Todo ha sido un caos desde hace meses en el hospital. La pandemia de COVID-19 evidenció más las carencias que teníamos de infraestructura y materiales, pero desde que nos enteramos que seríamos un centro de reconversión hacemos lo que podemos con lo que tenemos.

Al principio nos tomó por sorpresa. Nadie sabía que nos designarían como un centro para atender a pacientes covid, hasta el día en que en una conferencia de prensa el titular del IMSS anunció que estábamos en la lista de hospitales que serían reconvertidos.

A partir de entonces fue como si el hospital volviera a construirse: tuvieron que conseguirse puertas para aislar a los pacientes y poco a poco fuimos capacitándonos en nuevos protocolos para atenderlos.

Todo fue muy improvisado y hasta la fecha lo sigue siendo en alguna medida. Hemos tenido que conseguir de a poco los materiales de protección, porque los que nos proporcionan son de mala calidad y se rompen y no hemos podido estandarizar un protocolo de toma de muestras.

Diario, antes de ingresar a la zona COVID-19, respiro profundo. Entre los ocho laboratoristas hacemos bromas y procuramos reír juntos para romper la tensión, y nos pegamos frases motivacionales en la bata, para cuidar a la gente a sobrellevar la situación, porque es difícil.

Los primeros días temblaba de miedo, pero poco a poco he aprendido a hacerme a la idea de que no puedo permitir que el temor me domine, porque tanto la vida del paciente como la mía están en riesgo.

Ahora mi temor es contagiar a mi familia de coronavirus. He tenido que dejar de convivir de cerca con mi mamá, mis hermanas y he dejado de visitar a mi bisabuela, aunque quiero verla, pero no podría con el cargo de conciencia de que enfermara de COVID-19 por mi.

Ni en el hospital ni fuera de estoy sin riesgo de contagiarme. Para llegar al trabajo debo tomar un camión al metro y ahí recorrer 20 estaciones en dos líneas diferentes, entre personas que no utilizan el cubrebocas ni se cubren al toser o estornudar.

Aunque hay días que me da mucha ansiedad y prefiero tomar un taxi privado, aprovechando que tienen promociones para apoyar al personal de salud.

Y es que aunque las primeras semanas se notó la disminución de la cantidad de gente en el transporte, después de las conferencias de Salud donde dicen que vamos bien y ya se aplanó la curva el número de personas en las calles ha ido en aumento, porque piensan que la pandemia es algo de un rato, que se acaba y listo, la vida sigue como siempre, pero no.