Yo en realidad a lo que me dedico, lo que estudié y de lo que he vivido los últimos 35 años de mi vida ha sido el diseño gráfico, la publicidad y la impresión, a eso me dedico. Pero con el COVID, todos mis clientes dejaron de mandarme trabajo. En algún momento alguien me mostró una gorra con careta y me dijo “¿ya viste esto?”. Como el tema de las ventas es algo que siempre me ha apasionado, pensé que está buenísimo y yo siendo impresor lo puedo armar; entonces las empecé a hacer. Claudio mi hijo, fue de los que se quedó sin escuela. Él tiene síndrome de Down y autismo. Le daban clases en línea pero la verdad es que no eran suficientes, y lo veía que estaba desesperado. Al estar los dos solos en la la casa dije, pues que me ayude. Compré todo lo necesario y le enseñé a colocar los broches, entonces en lo que yo hacía una cosa, él me ayudaba con otra. Los dos íbamos a entregar las caretas pero pensé, ¿quién se va a enterar que las hacemos? Yo necesitaba vender más porque el dinero que tenía ahorrado me lo estaba acabando, entre inversión del material y los gastos normales. Entonces hice un imán para pegarlo en el coche y la gente me empezó a llamar para las gorras y caretas. Cuando íbamos a entregar lo que se vendía, me di cuenta que la gente más vulnerable las necesitaba también. Por eso dije, por cada tres que vendamos, yo voy a regalar una. Y la realidad es que al principio, regalábamos más de lo que vendíamos, pero pues, nos daba gusto y la gente comenzó a reaccionar muy bonito cuando se las dabamos. Después, yo creo que los fabricantes de las gorras se dieron cuenta que era un buen negocio y las empezaron a fabricar, pero a precios increíblemente bajos contra los que no había manera de competir. La ventaja que teníamos Claudio y yo es que él me empezaba a decir que si Woody y no sé qué, y en su bajo lenguaje, porque la realidad es que Claudio tiene bajo lenguaje pero como mamá, yo digo que él habla cetáceo y que yo soy una excelente traductora de cetáceo. Entonces se nos ocurrió hacer una más mona, o un modelo que es gorra y visera, que ese nadie lo tenía. Sacamos una versión súper económica y a los niños, les trazaba el personaje que ellos quisieran, lo imprimíamos y se lo pegábamos en la careta. Luego Claudio me decía de los personajes que le gustaban y empezamos a hacerlo. Claudio embolsa o a veces también me ayuda a poner los broches y las etiquetas. Le hice un logotipo y también estoy por abrir su página de Facebook, yo creo que ya no le voy a llamar “Las caretas de Claudio” sino “La Tiendita de Claudio” porque, como mamá de una persona especial, de una persona con discapacidad, sobretodo con discapacidad intelectual, uno de los principales miedos es morirte primero. Entonces pensé que si hago la tiendita, está padre porque puede crecer. Esto fue una oportunidad que nos dio la vida. Siempre he creído que todo pasa por algo y para algo. Yo lo veo así, el COVID nos ha enseñado a ver lo que realmente es necesario en nuestra vida y lo que no es tan necesario. Él está participando y está bien contento, se despierta y me dice “vamos a trabajar”. Por las noches le digo, “como vas a querer que te pague hoy” y generalmente me dice que con uvas, porque ama las uvas. Trabaja tres días a la semana y los jueves se va con su papá y regresa el domingo. Cuando acaba temprano, le pongo una alberquita y ya es como el patrón. Seguimos regalando caretas. Hemos regalando a hospitales también. Todas las personas con algún tipo de discapacidad se las regalamos porque es un tema de Claudio, porque están en el mismo barco, estamos en el mismo barco. A ellos siempre se las regalo y como las quieran. Muchas veces terminamos regalando más pero, hoy en día puedo decir que los gastos están saliendo únicamente de esto y es una maravilla. También, como Claudio no puede comer gluten ni mucho carbohidrato, desarrollé un pan que casualmente funciona para las dietas keto, y ese también se está vendiendo súper bien y de eso estamos viviendo ahora. Yo estoy muy contenta porque Claudio se siente útil, porque está contento. Hoy nuestros productos, antes de embolsarlos, él los sanitiza con alcohol, cerramos la bolsa y entregamos con una etiqueta. También le hice una imagen gráfica. Claudio llega y se ve en el logo, y dice “Yayo, yayo”, y yo le respondo, sí mi amor, esta es tu empresa, y esto es para ti y siempre va a ser para ti; y vas a ver como vamos a crecer.