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Contrapoder
Por Adrián López Ortiz
Sinaloense, Ingeniero Industrial, maestro en Estudios Humanísticos y director de Noroeste Media ... Sinaloense, Ingeniero Industrial, maestro en Estudios Humanísticos y director de Noroeste Media (noroeste.com.mx). Escribo sobre seguridad, drogas, medios y periodismo. (Leer más)
Los muertos que no vemos
La vocería ante la pandemia ha tenido que ajustar su mensaje continuamente: de seis mil a nueve mil a 35 mil muertos. La verdad es que ya da igual lo que digan: México lidera junto con Brasil e India los muertos de la pandemia a nivel mundial.
Por Adrián López Ortiz
24 de junio, 2020
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El primero de junio pasado, la Secretaría de Salud reportó que en México habían muerto 10,167 personas por COVID-19. Ahora sabemos que la cifra real a esa fecha, usando las fechas de defunción de la base de datos de la Dirección Nacional de Epidemiología al 19 de junio, era de 14,123 personas fallecidas. La diferencia es abrumadora: 3,956 muertes más que las comunicadas ese día.

Desde el principio el gobierno federal fue claro: el objetivo de “aplanar” la curva de la epidemia era que los hospitales no reventaran. Apostar por el confinamiento con la Jornada Nacional de Sana Distancia para ganar tiempo suficiente y poder reconvertir la capacidad hospitalaria y así absorber la alta demanda que se vendría. Eso parece haberse logrado por ahora.

Sin embargo, el famoso “pico” no se ve y la epidemia no cede. Cada lunes México rompe un nuevo récord de ingreso de casos confirmados y la tasa de crecimiento se ha mantenido constante y en el orden del 3 por ciento las últimas semanas. La letalidad, con lo difícil que es usarla como parámetro de comparación, es ya de 11.96%.

Al 19 de junio, México registró 20,394 mil muertos contados pero cabe estimar muchos más. ¿Cuántos? Ese es el problema. No sabemos.

La cifra de decesos es problemática por varias razones: primero, porque existe un subregistro enorme de decesos que ya ocurrieron y que todavía no hemos contado; segundo, porque hay una lista adicional de decesos “sospechosos” que se incrementa cada día y ya representa casi el 10% del total, y tercero porque hay –y habrá– muchos muertos relacionados a COVID-19 que corren por “fuera” de la base de datos y que solo conoceremos una vez que INEGI registre sus actas de defunción y éstas sean abiertas al público.

El “subregistro”

El subregistro de decesos se presenta porque las distintas unidades del sector salud que alimentan la base de datos nacional se tardan en hacerlo. Existe un procedimiento formal para las pruebas que debe tomar 3 días máximo, según el Lineamiento Estandarizado de la SS, pero muy pocos estados del país cumplen con él. La mayor parte de las entidades se retrasan e incumplen. Prácticamente una de cada dos pruebas en el país se atrasa.

Al retraso de las pruebas hay que sumar el tiempo que toma el procedimiento de entrega de cuerpos y registro de las defunciones. Un proceso que puede tomar hasta 15 días.

El subregistro es tal, que como señalaba al principio de este artículo, ha llegado a ser de casi 4 mil muertos y más del 30% de las defunciones totales.

 

Los decesos “sospechosos”

Un paciente sospechoso es aquel que tiene una prueba “pendiente” de resultado, independientemente de estar vivo o muerto. En México las defunciones sospechosas son otro problema que crece. Al viernes 19 de junio se registraban 1,891 defunciones que no han sido diagnosticadas y que ya representan el 9.27 por ciento de las defunciones totales.

Lo que esa acumulación y retraso demuestra es que el sistema de salud mexicano tiene cada vez menos capacidad para procesar y publicar las pruebas en tiempo y forma.

El exceso de mortalidad

Pero sin duda, lo más preocupante son los muertos que ni siquiera contamos. Gracias a un extraordinario trabajo publicado en Nexos: “¿Qué nos dicen las actas de defunción de la CDMX?”, elaborado por Mario Romero y Laurianne Despeghel, ahora sabemos que el “excedente” de muertes en la Ciudad de México fue de 190% en mayo. “Hasta el 31 de mayo de 2020 el exceso de mortalidad en la Ciudad de México se estima en 14,868 decesos, muy por encima de los 3,338 casos confirmados de COVID-19”. Tiene sentido pensar que las muertes adicionales surjan mayoritariamente de la pandemia. Si ese excedente es similar en el resto del país, estamos ante cifras catastróficas.

Sumados los tres factores: subregistro, sospechosos y excedente de mortalidad, estamos ante una realidad preocupante. La vocería ante la pandemia ha tenido que ajustar su mensaje continuamente: de seis mil a nueve mil a 35 mil muertos. La verdad es que ya da igual lo que digan: México lidera junto con Brasil e India los muertos de la pandemia a nivel mundial.

Con la tasa de crecimiento actual llegaremos al 30 de junio en el orden de los 30 mil muertos y la epidemia en curvas expansivas en Jalisco, Nuevo León y el Valle de México.

Faltan todavía muchas muertes. El gobierno federal cedió tácitamente el control del semáforo a los gobernadores y éstos a los empresarios y ciudadanos. El mensaje es “cuídense el que quiera… y pueda”. Porque con más de 12 millones de personas en el desempleo formal e informal, el país no aguanta más tiempo encerrado. Urge moverse, hay que trabajar para comer. Aunque eso nos cueste más contagios y más muertos.

Mientras tanto, el presidente nos confirma que sale de gira, que él liberó a Ovidio, que no sabía que existía el CONAPRED y, lo más importante, que hay unos opositores peligrosísimos que se hacen llamar la BOA.

@AdrianLopezMX

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