Acá, en la calle, la maña no perdona su mordida ni por el coronavirus, ni por la pandemia, ni por nada. No entiende de explicaciones, vaya. Lo único que entiende es que quiere su dinerito. Viene el malandro y te dice: ‘mira, pinche bolero, no es mi problema si no tienes clientes, quiero mi lana ahorita. Y no es de que puedas, o de que quieras. Acá la onda es que me lo das. Y si no, ya no te pares más por aquí, o atente a las consecuencias, ¿cómo la ves?’.

Ahora todo está más difícil con eso del coronavirus.

Mucho más difícil.

Antes, en un día normal, aquí en el paseo de la Reforma boleaba al día unos 30 zapatos, más lo que le sacaba a la venta de cigarros sueltos, chicles, y alguna que otra chuchería. Pon tú, me venía sacando unos 500 pesos la jornada. Ahora, en total, con todo y los cigarros, apenas saco unos 150 pesos. Y eso, porque vengo desde muy tempranito, a las ocho de la mañana ya estoy montando mi changarrito, y me voy ya hasta por la noche, también a las ocho.

Pero ni así es rentable esto. Solo el puro traslado de ida y vuelta ya son más de 50 pesos de gasto, porque vivo lejos, allá por Chalco; tengo que agarrar combis, metro y camión. Y luego, añádele la comida, mínimo otros 50 pesos. Ya casi me gasté lo del día. Y si encima vienen y me piden de charolazo otros 100 pesos, pues ya me dirá usted de dónde saco. De qué como. De qué vivo. Cómo cubro los gastos de mi casa. No se puede esto, oiga. Es un abuso.

A ciencia cierta, no sabría decirle de dónde llegan los malandros a pasarnos la charola. Unos nos dicen que son gente de la delegación Cuauhtémoc, pero no enseñan nunca nada. Ningún documento, ningún papel. Nada. Por eso le digo que no sabemos.

Lo que sí sabemos es que unos pasan los miércoles y nos cobran 50 pesos a todos, parejito. Y luego, otros pasan los viernes y nos ensartan oooootros 50 pesotes. Nos cobran dos veces. 50 y 50.

Eso sí, hay algunos que ya nos conocen de más tiempo, y que se tientan el corazón, y hasta descuento nos hacen por el coronavirus. Te dicen: ‘sale pues, sé que está dura la situación. Cáete con la mitad’.

Le digo, hay unos que son buena onda. Pero de que te chispan algo, te chispan. No respetan nada.

Yo, a veces, he llegado a hacerme de palabras con ellos, porque no se vale tanta robadera. Pero, la mera verdad, ya estoy mayor para batallar con los malandros.

Ya estoy muy cansado.