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Redes sociales, riesgo para la salud pública
Si una persona no experta en redes ejerce su derecho a criticar a un funcionario de primerísimo nivel, y como consecuencia inmediata recibe una ola de insultos, ¿podríamos atrevernos a llamar a eso de “terrorismo digital”? Sí. Sin duda. Porque se sustenta sobre las mismas bases. Lastimar, inhibir y controlar por la vía del miedo.
Por Jorge Camargo
25 de abril, 2019
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Por: Jorge Camargo

En días pasados la congresista demócrata por Nueva York, Alexandria Ocasio-Cortez -quien en un caso de éxito de uso de las redes sociales llegó a esa posición- hizo un anuncio que sacudió a los miles de sus seguidores y a una importante empresa: renunció al uso de las redes sociales porque “constituyen un riesgo para la salud pública”, dijo.

Pero agregó algo más inquietante y a la vez paradójico viniendo de quien utilizó las benditas redes sociales para arribar a una posición como congresista: son un peligro para la salud pública, especialmente para los jóvenes, porque producen –incluidos los adultos- aislamiento, depresión, ansiedad, adicción y evasión.

La renuncia al uso de las redes de Ocasio-Cortez tuvo tal impacto que enfatizó la salida de miles de jóvenes y adultos de Facebook. A Ocasio se suman una serie de actores públicos y privados, pero dos de ellos llaman la atención por la posición que ocupaban. Se trata de Brian Acton, cofundador de WhatsApp, y Steve Wozniak, cofundador de Apple, quienes cerraron sendas cuentas luego del escándalo de Cambridge Analytica.

Ocasio-Cortez tiene razón en una cosa que quizás no tengamos del todo claro. Los adolescentes aun no han madurado su sistema emocional y, lo que es más preocupante, están en la formación de su identidad como personas. Si ellos son expuestos a la brutalidad de contenidos y a la manipulación de la tiranía del algoritmo, entonces los daños pueden ser devastadores, como ya lo hemos visto en los reportes de prensa sobre suicidios colectivos llamados “La Ballena Azul”, por ejemplo.

Piense que su hijo tiene una tendencia a la depresión por problemas de su formación emocional. Sus primeras consultas en las redes sociales estarán dirigidas a contenidos que reafirmen su estado. Entonces el algoritmo lo detectará y llenará su red de contenidos similares. La consecuencia será, mayores estímulos para deprimirse.

La zona del cerebro que controla las emociones, no lo hace con el lenguaje; por ello verbalizar las emociones es sumamente complejo y debemos recurrir a símbolos, etc. Entonces, cómo dar salida a toda esa carga que se genera en los jóvenes.

¿Cómo funciona todo esto? Cuando compramos un artículo o tomamos una decisión, lo hacemos -en el 80 por ciento de las veces- con la parte del cerebro que controla nuestras emociones. Me explico. Usted no se hace de un auto usando la parte racional de su cerebro, es decir, no investiga las especificaciones técnicas. La simple elección del color o lo que le inspira tal marca, delata el uso de este mecanismo.

Si bien la mercadotecnia apela a esta zona, usted “sabe” que tratan de venderle algo y puede dejarse conducir por el mecanismo de seducción, pero qué ocurre cuando usted no se da cuenta que un hecho que se le presenta como real, tiene la intención de engañar sus emociones, sin que usted se dé cuenta.

En este momento usted se preguntará adónde vamos. Pues justamente a que las redes sociales están construidas para estimular la parte de nuestro cerebro que controla las emociones, no la parte racional.

Los políticos que usan las benditas redes sociales lo saben muy bien. Las personas votan en las elecciones con la zona de las emociones, no con la racional. El voto razonado no existe para el común de las personas. Porque los expertos usan mensajes binarios: “desastre-paraíso”, digamos.

Si una persona no experta en redes ejerce su derecho a criticar a un funcionario de primerísimo nivel, y como consecuencia inmediata recibe una ola de insultos, de amenazas, descalificaciones, eso impacta en su zona de las emociones, pudiendo pasar del miedo, al enojo y luego al silencio.

¿Podríamos atrevernos a llamar a eso de “terrorismo digital”? Sí. Sin duda. Porque se sustenta sobre las mismas bases. Lastimar, inhibir y controlar por la vía del miedo.

Hay un agravante mayor: que no se trata de expresiones espontáneas. Sino de una estrategia contratada para alcanzar ese fin, como ya lo ha demostrado un estudio universitario.

Caminemos un poco más. Si se comprobara que un funcionario público contrató una empresa para implementar una estrategia con estas características, incluida la agresión, –con cuentas orgánicas y meros bots-, entonces podríamos decir que actuó con dolo.

Pregunto a los expertos en derecho: ¿puede llevarse ante los tribunales por daño moral a la empresa generadora de los contenidos de la campaña? ¿Las plataformas que sirvieron para dar salida a esta campaña, les alcanzaría responsabilidad? ¿Los funcionarios públicos contratantes de tales empresas y estrategia incurrirían en qué tipo penal? ¿Una fiscalía podría abrir una carpeta de investigación ante una denuncia de esta naturaleza?

El tema no concluye aquí. Aun hay mucho que abordar. Adelanto: ¿permitir la transmisión en vivo a través de una red social, ha sido un incitador a la violencia, como en los casos de los recientes atentados? ¿Podemos vivir sin redes sociales?

¿Hemos dado un paso tal que si descartamos las redes sociales debilitamos los procesos democráticos o nos hemos inventado esa mentira?

* Jorge Camargo es experto en comunicación política y manejo de crisis en el sector público y privado. Imparte clases de comunicación estratégica y crisis para gobiernos en México y en el extranjero. Ha sido consultor,  vocero en el Ejecutivo Federal y la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Ha ejercido el periodismo.

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