Soy de las primeras personas que liberaron supuestamente por el coronavirus. Pero no es así. Yo había tramitado mi beneficio penitenciario desde hacía un año. El día miércoles, para amanecer jueves, nos mandaron a hablar a 25 del reclusorio Oriente. Resulta que nos dieron nuestra libertad y luego la jefa de Gobierno dijo que nos sacaban por la COVID-19. 

Pero no es cierto. Hace un año que solicité mi remisión parcial, que por cada dos días de trabajo se me quitase uno de cárcel. 

Fui condenado a seis años, llevaba cuatro de trabajo, así que pedí que me quitasen uno. Pero cumplí cinco años y tres meses. Durante todo este tiempo hubo negligencias en los juzgados. Yo puse escritos de protesta, incluso fui a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. 

Me he dedicado al robo de vehículos. Yo era algo especial, ¿sabe? Pero cuando me condenaron a cuatro años me decidí a estudiar y me metí en el programa contra las adicciones. 

El 19 de marzo tenía mi audiencia. Pero la paran el 18, por el coronavirus. Nos dejaron paraditos para pasar la raya. 

Pasó todo este mes y el miércoles nos llaman para la notificación. Nos dicen que hicieron las audiencias a puerta cerrada y hoy tienen su libertad. Así que no es por la COVID-19.

Ahí dentro estaba que ardía. El miércoles 15 había hecho ocho días que sacaron a dos personas sin vida en camillas. Eso no se había visto nunca aquí. Ahí nos quedamos el amigo Tony, el cubano, y yo, paralizados. 

Estas cosas no se ven en este tipo de prisiones. 

Todo empezó cuando llegó un extraditado de Estados Unidos, que venía contagiado. 

Montaron una carpa en el centro, pero no la están usando. 

Llegó Hazael, el subsecretario del sistema penitenciario. Vinieron con un grupo de personas a fumigar. Según ellos estaban sanitizando, pero fumigaban como si fuera para dengue o combatir las chinches. Y eso no sirve. Nos fumigaron como si fuéramos cucarachas. 

Yo ya soy libre. Pero me siento en un compromiso con los amigos y compañeros. Nos hicimos un paro, nos ayudábamos, nos compartíamos una bolsa de papas, una cubeta de rancho. Ahora ellos están expuestos.

Hace poco enfermó Martín, no sé cuál sea su apellido, pero tendrá 55 años. 

Cuando yo estaba lo vi y ya había empezado lo del Covid. Lo saludé, lo abracé, le dije si quería agua. Me dijo que le habían rechazado en hospitales, que no lo querían. 

Han trasladado a los del dormitorio 8, en el que yo estaba. Los pusieron en calzones y los dejaron en pelotas. No les llevaron alimentos ni agua y la gente tuvo que pedir de comer.

No hay medicamentos en el reclusorio oriente, una pastilla de ibuprofeno son diez dólares. No les atienden bien, la comida y el servicio médico son pésimos. 

En el reclusorio Oriente no es como Cuautitlán, son ocho mil presos. Eso es una bomba. 

Ahora en la calle las cosas están difíciles. Mi hermano murió de COVID-19. Te das cuenta exactamente que no nos enfrentamos a un temblor y se cayó un edificio y todos a ayudar. Esto no es un edificio. Esto está en el aire. La única solidaridad es quedarse en casa pero, pues yo estoy en la calle, buscando trabajo, y todos tienen su argumento propio. 

Estoy buscando trabajo. Ahora voy a una de materiales para la construcción. Pero quieren mi constancia de antecedentes no penales. Pero pregunto, ¿para qué si no voy a ser dueño de la empresa?

Me pueden trabar por la edad. Ahorita la que lleva los gastos es mi esposa. Ella es doméstica y la que me está financiando. Trabajaría de lo que fuese, un puesto de café. Pero está todo muy difícil. La gente despidió y no quieren contratar.