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Construir en colectivo
Por Luis F. Fernández
Es Secretario Nacional de Movimientos en Movimiento Ciudadano. Es cofundador y exDirector Ejecuti... Es Secretario Nacional de Movimientos en Movimiento Ciudadano. Es cofundador y exDirector Ejecutivo de Nosotrxs. Lleva mucho tiempo clavado en entender y mejorar la relación ciudadanía-gobierno: desde la academia en temas de participación ciudadana y gobernanza; desde gobierno en el diseño de políticas públicas participativas, y desde sociedad civil en temas de organización comunitaria. Estudió Ciencia Política, Relaciones Internacionales y una Maestría en Administración y Políticas Públicas en el CIDE. Le va al Cruz Azul, aunque gane. [email protected] (Leer más)
La democracia en riesgo
Las democracias convalecen cuando la pluralidad se ve amenazada y cuando se utiliza a las instituciones públicas para atacar a la oposición -o salvar a los propios-.
Por Luis F. Fernández
19 de noviembre, 2020
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La democracias mueren por gobiernos elegidos con altos porcentajes de votación que utilizan a las mismas instituciones para minar las democracias. Con la mayoría obtenida en el Congreso, modifican leyes o la misma Constitución para adecuarlas a un proyecto personalista -o útil únicamente para el gobierno en turno- y no para resolver problemas públicos complejos. Las democracias convalecen cuando la pluralidad se ve amenazada y cuando se utiliza a las instituciones públicas para atacar a la oposición -o salvar a los propios-. Éste es un argumento de Steven Levitsky y Daniel Ziblatt en su libro Cómo mueren las democracias. Es un libro que discute cómo incluso democracias consolidadas pueden sucumbir ante líderes populistas o autoritarios. Proponen cuatro indicadores claves del comportamiento autoritario:

1) Rechazo (o débil aceptación) de las reglas democráticas del juego. Ir en contra de las reglas del juego que permiten elecciones libres y competidas, que garantizan la alternancia política y la transición pacífica del poder, o rechazar abiertamente el cumplimiento de las leyes o de la misma Constitución son signos inequívocos de un comportamiento autoritario. Ello conlleva a adoptar medidas antidemocráticas como la desaparición de instituciones incómodas para el poder, la restricción de derechos políticos o civiles básicos a adversarios o el uso de atribuciones constitucionales y metaconstitucionales para proteger aliados.

2) Negación de la legitimidad de los adversarios políticos. Siempre son los adversarios los que van en contra de los ideales del proyecto propio; son ellos quienes pasaron por encima de las leyes y del pueblo y nunca nosotros. Hablar del otro es más fácil que del yo. Culpar a otros, en plural, es más fácil que construir el nosotros que resuelve. Una característica común de un comportamiento autoritario es asumir a “los adversarios” como una amenaza existencial e incluso nombrarlos y categorizarlos como la razón del deterioro político, social o económico actual. Los autores agregan que, eventualmente, de culpa a gobiernos o financiadores extranjeros de la disidencia en contra de proyectos propios. Cualquier semejanza con las mañaneras es mera coincidencia. Sigo.

3) Tolerancia o fomento de la violencia. Esta característica, afortunadamente, es la de menor prevalencia, hasta el momento, en el país. El comportamiento autoritario se refleja por medio de alianzas estrechas con grupos militares, con grupos paramilitares o criminales como cárteles o con otras organizaciones violentas. El uso de la violencia contra adversarios políticos refleja uno de los deterioros más profundos de una democracia constitucional. Incluso, en ocasiones se fomenta el uso de la violencia bajo el pretexto de una disidencia incontrolable por las autoridades que puede tener consecuencias tan graves como una guerra civil. Si la autoridades se niegan a condenar dicha violencia o a penalizarla, se está, sin lugar a dudas, frente a un gobierno autoritario. Con el aumento desproporcionado de poder de los militares en México, espero –de corazón- que no lleguemos a un escenario así.

4) Predisposición de restringir las libertades civiles de la oposición, incluidos los medios de comunicación. Uno de los problemas más graves, después de desestimar críticas a un gobierno desde cualquier medio de comunicación u organización, es que el mismo gobierno restringa libertades civiles y use la capacidad de instituciones gubernamentales en contra de medios, revistas (como Nexos o Letras Libres como ejemplo) u organizaciones que considera contrarios a su proyecto. Ello limita la libertad de expresión, el diálogo y el debate público como mecanismos de análisis o de construcción legítima de alternativas políticas.

Tres de estos cuatro indicadores han avanzado en esta administración. Afortunadamente, la tolerancia o el fomento a la violencia aún no están presentes; sin embargo la profundización de la militarización en áreas estratégicas de la administración pública es un foco rojo sobre el que debemos poner atención. La lógica amigo-enemigo de Carl Schmitt es peligrosa porque justifica la lógica de que quien no es amigo es enemigo y, por tanto, hay que desarmarlo, someterlo o reducirlo porque así lo exige la necesidad de la política. En el extremo, el uso de la violencia es un medio para liquidar a ese enemigo.

Eliminar la lógica amigo-enemigo permite dejar de observarnos como adversarios en la política y entender que la fuerza de una democracia consolidada está en la diversidad de ideas y en la pluralidad de voces para la resolución colectiva de problemas comunes.

@luisffernandez

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