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Una mirada ciudadana de la política exterior mexicana
El poco conocimiento de la ciudadanía sobre la política exterior mexicana se combina con el hecho de que no existe un canal de comunicación, ni formal ni informal, entre los encargados de llevar a cabo esta política y la ciudadanía, o viceversa, en el que los mexicanos pudieran comunicar sus inquietudes en la materia a la cancillería.
Por Blog Invitado
24 de enero, 2019
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Por: Edith Yazmín Montes Incin, Mónica Rodríguez Díaz (@mony_rdiazy Eduardo Luciano Tadeo Hernández (@lalotadeo)

Si antes la política exterior se consideraba un asunto exclusivo del ejecutivo federal o del gobierno central, hoy es claro que otros actores subnacionales y no gubernamentales son muy importantes para su construcción, ejecución y observación. Particularmente en regímenes democráticos, la participación ciudadana en política exterior debe ser parte integral de la agenda pública por diversas razones: 1) porque es una forma de actualizar la diplomacia de un país frente dinámicas transnacionales y globales que van más allá de los territorios soberanos, jurisdicciones e intereses del Estado-Nación, y que tienen al individuo como eje central; 2) porque es posible generar mecanismos de transparencia y rendición de cuentas respecto al uso de los recursos públicos en diplomacia, dirigidos a la sociedad en general y no solo a una élite interesada en asuntos internacionales, y 3) porque la participación ciudadana fortalece el ejercicio de representación democrática, desde el ámbito diplomático, lo cual permite construir una ciudadanía más informada y más activa respecto a los problemas globales. Esta triada de razones debe ser atendida dependiendo del contexto de cada país. 

La preocupación más importante desde las primeras décadas de independencia de México ha sido Estados Unidos. En la actualidad, esa inquietud no cesa: seguridad fronteriza, migrantes mexicanos, acuerdo para el libre comercio, intercambios culturales y académicos, cooperación técnica. La lista de asuntos que abarcan la relación bilateral es interminable, lo cual refleja la complejidad y las escalas de cooperación entre ambos países. En este sentido, la llegada del presidente Donald Trump, quien se ha pronunciado y actuado en contra de los intereses de los mexicanos, ha dejado al gobierno de México frente a la difícil tarea de mostrarse firme frente a los ataques a los nacionales, pero cauteloso para no afectar su relación estratégica más relevante.

Mientras el gobierno de México atiende su relación con Estados Unidos, no puede dejar de lado la realidad que azota la región latinoamericana: Venezuela y su agravante crisis económica y política; el vuelco hacia la derecha conservadora, que pone en jaque los derechos humanos con gobiernos como el de Bolsonaro en Brasil; la migración masiva de centroamericanos hacia el norte. Además, por supuesto, que el gobierno mexicano debe seguir de cerca las consecuencias de fenómenos internacionales como la salida del Reino Unido de la Unión Europea, las crisis migratorias en el mundo o el cambio climático, la violencia. Al final, este es el costo de vivir en un mundo interconectado, en donde los procesos de globalización han profundizado la desigualdad.

Es evidente, entonces, que las preocupaciones no se limitan a asuntos que atienden el interés exclusivo del Estado, hay problemas que son transnacionales y globales. A esto se agregan los nuevos retos que plantean las tecnologías de comunicación basadas en lo digital, pues mientras incentivan comunicaciones más directas y cambian paradigmas sobre el tiempo-espacio, también crean retos para la seguridad y debilidades para el propio Estado y su forma tradicional de hacer diplomacia. Así, frente a este tsunami de preocupaciones en el mundo, el gobierno mexicano no puede actuar solo. Requiere de la participación de sus ciudadanos dentro y fuera del país, no para utilizarlos para sus intereses gubernamentales, por supuesto, sino para buscar en el mundo lo que México necesita de una forma más democrática y transparente.

Reconocemos que en un mundo globalizado la política exterior requiere insertarse en un esquema de transparencia y rendición de cuentas; en este sentido, la rendición de cuentas se convierte en un derecho y una obligación. Respecto al primero, constitucionalmente en el artículo 6o se establece el derecho de los mexicanos al acceso a la información, pero ¿qué sucede en este rubro en materia de política exterior? y ¿qué tipo de información sobre el entorno internacional disponen los mexicanos? Sobre el segundo punto, es obligación de nuestras autoridades rendir cuentas sobre las acciones que ejecutan, especialmente en gobiernos democráticos como el mexicano. En política exterior esto es necesario por dos razones: 1) para conocer cómo se desarrollan las relaciones exteriores de México con el mundo y 2) para someter a escrutinio público cómo se dispone de los recursos presupuestarios destinados a ejercer la política exterior mexicana. Este ejercicio nos permite establecer un canal de información entre la administración pública y la sociedad; sin embargo, este canal debe ser bidireccional y responder de forma eficiente a lo que demanda el panorama internacional cada vez más complejo.

Hoy, una política exterior que excluye a los ciudadanos no puede considerarse democrática. No obstante, para lograr una intercesión ciudadana crítica es necesario incentivar la educación y el conocimiento sobre temas internacionales. En el proyecto de investigación México, las Américas y el Mundo, del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), podemos observar cuál es la actitud de la ciudadanía respecto a los temas de política exterior y relaciones internacionales. Dentro de los principales hallazgos del proyecto destaca que la sociedad mexicana quiere una política exterior que impulse el prestigio del país, apuestan por los instrumentos del soft power, se rechaza el aislacionismo, y muestran crecientes sentimientos orgullo nacionali con apertura al resto del mundo. Por otro lado, observamos que un gran porcentaje de la ciudadanía carece de conocimientos sobre temas, países, organismos y personalidades internacionales, y carecen de interés por los temas de carácter global.

El poco conocimiento de la ciudadanía se combina con el hecho de que no existe un canal de comunicación, ni formal ni informal, entre los encargados de llevar a cabo la política exterior de México y la ciudadanía, o viceversa, en el que los mexicanos pudieran comunicar sus inquietudes en la materia a la cancillería. Establecer estos canales de comunicación llevaría a fortalecer la participación ciudadana en temas de política exterior y poner a estos temas en la agenda pública, además, podría traducirse en un excelente ejercicio democrático.

Reconociendo los retos que enfrenta la política exterior mexicana y su diplomacia, consideramos relevante comenzar un ejercicio de observación ciudadano constante en torno a estos asuntos. Por tal razón, queremos aprovechar este espacio para presentar el Observatorio Ciudadano de Política Exterior (OCPE). El objetivo es posicionar la política exterior en la agenda pública, compartiendo reflexiones con los ciudadanos, de tal suerte que ellos puedan incrementar su conocimiento sobre los asuntos internacionales y participar más activamente en estos temas.

Invitamos a los ciudadanos mexicanos a seguir las siguientes publicaciones y actividades OCPE y a construir juntos una política exterior y una diplomacia más democrática.

 

 * Edith Yazmín Montes Incin es Licenciada en Relaciones Internacionales por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Se ha desempeñado como consultora local del Knowledge Sharing Program entre el Gobierno de México y el de Corea y como profesora adjunta y de asignatura en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Sus temas de interés son la política exterior de México, estudios sobre el Noreste de Asia, asuntos energéticos, cooperación internacional para el desarrollo y organización internacional. Mónica Rodríguez Díaz es Licenciada en Relaciones Internacionales por la UPAEP. Actualmente es asesora de un Comisionado en la Comisión Reguladora de Energía y miembro del Grupo de Jóvenes de COMEXI. Sus temas de interés en materia de investigación son energía, geopolítica, paradiplomacia y política exterior. Eduardo Luciano Tadeo Hernández  es Licenciado en Relaciones Internacionales por la UPAEP. Maestro en Estudios de Asia y África por El Colmex. Co-fundador del Círculo Mexicano de Estudios Coreanos (CMEC) y ex asesor en el Congreso de la Unión. Miembro de The North American Cultural Diplomacy Initiative (nacdi). Actualmente es profesor de relaciones internacionales y estudiante del Doctorado en Comunicación de la Universidad Iberoamericana. Sus intereses de investigación son la diplomacia pública y cultural, política exterior y masculinidades.

 

 

Destaca que la encuesta se realizó entre los años 2012 y 2013.

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