los 2° de aumento es sustancialmente diferente. La diferencia de incrementar la temperatura media global en 1°C o en 0.5°C adicionales puede ser entre otras cosas: a) la diferencia para millones de personas que experimentan estrés hídrico o que se verían forzadas a migrar por las consecuencias del cambio climático, b) la conservación del doble de las especies que hoy se encuentran en riesgo y c) la terrible realidad de despedirnos para siempre de los arrecifes de coral o de conservar al menos entre el 30 y el 10% de ellos. El reporte continúa advirtiendo que si antes del 2030 los países no han logrado reducir sus emisiones lo suficiente como para estar en línea con el 1.5°C, será virtualmente imposible que limitemos el incremento de la temperatura que supere los 2°C.

Lo anterior requiere de un cambio radical del sistema económico y de la forma en la que consumimos y dependemos de los combustibles fósiles. Sin embargo, las acciones propuestas por los gobiernos y tomadores de decisiones no han resultado en propuestas y más importante aún, en acciones claras y efectivas.

Tan sólo en el 2018 las emisiones se incrementaron por segundo año consecutivo después de un relativo estancamiento posterior a la firma del acuerdo de París. La brecha de emisiones, es decir, la cantidad de emisiones que debemos reducir antes del 2030 para limitar el incremento de la temperatura, se incrementó por segundo año consecutivo. Tan sólo como referencia, para aspirar al límite de 1.5°C los países tendrían que reducir cada año lo equivalente a 6 veces las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) que emite Estados Unidos anualmente por los siguientes 11 años.

Es evidente que las acciones de 25 años de negociaciones ambientales y climáticas que hasta ahora se han puesto en la mesa no han dado resultado: mientras los países debaten el intercambio y el costo de las emisiones, mantienen una poco saludable relación con la extracción de hidrocarburos y la quema de combustibles fósiles. Y no sólo eso, sino que las exigencias de movimientos sociales y grupos vulnerables por acciones climáticas más ambiciosas suelen ser diluidas y traducidas a responsabilidades individuales de las y los consumidores (por ejemplo, a través de compras de productos ‘sustentables’ o la disminución del consumo de carne) que estadísticamente son casi insignificantes y no promueven un cambio colectivo del paradigma y del sistema económico en el que vivimos.

Las acciones que requerimos para cumplir con el límite de temperatura de 1.5°C son por definición extremadamente radicales, implican un cambio sustancial del sistema económico y de la dependencia de los combustibles fósiles. Esas acciones requieren de cambios transformadores que tengan la capacidad de regresar a las niñas y niños la posibilidad de imaginarse un mundo en el que no serán irremediablemente víctimas constantes del cambio climático que las generaciones anteriores produjeron.

La huelga mundial por el clima que se llevará a cabo el próximo 15 de marzo será un acto de desobediencia civil a escala global en donde miles de niñas y niños, jóvenes y estudiantes saldrán a las calles a demandar un cambio radical que les asegure y les garantice un futuro en el que será posible vivir, sin las consecuencias catastróficas de un cambio climático severo. Esta huelga estudiantil representa una transformación importante del discurso del cambio climático, pues instala en el centro a un sujeto de transformación que antes había estado perpetuamente ausente, ya que como sociedad tendemos a excluir a las y los niños, jóvenes y estudiantes de los procesos de toma de decisiones. Sin embargo, lo que se haga o no en los siguientes años les afectará por el resto de su vida.

Esta huelga se presenta en un momento clave en México. En sus 100 primeros días el presidente Andrés Manuel López Obrador ha enviado un claro mensaje de la poca importancia que tiene el tema de cambio climático. El presupuesto de 2019 redujo los recursos para el cambio climático a la mitad y la administración ha mantenido un apoyo constante al incremento de la extracción de hidrocarburos y al desarrollo de infraestructura dependiente de la quema de combustibles fósiles sin un claro plan para acelerar el uso responsable y democrático de la energía renovable.

Este 15 de marzo las y los tomadores de decisiones de este país y del resto del mundo recibirán una regañiza que les hacía falta escuchar desde hace más de 25 años. Sin embargo, si las y los tomadores de decisiones deciden no escuchar a las y los jóvenes, les están arrebatando a todas las nuevas generaciones de este planeta la capacidad de imaginar un futuro digno, equitativo, justo y armonioso. Este 15 de marzo las y los estudiantes nos confrontarán con una pregunta incómoda y pertinente: ¿de qué servirá estudiar para un futuro que no les estamos garantizando?

 

* Claudia Campero es Geógrafa, colaboradora de Food & Water Watch. Carlos Tornel es Profesor asociado al Departamento de Estudios de Sustentabilidad de la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México.

 

 

Al día de hoy el planeta ya incrementó su temperatura en 1°.

Universidad del Este de Anglia. Disponible aquí.

Programa de Naciones Unidas por el Medio Ambiente. Reporte de la Brecha de Emisiones 2018. Disponible aquí.

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