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¿Qué está pasando en Polonia en la COP 24?
En esta ocasión, en las negociaciones de la Convención de Cambio Climático no se esperan grandes anuncios o decisiones políticas, sin embargo se han evaluado las posibles rutas para limitar el calentamiento global a 1.5 oC, lo cual ha llamado la atención del público en general.
Por Blog Invitado
14 de diciembre, 2018
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Por: Andrés Flores Montalvo

Estos días está teniendo lugar en Katowice, Polonia, la vigésima cuarta reunión de la Conferencia de las Partes (COP 24) de la Convención de Cambio Climático de las Naciones Unidas. En esta ocasión, las negociaciones se han enfocado en resolver temas procedimentales y en avanzar algunas discusiones técnicas relacionadas con la operacionalización de los Acuerdos de París, y por lo tanto no se esperan grandes anuncios o decisiones políticas. Ante la baja expectativa que se tenía incluso antes de su inicio, en esta COP el interés mediático y la participación de organizaciones no gubernamentales (incluyendo el sector privado) fueron relativamente bajos. Además, la sede y por tanto la Presidencia de la sesión recayeron este año en Polonia, quien (a pesar de ser esta la tercera COP que hospeda) históricamente ha sido un actor con poco liderazgo en temas climáticos.

Con todo, en las últimas semanas pareció aumentar un poco el interés público, luego de la aprobación del nuevo reporte especial del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC), que evalúa las posibles rutas para limitar el calentamiento global a 1.5 oC (en lugar de los 2 oC que se acordaron en París) y la gran diferencia que ello haría en cuanto a reducción de impactos. Se ha hecho repetidamente referencia a este reporte, y con él como argumento, un llamado a aumentar la ambición de los acuerdos y los compromisos nacionales, y a acelerar el paso. Estos llamados han venido particularmente de los delegados de los pequeños Estados insulares, y de los países menos desarrollados y más vulnerables, quienes han siempre empujado por una meta de calentamiento más ambiciosa que la que tenemos ahora.

En cuanto a la agenda de las negociaciones, éstas se han centrado en tres temas críticos, como elementos de una posible “decisión”, que es el documento de compilación de los acuerdos con el que usualmente concluye cada COP:

  1. El primero es el del financiamiento. Se programó un diálogo ministerial sobre el tema, donde será posible medir qué tanto se ha avanzado, y ver si es factible hacer nuevos compromisos, por ejemplo para darle oxígeno al Fondo Verde Climático (GCF). Sin ellos, es difícil que los países en desarrollo quieran comprometerse a revisar “hacia arriba” sus contribuciones nacionalmente determinadas (NDCs)  de reducción de emisiones. El hecho de que este año, que toca la evaluación financiera bianual, se han contabilizado cerca de 70,000 millones de dólares de financiamiento climático (y eso sin incluir a Estados Unidos), puede crear un ambiente propicio. En este tema, y en particular en asegurar fondeo para el GCF, Alemania y Suiza parecen más optimistas, mientras que Francia y Reino Unido tienen algunas reservas, porque no están satisfechos con el manejo del GCF.
  2. El segundo tema tiene que ver con las reglas de implementación del Acuerdo de París (rulebook). En este tema, los asuntos más críticos son los de transparencia y flexibilidad, dentro de lo que se conoce en la jerga de la negociación como el “marco de transparencia”. Ya se han acordado mecanismos de medición, reporte y verificación, y de apoyo para la revisión de los NDCs, pero está por definirse cómo se operarán, y que tanta flexibilidad tendrán los países en desarrollo para reportar o contabilizar el cumplimiento de sus contribuciones previstas.
  3. Finalmente, y posiblemente como el más importante, está el tema de la ambición. No está claro aún si los países estarán dispuestos por ahora a aceptar revisar sus NDCs para asumir mayor nivel de compromiso (ambición) y comunicarlos para el 2020. En la Pre-COP de hace unas semanas, no se logró un consenso sobre este tema. Hace tres años, en el Acuerdo de París se hizo “un llamado” para que esto se haga, y algunos países (incluido México) han pedido (mediante un documento de posición sometido oficialmente) que ello se plasme en una decisión de la COP.

México es, además, miembro fundador de la “Coalición de Alta Ambición” que es un grupo que tiene ahora más de 100 países, que ha empujado por establecer metas de reducción de emisiones alineadas hacia lograr máximo 1.5 oC de calentamiento.

Es posible que al concluirse el Diálogo de Talanoa, que durante un año sentó a actores de todos los ámbitos para evaluar el progreso para asegurar cumplir las metas de calentamiento (máximo 2 y 1.5 oC) y la neutralidad en las emisiones hacia el largo plazo, también se haga un llamado a la acción, que podría incluir recomendaciones muy específicas para la descarbonización de los principales sectores productivos.

Y a propósito de México, en esta COP hay gran interés por escuchar a los delegados, y saber cuál es su la visión del nuevo gobierno en temas climáticos. Hasta ahora hay señales positivas, al menos en el discurso, ya que se ha reiterado que se honrará el compromiso asumido por México en su legislación nacional y en los acuerdos internacionales para enfrentar el cambio climático, que se ha reconocido como el mayor desafío ambiental para nuestro planeta.

A fin de cuentas, esta COP está resultando más importante de lo que se esperaba. Los sucesos recientes en Francia, que están teniendo lugar en paralelo con esta sesión, han traído a la mesa la preocupación por asegurar que la transición que demanda el combate al cambio climático considere con mayor rigor los temas de justicia social y los objetivos de desarrollo sostenible En el caso de México, hay muchos argumentos que demuestran que la reducción de las emisiones que genera puede contribuir a lograr además ventajas competitivas, mayor eficiencia en el uso de recursos, la autosuficiencia energética, crear empleos de calidad, impulsar el desarrollo regional y combatir la pobreza, que son preocupaciones legítimas de la sociedad. Es posible lograr esta “transición justa”, para emplear el término tan en boga entre los negociadores.

Es importante insistir en que, tal como deja ver el nuevo reporte del IPCC, para logar esta transformación y las metas de calentamiento establecidas la responsabilidad no debe recaer únicamente en los gobiernos nacionales, y será fundamental la participación de los gobiernos nacionales y subnacionales, pero también del sector privado y de todos los actores de la sociedad.

 

* Andrés Flores Montalvo es director de Energía y Cambio Climático WRI México.

 

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